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Lo que no dijeron Negroponte y Casey


Con estupor leí el artículo especial para el Panamá América escrito por John D. Negroponte, el embajador de Washington en Iraq, quien fue nombrado el 17 de febrero director nacional de inteligencia de Estados Unidos, y el comandante de las fuerzas multinacionales en Iraq, George W. Casey. En el artículo, "Dejando atrás el miedo", publicado el 15 de febrero, dichos caballeros hablaron bellezas de las recientes elecciones en Iraq.
No se entiende por qué Negroponte se haya dirigido a los panameños sobre el tema de Iraq, cuando allí el gobierno de Washington hizo lo mismo que con Panamá, apadrinar un gobierno autoritario para después invadir la nación cuando el dictador protegido no les convenía. Además, uno queda atónito ante el hecho de que el embajador Negroponte escribiera que "El pueblo iraquí ahora ha mirado el terrorismo a la cara y lo ha desafiado, dejando atrás el miedo", cuando bajo los auspicios de Negroponte el pueblo hondureño sufrió en carne viva el terrorismo y fue acosado por el miedo.
El mismo Negroponte que ahora aclama el valor cívico del pueblo iraquí, fue acusado ante el Senado de Estados Unidos de violar los derechos humanos en Honduras en los cinco años que fungió como embajador de Washington en Honduras (1981-85). Bajo la égida de Negroponte, el apoyo de Estados Unidos a los contras en Nicaragua incluyó el establecimiento de escuadrones de la muerte militares y paramilitares, el batallón 316 y los Cobras, quienes raptaron, torturaron y asesinaron a supuestos subversivos. No obstante, Negroponte negó tener conocimiento de ello. Ojalá que el flamante director de inteligencia de Estados Unidos no desempeñe su nuevo puesto con la misma ceguera.
Aunque el pueblo iraquí merece felicitaciones por su gran valentía, lo que no dijeron Negroponte y Casey es que el resultado las elecciones metió a la administración de Bush en un callejón sin salida. Es decir, al mismo tiempo que el vicepresidente Dick Cheney inició la presente campaña contra el gobierno de Irán, inclusive mencionando la posibilidad de un ataque por parte de Israel a su enemigo mortal, los iraquíes habían resuelto elegir un gobierno que se perfila como fuertemente influenciado por Teherán. Además, fue elegido un amigo del gobierno de Irán, Ahmed Chalabi, fuente de muchas de las mentiras proclamadas por el gobierno de Bush para persuadir al mundo de que urgía invadir a Iraq y luego acusado de haber informado al gobierno de Irán que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) había descifrado su clave secreta y leía sus mensajes. Como el parlamento iraquí controlará alrededor de $17 mil millones anualmente, se entiende que Chalabi tendrá una espléndida oportunidad tanto para causarle molestias al gobierno de Bush como de pelechar a expensas del pueblo de Irak.
El artículo de Negroponte y Casey obedece la consigna del gobierno de Bush y Cheney de proclamar las maravillas de las elecciones en Iraq para hacernos olvidar que justificaron la invasión con la mentira de que Sadam Hussein tenía armas de destrucción masiva y era un peligro para el mundo.
Lo que no dijeron Negroponte y Casey es cuánto ha costado la "democracia" en Iraq que ahora proclaman. El pueblo iraquí sufre diariamente actos de increíble violencia porque la invasión atrajo a terroristas extranjeros y bandidos desalmados, además de crear la sublevación de un sector nacionalista que se opone a la ocupación de Estados Unidos. Aunque el Pentágono rehusa suministrar estas cifras, se calcula que hasta la fecha el número de las víctimas civiles se aproxima a 18,000. El ambiente ha quedado contaminado producto de la invasión, la infraestructura estatal de servicios está en ruinas y la economía iraquí ha quedado en manos de los amigos de Bush y Cheney gracias al programa de privatización iniciado poco después de la invasión.

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