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Lo que faltó en el discurso


No esperábamos más de nuestro presidente, que un discurso sobrio, sin las ridículas grandilocuencias de antaño, de mandatarios de pequeños países, haciendo el papel de napoleones. Eso se deja a los líderes de las grandes potencias. Por eso, alabamos la intervención de Martín Torrijos ante la Asamblea General de las Naciones Unidas el viernes último.
Hubo tiempos, no obstante, que pese a nuestra relativa insignificancia, provocábamos cierta general expectativa y hasta inquietud, incluso en el seno de potencias mayores. Lo fue cuando un 9 de enero de 1964, un grupo de estudiantes institutores fue emboscado y agredido por civiles zoneítas en momentos que se aprestaban a izar el pabellón patrio en la escuela secundaria de Balboa. Lo que siguió fue la barbarie. Fuimos el centro de atención mundial; y los aburridos salones de la OEA y la ONU se estremecieron por los acontecimientos. Todavía recordamos los vibrantes discursos de Aquilino Boyd y Mike Moreno.
Otra ocasión semejante tuvo lugar durante la obstinada campaña internacional desatada por Omar Torrijos para forzar a Estados Unidos a ser más flexible en la negociación con Panamá para la firma de unos nuevos tratados del Canal. Prácticamente no quedó rincón sobre la tierra donde Torrijos y los suyos no hicieran retumbar con el mensaje digno de una pequeña e indefensa nación clamando por la reivindicación total de su soberanía.
Hoy los tiempos heroicos se han ido y los grandes caudillos desaparecieron.
El final de la guerra fría marca el paso de un nuevo concierto unipolar. No hay lugar para discursos impresionantes, al menos para los pequeños, como nosotros. Pero al menos podemos hablar de lo que a todos importa.
Se perdió, a nuestro juicio, por segunda vez durante el presente gobierno, la oportunidad de hablar del Canal, seguros de que con sólo mencionarlo, los aburridos asistentes levantarían la vista y agudizarían su escucha. Debimos decir que la vía interoceánica que sirve al mundo nunca fue más segura ni fue mejor manejada que en manos panameñas; y que el universo de naciones puede estar tranquilo, con la plena certeza de que, en este nuevo siglo, el Canal será ampliado y mejorado; y seguirá siendo la mejor y más económica alternativa para el tránsito de un océano a otro.

101 años de Panamá América

 
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