Lo público y privado del sexo (II)
En la homosexualidad femenil -cuyos primeros pasos suele aparecer en la adolescencia- se debe más a la naturaleza femenina que al lesbianismo en sí. El aprendizaje social será el encargado de ir moldeando hacia una u otra dirección. Es en la pubertad cuando se definirá su inclinación hacia la homo o heterosexualidad. La homosexualidad afecta menos a las mujeres que a los hombres. Las mujeres se casan más que los hombres y muestran preferencia por un cónyuge de tipo pasivo y poco agresivo. Además, los hombres están dispuestos a pagar por tener relaciones sexuales, mientras que la mujer no. En los hombres la atracción física es más dominante, para la lesbiana la elección de pareja se basa en factores de carácter afectivo o romántico.
Muchos se preguntan si el hombre o mujer homosexual nace o se hace. Los homosexuales con hijos suelen tener miedo de que el niño siga el modelo de sexualidad del padre o la madre y adopte un estilo de vida como éste. Sin embargo, las investigaciones indican que esto no sucede así, y que tanto el desarrollo del niño como su identificación de género es independiente de la orientación sexual de los padres.
Ni la herencia, ni los factores hormonales proporcionan una explicación en cuanto a esto. Lo que sí es importante señalar es que una de las razones admisibles es cuando el niño o la niña han sido abusados o maltratados sexualmente. Por tanto, los factores de aprendizaje, las experiencias traumáticas y los reforzamientos emocionales contribuyen en esta conducta sexual.
Pese a lo anterior, no es aceptable encontrar patología psiquiátrica entre los homosexuales. La personalidad del homosexual se ve afectada cuando se vive en una atmósfera de rechazo general que los lleva hacia la depresión. Nada en su forma de ser los distingue de los heterosexuales. Salvo que en algunos pueda existir componentes que los afecten: el rol genérico, identidad de género, orientación erótica, patrones establecidos de excitabilidad sexual. Son sujetos demandantes, y manipuladores con maneras femeninas que incluyen movimientos del cuerpo, gestos, voz y aspecto grotesco.
Aunque la sociedad actual es más tolerante con la homosexualidad, la discreción se impone como regla a seguir. Muchos homosexuales son profesionales de alto nivel y disimulan por la condición social en que vive; pero no en su pequeño e íntimo mundo.
Un estudio identificó a seis tipos de vida homosexual. Por ejemplo, los homosexuales en pareja cerrada son los que mejor aceptan su identidad. Los de pareja abierta viven una relación en la que no están satisfechos y buscan frecuentemente otras relaciones. La promiscuidad es probable en estos casos. Los funcionales son los que no están emparejados, y se consideran con un alto atractivo sexual, narcisista y con problemas sociales. Los disfuncionales con múltiples problemas emocionales y acuden habitualmente en busca de ayuda psicológica. Los asexuales con poco interés por el sexo y escasa actividad, son muy reservados y su patrón de vida es la soledad. Los homosexuales casados con miembros del sexo opuesto presentan un mayor índice de culpa, vergüenza o ansiedad. Su homosexualidad los llega a atormentar tanto que acaba con conflictos psicológicos serios. Muchos han pasado de sentirse estigmatizados por la sociedad al considerarse un grupo de élite dotado de una creatividad y sensibilidad mayores que las del resto de las personas.
Por otro lado, hay quienes se plantean si es posible “curar” a los homosexuales. Esta consideración es relativa, ya que no estamos ante ninguna enfermedad definida. Prefiero usar el término “cambiar”. De momento las técnicas psicológicas utilizadas han tenido resultados muy distintos, siendo las de mejor pronóstico las intentadas con jóvenes muy motivados, aunque a las finales el cambio resulta decepcionante. De hecho, ante un homosexual que desea el cambio se puede optar por cuatro tipos de terapia:
Hacerle sentir aversión por su situación es un error grave. Es más saludable aumentar el interés y mejorar las relaciones heterosexuales del paciente, evitando un desgarre emocional a la larga.
El conocimiento por parte de los padres acerca de la homosexualidad del hijo o la hija suele proceder de fuentes exteriores y raramente se habla de ello.
Muchas veces la reacción de los padres es de aceptación y comprensión; aunque hay quienes se reparten entre la cólera y la rabia hasta propinarle un severo puñetazo o gaznatada al sujeto. Para muchos este golpe de suerte ha sido la “cura”, objetivo primordial para el progenitor y práctica muy usada en épocas pasadas y en algunos casos con buenos resultados.
Opino que existen desigualdades escandalosas que afectan a millones de hombres y mujeres. La igualdad de la dignidad de las personas exige que se llegue a una situación de vida más humana y más justa. La homosexualidad en hombres y mujeres sufre los efectos de esa desigualdad. Situación que necesita atención. Sólo un esfuerzo solidario puede acabar con esa realidad que se vive hoy día.
Ciertamente hay diferencias entre los hombres y mujeres en lo que se refiere a la edad, a las capacidades físicas, psicológicas y sexuales, a las aptitudes intelectuales y morales.
Aquí hablamos del hombre y de la mujer, no de objetos o de animales irracionales. Unicamente se necesita ser solidarios para vencer los difíciles problemas que aquejan a la humanidad y que sólo requiere del amor, el único que cura, protege y nos acepta tal cual somos.
