Lo prometido es deuda
Los representantes de todos los partidos políticos, la sociedad civil organizada y el gobierno suscribieron en mayo de 1998, el compromiso de concretizar y realizar la Visión Nacional 2020. Esta visión significa la conjunción del país que queremos y del país que podemos construir, colocando como meta los primeros veinte años del próximo siglo. El asunto es cómo logramos que se cumpla. Para ello se está elaborando un visionómetro o sea un instrumento a través del cual la sociedad panameña pueda monitorear el cumplimiento o no de la Visión 2020.
Es importante conocer los programas de gobierno de las tres alianzas electorales para advertir si se encuentran en la dirección del cumplimiento de la Visión, no importa si se gane o se pierda. Esto quiere decir que si los programas de gobierno de las alianzas asumen por ejemplo el compromiso con la reducción de la pobreza extrema, no sólo sería un compromiso del que obtenga el triunfo en las urnas sino de los que pasen a ser oposición convirtiendo el tema en una propuesta de Estado, lejos de los intereses mezquinos y en pro del bienestar nacional de toda la ciudadanía.
En la actualidad se están estructurando varios pactos que constituyen en el fondo, el accionar de un sector de la sociedad que levanta sus justas aspiraciones y de forma responsable invita a las alianzas representadas en sus candidatos a converger con ese planteamiento, y comprometerse frente al país por su cumplimiento. Así, en este momento el movimiento social de mujeres prepara una reedición del compromiso Mujer y Desarrollo firmado en 1994 ; el Consejo Nacional de la Juventud prepara un pacto por la juventud; las municipalidades con el apoyo de varias entidades organiza y lo que va a ser el pacto por la descentralización y el fortalecimiento del desarrollo local; y la Asamblea de la Sociedad Civil prepara un compromiso nacional por la participación ciudadana.
¿Cumplirán lo políticos sus promesas? ¿Honrarán a la palabra empeñada? Los ciudadanos parecen no estar muy convencidos de que sea así y lo demuestran en las últimas encuestas al plantear más de la mitad de las personas, no confían en la promesa de no privatizar el agua esgrimida por los tres candidatos presidenciales.
¿Cómo lograr que cumplan si no existe un mecanismo coercitivo para lograrlo, sino más bien lo que existe es un compromiso ético?
En verdad la forma más importante para lograr el cumplimiento de los programas de gobierno que nos acerque a la Visión Nacional 2020, radica en desarrollar la potencialidad y capacidad ciudadana para acompañar el proceso de construcción de la Visión 2020, a través de la educación, concientización y organización de la gente. Tener instrumentos de monitoreo adecuados, que permitan ejercer control ciudadano democrático permanente. Hacer uso de los mecanismos que la ley otorga, como es el caso del derecho a iniciativa y referéndum que consagra la Constitución en relación al régimen municipal y abrir los cauces a otras formas de participación democrática tan necesaria en el país.
Finalmente de no cumplirse nos debe llevar a un cívico ajuste de cuentas, a través del cual no debemos desperdiciar nuestros votos por candidatos y partidos que no cumplen lo que prometen, y también a mecanismos de derogatoria de mandato a todos los niveles que nos permitan salir de políticos electos que engañaron a los electores descaradamente. Esto lleva a una concepción de partido diferente, pues no solo debe activarse para el torneo electoral, sino desarrollar la capacidad de dedicarse todos los días del año a establecer vínculos con la sociedad civil, a formular propuestas necesarias y preparar los programas de gobierno y candidatos a nivel local, regional y nacional dispuestos a presentarlos al escrutinio popular e impulsarlos.
Es importante conocer los programas de gobierno de las tres alianzas electorales para advertir si se encuentran en la dirección del cumplimiento de la Visión, no importa si se gane o se pierda. Esto quiere decir que si los programas de gobierno de las alianzas asumen por ejemplo el compromiso con la reducción de la pobreza extrema, no sólo sería un compromiso del que obtenga el triunfo en las urnas sino de los que pasen a ser oposición convirtiendo el tema en una propuesta de Estado, lejos de los intereses mezquinos y en pro del bienestar nacional de toda la ciudadanía.
En la actualidad se están estructurando varios pactos que constituyen en el fondo, el accionar de un sector de la sociedad que levanta sus justas aspiraciones y de forma responsable invita a las alianzas representadas en sus candidatos a converger con ese planteamiento, y comprometerse frente al país por su cumplimiento. Así, en este momento el movimiento social de mujeres prepara una reedición del compromiso Mujer y Desarrollo firmado en 1994 ; el Consejo Nacional de la Juventud prepara un pacto por la juventud; las municipalidades con el apoyo de varias entidades organiza y lo que va a ser el pacto por la descentralización y el fortalecimiento del desarrollo local; y la Asamblea de la Sociedad Civil prepara un compromiso nacional por la participación ciudadana.
¿Cumplirán lo políticos sus promesas? ¿Honrarán a la palabra empeñada? Los ciudadanos parecen no estar muy convencidos de que sea así y lo demuestran en las últimas encuestas al plantear más de la mitad de las personas, no confían en la promesa de no privatizar el agua esgrimida por los tres candidatos presidenciales.
¿Cómo lograr que cumplan si no existe un mecanismo coercitivo para lograrlo, sino más bien lo que existe es un compromiso ético?
En verdad la forma más importante para lograr el cumplimiento de los programas de gobierno que nos acerque a la Visión Nacional 2020, radica en desarrollar la potencialidad y capacidad ciudadana para acompañar el proceso de construcción de la Visión 2020, a través de la educación, concientización y organización de la gente. Tener instrumentos de monitoreo adecuados, que permitan ejercer control ciudadano democrático permanente. Hacer uso de los mecanismos que la ley otorga, como es el caso del derecho a iniciativa y referéndum que consagra la Constitución en relación al régimen municipal y abrir los cauces a otras formas de participación democrática tan necesaria en el país.
Finalmente de no cumplirse nos debe llevar a un cívico ajuste de cuentas, a través del cual no debemos desperdiciar nuestros votos por candidatos y partidos que no cumplen lo que prometen, y también a mecanismos de derogatoria de mandato a todos los niveles que nos permitan salir de políticos electos que engañaron a los electores descaradamente. Esto lleva a una concepción de partido diferente, pues no solo debe activarse para el torneo electoral, sino desarrollar la capacidad de dedicarse todos los días del año a establecer vínculos con la sociedad civil, a formular propuestas necesarias y preparar los programas de gobierno y candidatos a nivel local, regional y nacional dispuestos a presentarlos al escrutinio popular e impulsarlos.