Lo irónico del pacto Arnulfista-PRD
Cuando se iniciaron las discusiones sobre el uso del Fondo Fiduciario hace varios meses, el partido Solidaridad y la Bancada Popular, al presentarle sus puntos de vista al Gobierno Nacional, a través de sus principales representantes, se insistió y de manera muy vehemente lo siguió reiterando la señora Teresita de Arias, la conveniencia de que el acuerdo al que se llegara tuviera el consenso de todos los grupos políticos, en especial en este caso del PRD. Unos legisladores del arnulfismo, por diversas razones, algunas de ellas orientadas a logros de beneficios personales, le quitaron súbitamente su respaldo al informe de mayoría sepultándolo con su actitud.
El PRD ante la nueva situación y en contubernio con esos legisladores arnulfistas, que se separaron de la línea política de su partido, presentó un proyecto, a última hora, que contradecía su postura original en la que específicamente se oponían a la utilización del capital del fondo. Esto era, decían hasta ayer, sagrado e invariable. No se puede con sofismas hacerle creer ahora a la ciudadanía que lo que se está haciendo en el arreglo Arnulfistas-PRD es un adelanto de dividendos y esto no conlleva la disminución del capital del fondo. ¿Cómo se puede repartir, nos preguntamos, algo que no se ha ganado? Y si el 8 1/2% de las utilidades que ellos pretenden que el capital del fondo produzca no se da, ¿cómo contabilizarían esta operación? Además, si el capital del fondo se le disminuye el adelanto de 200 millones, esta suma tendría que ser reemplazada con un incremento del 81/2%, ¿a cuánto al 10, al 11%.
Es realmente increíble e irónico que quienes promovían un debate más abierto con la participación en el mismo del PRD se les excluya hoy de las discusiones. A representantes de la Bancada Popular y de Solidaridad se les dijo en la Presidencia de la República que el acuerdo entre el PRD y los arnulfistas no sería objeto de cambio alguno, ni una coma. Al buen entendedor: no nos interesa ahora sus opiniones, ni sus votos, porque los tenemos. Es lamentable el egoísmo político demostrado por el gobierno, pues tanto Solidaridad como la Bancada Popular lo que pretendían era enriquecer, con algunos cambios que son necesarios introducirle para mejorar el proyecto en cuestión. Fue una posición de extrema pequeñez al excluir no sólo a los partidos Solidaridad y Bancada Popular, sino a economistas que habían estudiado a fondo el proyecto, a asesores del mismo gobierno, a la comisión de Hacienda de la Asamblea Nacional y a otros grupos de organizaciones profesionales, laborales, etc. El raciocinio fue sencillo: los votos son los que cuentan, los tenemos y punto. Si hubiera el deseo de perfeccionar el proyecto de la utilización del Fondo Fiduciario, pienso que el aporte de Solidaridad y la Bancada Popular corregirían algunos aspectos negativos del mismo, entre ellos la posibilidad de que desmejore la calificación de riesgo que hoy tiene nuestro país, que encarecería todo nuevo financiamiento que se requiera en el futuro. Habría, a través de una Junta Directiva y no de una Junta Consultiva, un mayor control de la inversión y del gasto. Se concentra hoy la decisión de inversión, etc. En el Banco Nacional, que por supuesto no cuenta con la participación en su dirección de los diversos grupos que conforman nuestra sociedad. En fin hay otros argumentos que podrían esgrimirse y que debían darse en el primer debate para darle al proyecto un respaldo consensuado que hoy no tiene.
En este caso del proyecto PRD-Arnulfismo, si este no sufre modificaciones, no ganará nadie. El país pierde mucho; la señora Presidenta, al avalar el arreglo, ha perdido liderazgo; Martín Torrijos pierde también al demostrar no tener firmeza en sus convicciones y someterse a la voluntad de un grupo de legisladores. Ojalá me equivoque y el plan PRD-Arnulfistas, sin modificaciones, nos dé todos los beneficios que ellos dicen le traerá al país. Esperemos, con paciencia, a ver quién tiene la razón.
Estamos, pues, frente a un panorama político completamente nuevo. Los arnulfistas y el PRD cogobernando, aunque pretendan negarlo. A ellos, a esos dos grupos, son quienes tienen de aquí en adelante la responsabilidad de la marcha del gobierno.
Qué bonito y beneficioso para el país hubiera sido el que este tema de gran trascendencia fuera tratado con amplitud y sin mezquindad, ni cálculo político; demostraríamos madurez política y unidad en las cosas trascendentales de la nación. Se perdió, lo digo con pena, una excelente y tal vez única oportunidad.