NOTA: Los datos son extraídos de distintas investigaciones y de la consulta con mis pacientes homosexuales. La primera parte de este artículo se publicó el lunes 25 de agosto de 2003.
(gemiliani@cwpanama.net)
Muchos se preguntan si el hombre o mujer homosexual nace o se hace. Los homosexuales con hijos suelen tener miedo de que el niño siga el modelo de sexualidad del padre o la madre y adopte un estilo de vida como éste. Sin embargo, las investigaciones indican que esto no sucede así, y que tanto el desarrollo del niño como su identificación de género es independiente de la orientación sexual de los padres.
Ni la herencia, ni los factores hormonales proporcionan una explicación en cuanto a esto. Lo que sí es importante señalar es que una de las razones admisibles es cuando el niño o la niña han sido abusados o maltratados sexualmente. Por tanto, los factores de aprendizaje, las experiencias traumáticas y los reforzamientos emocionales contribuyen en esta conducta sexual.
Pese a lo anterior, no es aceptable encontrar patología psiquiátrica entre los homosexuales. La personalidad del homosexual se ve afectada cuando se vive en una atmósfera de rechazo general que los lleva hacia la depresión. Nada en su forma de ser los distingue de los heterosexuales. Salvo que en algunos pueda existir componentes que los afecten: el rol genérico, identidad de género, orientación erótica, patrones establecidos de excitabilidad sexual. Son sujetos demandantes, y manipuladores con maneras femeninas que incluyen movimientos del cuerpo, gestos, voz y aspecto grotesco.
Aunque la sociedad actual es más tolerante con la homosexualidad, la discreción se impone como regla a seguir. Muchos homosexuales son profesionales de alto nivel y disimulan por la condición social en que vive; pero no en su pequeño e íntimo mundo.
Un estudio identificó a seis tipos de vida homosexual. Por ejemplo, los homosexuales en pareja cerrada son los que mejor aceptan su identidad. Los de pareja abierta viven una relación en la que no están satisfechos y buscan frecuentemente otras relaciones. La promiscuidad es probable en estos casos. Los funcionales son los que no están emparejados, y se consideran con un alto atractivo sexual, narcisista y con problemas sociales. Los disfuncionales con múltiples problemas emocionales y acuden habitualmente en busca de ayuda psicológica. Los asexuales con poco interés por el sexo y escasa actividad, son muy reservados y su patrón de vida es la soledad. Los homosexuales casados con miembros del sexo opuesto presentan un mayor índice de culpa, vergüenza o ansiedad. Su homosexualidad los llega a atormentar tanto que acaba con conflictos psicológicos serios. Muchos han pasado de sentirse estigmatizados por la sociedad al considerarse un grupo de élite dotado de una creatividad y sensibilidad mayores que las del resto de las personas.
Por otro lado, hay quienes se plantean si es posible “curar” a los homosexuales. Esta consideración es relativa, ya que no estamos ante ninguna enfermedad definida. Prefiero usar el término “cambiar”. De momento las técnicas psicológicas utilizadas han tenido resultados muy distintos, siendo las de mejor pronóstico las intentadas con jóvenes muy motivados, aunque a las finales el cambio resulta decepcionante. De hecho, ante un homosexual que desea el cambio se puede optar por cuatro tipos de terapia:
Reducir o eliminar la tendencia homosexual y crear o aumentar la heterosexual
Reducir o eliminar la tendencia homosexual sin alterar sus deseos heterosexuales
Aumentar el deseo heterosexual sin modificar el homosexual
Mejorar la adaptación del sujeto a su situación homosexual
Hacerle sentir aversión por su situación es un error grave. Es más saludable aumentar el interés y mejorar las relaciones heterosexuales del paciente, evitando un desgarre emocional a la larga.
El conocimiento por parte de los padres acerca de la homosexualidad del hijo o la hija suele proceder de fuentes exteriores y raramente se habla de ello.
Muchas veces la reacción de los padres es de aceptación y comprensión; aunque hay quienes se reparten entre la cólera y la rabia hasta propinarle un severo puñetazo o gaznatada al sujeto. Para muchos este golpe de suerte ha sido la “cura”, objetivo primordial para el progenitor y práctica muy usada en épocas pasadas y en algunos casos con buenos resultados.
Opino que existen desigualdades escandalosas que afectan a millones de hombres y mujeres. La igualdad de la dignidad de las personas exige que se llegue a una situación de vida más humana y más justa. La homosexualidad en hombres y mujeres sufre los efectos de esa desigualdad. Situación que necesita atención. Sólo un esfuerzo solidario puede acabar con esa realidad que se vive hoy día.
Ciertamente hay diferencias entre los hombres y mujeres en lo que se refiere a la edad, a las capacidades físicas, psicológicas y sexuales, a las aptitudes intelectuales y morales.
Aquí hablamos del hombre y de la mujer, no de objetos o de animales irracionales. Unicamente se necesita ser solidarios para vencer los difíciles problemas que aquejan a la humanidad y que sólo requiere del amor, el único que cura, protege y nos acepta tal cual somos.
NOTA: Los datos son extraídos de distintas investigaciones y de la consulta con mis pacientes homosexuales. La primera parte de este artículo se publicó el lunes 25 de agosto de 2003.
(gemiliani@cwpanama.net)