Lo que está en juego
Que el arroz constituye un artículo de primera necesidad, cuya presencia en la dieta de los panameños es fundamental, no lo discute nadie. A nivel nacional aporta el 39.3% de la energía calórica de la población, en las áreas rurales no indígenas el 43.3% y en las indígenas el 40%.
Según los niveles de ingresos, los extremadamente pobres reciben del arroz el 48.7% de las calorías diarias, los pobres el 45.4% y los no pobres el 35.8%. Además, los más pobres gastan en este alimento el doble que los no pobres.
El arroz es un cereal que pierde la mayoría de sus nutrientes al ser procesado y no aporta micronutrientes esenciales a la dieta, en un país donde la anemia es un problema gravísimo que aqueja al 36% de los niños en edad escolar, al 40% de las embarazadas y al 36% de las mujeres en edad férti. En la comarca Ngöbe Buglé más del 60% de los niños están anémicos
Ligada a la anemia está la vulnerabilidad a las infecciones, sobre todo, las respiratorias agudas que provocaron la muerte de diecisiete niños en Ñurum.
La deficiencia de ácido fólico durante el embarazo produce severas lesiones en el desarrollo del tubo neural del feto, problemas neurológicos congénitos irreversibles como la espina bífida y el retardo mental.
El consumo masivo de arroz lo convierte en un instrumento ideal, eficaz y barato de proveer a toda la población de micronutrientes esenciales, tal como se hace en Costa Rica desde hace varios años. La tecnología existente permite la fortificación con ácido fólico, zinc, tiamina, niacina y vitamina B12 a un costo de menos de un centavo por cada veinte libras,
La estrategia de fortificar alimentos para terminar con las deficiencias de determinados micronutrientes no es nueva entre nosotros. La desaparición del bocio es el resultado de la yodación de la sal, que no se produjo sin la resistencia de los salineros, y la fortificación de la harina de trigo con vitamina B requirió en su momento enfrentar a las empresas involucradas.
Este es el momento de atender el incremento desproporcionado del precio de un alimento esencial, pero también de garantizar que el mismo tenga la calidad necesaria para eliminar un problema de salud pública, que de no atenderse tendrá graves repercusiones en el desarrollo físico e intelectual de la población infantil. De ahí que lo que está en juego es el derecho a comer y a comer bien, que debe ser garantizado por el Estado frente al afán de lucro desmedido y la avaricia de unos pocos.
Según los niveles de ingresos, los extremadamente pobres reciben del arroz el 48.7% de las calorías diarias, los pobres el 45.4% y los no pobres el 35.8%. Además, los más pobres gastan en este alimento el doble que los no pobres.
El arroz es un cereal que pierde la mayoría de sus nutrientes al ser procesado y no aporta micronutrientes esenciales a la dieta, en un país donde la anemia es un problema gravísimo que aqueja al 36% de los niños en edad escolar, al 40% de las embarazadas y al 36% de las mujeres en edad férti. En la comarca Ngöbe Buglé más del 60% de los niños están anémicos
Ligada a la anemia está la vulnerabilidad a las infecciones, sobre todo, las respiratorias agudas que provocaron la muerte de diecisiete niños en Ñurum.
La deficiencia de ácido fólico durante el embarazo produce severas lesiones en el desarrollo del tubo neural del feto, problemas neurológicos congénitos irreversibles como la espina bífida y el retardo mental.
El consumo masivo de arroz lo convierte en un instrumento ideal, eficaz y barato de proveer a toda la población de micronutrientes esenciales, tal como se hace en Costa Rica desde hace varios años. La tecnología existente permite la fortificación con ácido fólico, zinc, tiamina, niacina y vitamina B12 a un costo de menos de un centavo por cada veinte libras,
La estrategia de fortificar alimentos para terminar con las deficiencias de determinados micronutrientes no es nueva entre nosotros. La desaparición del bocio es el resultado de la yodación de la sal, que no se produjo sin la resistencia de los salineros, y la fortificación de la harina de trigo con vitamina B requirió en su momento enfrentar a las empresas involucradas.
Este es el momento de atender el incremento desproporcionado del precio de un alimento esencial, pero también de garantizar que el mismo tenga la calidad necesaria para eliminar un problema de salud pública, que de no atenderse tendrá graves repercusiones en el desarrollo físico e intelectual de la población infantil. De ahí que lo que está en juego es el derecho a comer y a comer bien, que debe ser garantizado por el Estado frente al afán de lucro desmedido y la avaricia de unos pocos.