Además de la preocupación lógica que me produce el pacto PRD-Arnulfista, que posiblemente puede tener beneficios políticos para esos partidos, pero no así, en mi concepto, para el país, me duele que Solidaridad, partido al que contribuí a fundar, continúe demostrando inconsistencia en sus actos. En consecuencia, he decidido con gran desilusión desvincularme de toda decisión que el partido tome, mientras mantenga su ambivalencia y falta de determinación.
El PRD ante la nueva situación y en contubernio con esos legisladores arnulfistas, que se separaron de la línea política de su partido, presentó un proyecto, a última hora, que contradecía su postura original en la que específicamente se oponían a la utilización del capital del fondo. Esto era, decían hasta ayer, sagrado e invariable. No se puede con sofismas hacerle creer ahora a la ciudadanía que lo que se está haciendo en el arreglo Arnulfistas-PRD es un adelanto de dividendos y esto no conlleva la disminución del capital del fondo. ¿Cómo se puede repartir, nos preguntamos, algo que no se ha ganado? Y si el 8 1/2% de las utilidades que ellos pretenden que el capital del fondo produzca no se da, ¿cómo contabilizarían esta operación? Además, si el capital del fondo se le disminuye el adelanto de 200 millones, esta suma tendría que ser reemplazada con un incremento del 81/2%, ¿a cuánto al 10, al 11%.
Es realmente increíble e irónico que quienes promovían un debate más abierto con la participación en el mismo del PRD se les excluya hoy de las discusiones. A representantes de la Bancada Popular y de Solidaridad se les dijo en la Presidencia de la República que el acuerdo entre el PRD y los arnulfistas no sería objeto de cambio alguno, ni una coma. Al buen entendedor: no nos interesa ahora sus opiniones, ni sus votos, porque los tenemos. Es lamentable el egoísmo político demostrado por el gobierno, pues tanto Solidaridad como la Bancada Popular lo que pretendían era enriquecer, con algunos cambios que son necesarios introducirle para mejorar el proyecto en cuestión. Fue una posición de extrema pequeñez al excluir no sólo a los partidos Solidaridad y Bancada Popular, sino a economistas que habían estudiado a fondo el proyecto, a asesores del mismo gobierno, a la comisión de Hacienda de la Asamblea Nacional y a otros grupos de organizaciones profesionales, laborales, etc. El raciocinio fue sencillo: los votos son los que cuentan, los tenemos y punto. Si hubiera el deseo de perfeccionar el proyecto de la utilización del Fondo Fiduciario, pienso que el aporte de Solidaridad y la Bancada Popular corregirían algunos aspectos negativos del mismo, entre ellos la posibilidad de que desmejore la calificación de riesgo que hoy tiene nuestro país, que encarecería todo nuevo financiamiento que se requiera en el futuro. Habría, a través de una Junta Directiva y no de una Junta Consultiva, un mayor control de la inversión y del gasto. Se concentra hoy la decisión de inversión, etc. En el Banco Nacional, que por supuesto no cuenta con la participación en su dirección de los diversos grupos que conforman nuestra sociedad. En fin hay otros argumentos que podrían esgrimirse y que debían darse en el primer debate para darle al proyecto un respaldo consensuado que hoy no tiene.
En este caso del proyecto PRD-Arnulfismo, si este no sufre modificaciones, no ganará nadie. El país pierde mucho; la señora Presidenta, al avalar el arreglo, ha perdido liderazgo; Martín Torrijos pierde también al demostrar no tener firmeza en sus convicciones y someterse a la voluntad de un grupo de legisladores. Ojalá me equivoque y el plan PRD-Arnulfistas, sin modificaciones, nos dé todos los beneficios que ellos dicen le traerá al país. Esperemos, con paciencia, a ver quién tiene la razón.
Estamos, pues, frente a un panorama político completamente nuevo. Los arnulfistas y el PRD cogobernando, aunque pretendan negarlo. A ellos, a esos dos grupos, son quienes tienen de aquí en adelante la responsabilidad de la marcha del gobierno.
Qué bonito y beneficioso para el país hubiera sido el que este tema de gran trascendencia fuera tratado con amplitud y sin mezquindad, ni cálculo político; demostraríamos madurez política y unidad en las cosas trascendentales de la nación. Se perdió, lo digo con pena, una excelente y tal vez única oportunidad.
Además de la preocupación lógica que me produce el pacto PRD-Arnulfista, que posiblemente puede tener beneficios políticos para esos partidos, pero no así, en mi concepto, para el país, me duele que Solidaridad, partido al que contribuí a fundar, continúe demostrando inconsistencia en sus actos. En consecuencia, he decidido con gran desilusión desvincularme de toda decisión que el partido tome, mientras mantenga su ambivalencia y falta de determinación.