Lo que se espera
A los periodistas nos preguntan con frecuencia qué va a pasar en nuestro país, frente a cualquier circunstancia o problema que nos preocupe. Yo no tengo ninguna capacidad profética, pero como generalmente estamos enterados de las noticias más diversas sobre la marcha de nuestra vida institucional y política, podemos quizás, mejor que los otros, vislumbrar lo que puede ocurrir o lo que podemos esperar de cualquier situación planteada. Y es que, conociendo la historia de un pueblo o de un hombre, tenemos base para suponer lo que ese pueblo o ese hombre pueden hacer en ciertos momentos de su vida.
El conocimiento determina lo que podemos esperar. Si usted sabe que un político miente siempre y disfraza siempre su pensamiento; que toda su trayectoria lo presenta como poco honrado y veraz; si un día se crea una expectativa sobre su actitud frente a determinado problema nacional, es lógico que usted no espere que ese político va a actuar de otra manera, que como siempre ha actuado. Usted sabe qué puede esperar de él.
Hay una conocida fábula que retrata esta cuestión. Un escorpión venenoso le pidió a un caballo que lo pasara de una orilla a otra de un río “¿Y si me muerdes cuando vamos cruzando el río?”, le preguntó el caballo. “Sería estúpido de mi parte, porque moriríamos los dos, ya que no sé nadar”, contestó el escorpión. Y el caballo halló lógica la respuesta, lo montó sobre sus lomos y se tiró a cruzar el río. Pero, cuando iban por el medio, el escorpión mordió con todas sus fuerzas al caballo, y el caballo le dijo: “¿Y tú no dijiste que no me morderías, porque los dos sufriríamos las consecuencias?”. “Sí, ¿pero qué quieres tú que yo haga si mi naturaleza es morder e inocular mi veneno? Yo no he hecho más que responder a mi naturaleza...” respondió el escorpión.
Cada cual responde a su naturaleza, y del conocimiento que tenemos de las personas podemos esperar cuál será su actitud. Lo dijo sabiamente Baltazar Gracián: “Extremada elección la de la abeja, y qué mal gusto el de la mosca, pues en un mismo jardín solicita la abeja la fragancia y la mosca la hediondez”. Podría mencionar muchos casos personales, pero me voy a limitar a uno. Mi amigo don Ignacio Gelonch ha hecho de la vida, al lado de su esposa, un santuario de limpieza y honradez. El honor ha sentado sus reales en su hogar admirable. ¿Qué se puede esperar de él y de su esposa? Solamente lo correcto, lo noble y lo justo. No puede haber sorpresas en otro sentido.
El filósofo norteamericano Marcus Bach refiere, que cuando el buque Lakonia se hundió cerca de Madeira (Isla portuguesa), entre los sobrevivientes que abordaron los botes salvavidas había un hombre pulcramente vestido, con el abrigo en el brazo y llevando un portafolios. Este señor rechazó la ayuda que le ofrecían para abordar el Salta, el barco que los rescató, y conservando la calma, ayudó a los demás sobrevivientes a subir a bordo. Uno de los oficiales del Salta lo felicitó por su serenidad y le pidió una explicación. El hombre replicó: “Caballero, soy inglés. Es lo que se espera de mí”.
Salvo muy raras excepciones, la expectativa que se forma sobre la actitud que alguien va a tomar, en cualquier caso, siempre termina repitiéndose, según ha hecho toda su vida. “No se puede esperar peras del olmo”, reza un viejísimo refrán.
Además, recibió los premios San Gabriel del Episcopado Colombiano en 1994 y Germán Arciniegas de la Editorial Planeta en 1995.
Es autor de libros como Etica para periodistas (1991) en colaboración con María Teresa Herrán, Más allá del deber (1992), La revolución de las sotanas (1995), Testigo de seis guerras (1996) y Desde las orillas (1996), en colaboración con Germán Rey, entre otros.
En el marco del I Congreso Latinoamericano de Periodismo, realizado en Panamá en 1997, recibió el premio latinoamericano a la ética periodística otorgado por el Centro Latinoamericano de Periodismo -CELAP-, auspiciado por la Universidad Internacional de la Florida.
El conocimiento determina lo que podemos esperar. Si usted sabe que un político miente siempre y disfraza siempre su pensamiento; que toda su trayectoria lo presenta como poco honrado y veraz; si un día se crea una expectativa sobre su actitud frente a determinado problema nacional, es lógico que usted no espere que ese político va a actuar de otra manera, que como siempre ha actuado. Usted sabe qué puede esperar de él.
Hay una conocida fábula que retrata esta cuestión. Un escorpión venenoso le pidió a un caballo que lo pasara de una orilla a otra de un río “¿Y si me muerdes cuando vamos cruzando el río?”, le preguntó el caballo. “Sería estúpido de mi parte, porque moriríamos los dos, ya que no sé nadar”, contestó el escorpión. Y el caballo halló lógica la respuesta, lo montó sobre sus lomos y se tiró a cruzar el río. Pero, cuando iban por el medio, el escorpión mordió con todas sus fuerzas al caballo, y el caballo le dijo: “¿Y tú no dijiste que no me morderías, porque los dos sufriríamos las consecuencias?”. “Sí, ¿pero qué quieres tú que yo haga si mi naturaleza es morder e inocular mi veneno? Yo no he hecho más que responder a mi naturaleza...” respondió el escorpión.
Cada cual responde a su naturaleza, y del conocimiento que tenemos de las personas podemos esperar cuál será su actitud. Lo dijo sabiamente Baltazar Gracián: “Extremada elección la de la abeja, y qué mal gusto el de la mosca, pues en un mismo jardín solicita la abeja la fragancia y la mosca la hediondez”. Podría mencionar muchos casos personales, pero me voy a limitar a uno. Mi amigo don Ignacio Gelonch ha hecho de la vida, al lado de su esposa, un santuario de limpieza y honradez. El honor ha sentado sus reales en su hogar admirable. ¿Qué se puede esperar de él y de su esposa? Solamente lo correcto, lo noble y lo justo. No puede haber sorpresas en otro sentido.
El filósofo norteamericano Marcus Bach refiere, que cuando el buque Lakonia se hundió cerca de Madeira (Isla portuguesa), entre los sobrevivientes que abordaron los botes salvavidas había un hombre pulcramente vestido, con el abrigo en el brazo y llevando un portafolios. Este señor rechazó la ayuda que le ofrecían para abordar el Salta, el barco que los rescató, y conservando la calma, ayudó a los demás sobrevivientes a subir a bordo. Uno de los oficiales del Salta lo felicitó por su serenidad y le pidió una explicación. El hombre replicó: “Caballero, soy inglés. Es lo que se espera de mí”.
Salvo muy raras excepciones, la expectativa que se forma sobre la actitud que alguien va a tomar, en cualquier caso, siempre termina repitiéndose, según ha hecho toda su vida. “No se puede esperar peras del olmo”, reza un viejísimo refrán.
Además, recibió los premios San Gabriel del Episcopado Colombiano en 1994 y Germán Arciniegas de la Editorial Planeta en 1995.
Es autor de libros como Etica para periodistas (1991) en colaboración con María Teresa Herrán, Más allá del deber (1992), La revolución de las sotanas (1995), Testigo de seis guerras (1996) y Desde las orillas (1996), en colaboración con Germán Rey, entre otros.
En el marco del I Congreso Latinoamericano de Periodismo, realizado en Panamá en 1997, recibió el premio latinoamericano a la ética periodística otorgado por el Centro Latinoamericano de Periodismo -CELAP-, auspiciado por la Universidad Internacional de la Florida.