A los 10 años de la partida del Caudillo
Arnulfo Arias nunca necesitó de desplantes machistas para reafirmar su personalidad de hombre de carácter, siempre propenso a imponer su autoridad. Durante su vida dio muchas muestras de valentía rayana en la temeridad, incluso bajo fuego enemigo, sin perder su fino temple y elegancia de caudillo.
Belisario Porras, otro de los grandes líderes patrios de este siglo, disfrutaba pasearse elegantemente trajeado de blanco y corbata, en su imponente cabalgadura marfil, frente al fuego de los cañones enemigos, en medio de cada batalla. Jamás perdió la compostura, ni siquiera en sus peores momentos.
Ayer se conmemoraron 10 años de la partida de Arias, el último de los caudillos panameños de este siglo. En ese lapso, muy poco se ha analizado su significado en la historia patria, por encima de la mera narración de los hechos controversiales que acompañaron su vida.
Un estudio más profundo, tendría que empezar con el Movimiento de Acción Comunal que encabezó Arias en 1923 y en el que nace como líder. Aquella fue una gesta de jóvenes de clase media y alta, que reunió a lo más granado de la intelectualidad panameña de la época, sedienta de hallar sus propias raíces nacionales, perdidas en la nebulosa de la independencia 20 años atrás.
Acción Comunal derribó el gobierno del presidente Florencio Harmodio Arosemena, luego de tomarse los cuarteles de la Policía, invocando mensajes de renovación moral nacionalista.
Con igual propósito habría que estudiar sus instituciones legales, empezando con la Constitución de 1941, en muchos aspectos superior a la del 46 y a la que actualmente nos rige. Muchos elementos socializantes presentes en las últimas, se erigen en un obstáculo para modernizar el país. La del 41 fue una constitución más liberal, flexible y, en ocasiones, mejor redactada.
Del mismo modo hay que estudiar su visión futurista sobre el papel de la mujer en la vida nacional, en una época en que no se le permitía ni siquiera celebrar contratos sin la representación del esposo. El reconocimiento del voto fue tan sólo un primer paso en ese sentido. Pero a lo largo de su intensa carrera política dio mucho reconocimiento y participación a las mujeres.
En el mismo camino hay que estudiar su Patrimonio Familiar, de profunda significación social. Cada familia tendría derecho a un pedazo de tierra inalienable en donde pudiera edificar su vivienda y proveer sus alimentos. Ni hablar de la Caja de Seguro Social, que velaría por cada ciudadano cuando la edad le impidiera ganarse el sustento.
Pero las páginas más polémicas tendrían que dedicarse a su lucha perenne contra el militarismo al servicio de los intereses extranjeros; a su nacionalismo inclaudicable; a su duelo incansable con las oligarquías nacionales, en favor de los humildes; de la raíz campesina de su ideología, y a su visión de un Panamá socialmente más justo y equitativo.
Belisario Porras, otro de los grandes líderes patrios de este siglo, disfrutaba pasearse elegantemente trajeado de blanco y corbata, en su imponente cabalgadura marfil, frente al fuego de los cañones enemigos, en medio de cada batalla. Jamás perdió la compostura, ni siquiera en sus peores momentos.
Ayer se conmemoraron 10 años de la partida de Arias, el último de los caudillos panameños de este siglo. En ese lapso, muy poco se ha analizado su significado en la historia patria, por encima de la mera narración de los hechos controversiales que acompañaron su vida.
Un estudio más profundo, tendría que empezar con el Movimiento de Acción Comunal que encabezó Arias en 1923 y en el que nace como líder. Aquella fue una gesta de jóvenes de clase media y alta, que reunió a lo más granado de la intelectualidad panameña de la época, sedienta de hallar sus propias raíces nacionales, perdidas en la nebulosa de la independencia 20 años atrás.
Acción Comunal derribó el gobierno del presidente Florencio Harmodio Arosemena, luego de tomarse los cuarteles de la Policía, invocando mensajes de renovación moral nacionalista.
Con igual propósito habría que estudiar sus instituciones legales, empezando con la Constitución de 1941, en muchos aspectos superior a la del 46 y a la que actualmente nos rige. Muchos elementos socializantes presentes en las últimas, se erigen en un obstáculo para modernizar el país. La del 41 fue una constitución más liberal, flexible y, en ocasiones, mejor redactada.
Del mismo modo hay que estudiar su visión futurista sobre el papel de la mujer en la vida nacional, en una época en que no se le permitía ni siquiera celebrar contratos sin la representación del esposo. El reconocimiento del voto fue tan sólo un primer paso en ese sentido. Pero a lo largo de su intensa carrera política dio mucho reconocimiento y participación a las mujeres.
En el mismo camino hay que estudiar su Patrimonio Familiar, de profunda significación social. Cada familia tendría derecho a un pedazo de tierra inalienable en donde pudiera edificar su vivienda y proveer sus alimentos. Ni hablar de la Caja de Seguro Social, que velaría por cada ciudadano cuando la edad le impidiera ganarse el sustento.
Pero las páginas más polémicas tendrían que dedicarse a su lucha perenne contra el militarismo al servicio de los intereses extranjeros; a su nacionalismo inclaudicable; a su duelo incansable con las oligarquías nacionales, en favor de los humildes; de la raíz campesina de su ideología, y a su visión de un Panamá socialmente más justo y equitativo.