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Los argumentos contra la PTJ



El principal argumento del gobierno para desmontar la actual estructura de la PTJ, es que la institución está llena de pecados. Se le achacan a los hombres que integran esta institución el hurto de drogas, tortuguismo producto de la desidia administrativa, y hasta el asesinato.
Mucho de lo planteado por el Ejecutivo es verdad. Siniestra verdad. Pero no es menos cierto que los mismos traumas sufre la Policía Nacional, institución que asumiría diversas labores investigativas de la PTJ, y que tendría la doble y enrevesada obligación de responder en algunas ocasiones al Ministerio Público, y, en otras, a la cadena de mando policial, lo que sin duda va a generar complicados y peligrosos conflictos, sobre todo por la cercanía del ente uniformado con el despacho presidencial, habida cuenta de los nefastos antecedentes históricos que tenemos los panameños, y que nos amargan la memoria.
Pareciera que, según el Palacio de las Garzas, en la Policía Nacional no hay corruptos ni asesinos ni ladrones ni traficantes de drogas. Con tristeza debemos decir que los hechos, reflejados de alguna forma en los reportes periodísticos, muestran otra situación.
No es que consideremos que la institución armada está perdida ni mucho menos. El país es testigo de los esfuerzos que la actual administración está haciendo para depurar el cuerpo policial, y mejorar los estándares de su servicio a la comunidad. El planteamiento es que que la entidad sufre los mismos problemas éticos y administrativos que la PTJ, y no por eso se está pensando en dinamitar sus cimientos.
Vemos, entonces, que las fallas de dirección que podría tener la Policía Técnica Judicial (PTJ) no son razón para desmembrarla, y mucho menos para crear dentro de la Policía Nacional un monstruo que tendría dos cabezas, y ninguna a la vez.

101 años de Panamá América

 
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