Los campos de Soná se visten de fiesta
El sábado pasado, los campos de Soná (Veraguas) se vistieron de fiesta. No eran políticos en campaña ni giras proselitistas, sino algo muy diferente. Diez buses amarillos señalizados como de colegiales y muchos autos se aventuraron por los caminos pasando quebradas y cerros, cargados de padres de familia que iban al encuentro de sus hijos integrantes del Servicio Social Javeriano y de las comunidades con las que ellos llevan trabajando por casi un mes.
Nombres que antes eran desconocidos ese día se tornaron familiares: Cerro Largo, Quebrada Grande, La Zumbona, Dos Bocas, San Andrés, Palmalta El Bongo, Cabecera de Bubi, Lerique Algarrobos, Cerro Largo, Nuevo Chorrillito, eran los nombre de los campamentos donde la muchachada trabajaba incansable construyendo comedores y capillas, y los más importante relaciones humanas y sociales con la gente campesina. La entrada de cada comunidad estaba señalada por arco de palmas y globos, pancartas que decían Bienvenidos(as). La experiencia era una lección magistral sobre la pobreza que azota la vida campesino ofreciendo los grandes contrastes con la riqueza ostentosa, al mismo tiempo que muchos jóvenes pudieron captar la riqueza de la cultura campesina basada en el trabajo y el folklore a través de un esfuerzo constructivo no solo por la gente sino con la gente.
Ríos y quebradas cada vez mas secos, casas de quincha y palma, hombres picados de culebra, niños revoloteando en las veredas, flores y pastizales, vacas y escuelas multigrados, sonrisas sinceras y manos rudas extendidas, paredes levantándose y charlas alrededor del café, risas en las charcas, misas bajo los enramados, bloques y sudor, colibries y coloradillas.
Los padres de familia encontraron a sus hijos mas templados, con otro tono en su voz y una luz diferente en la mirada,. Pero al mismo tiempo muchos tuvieron la oportunidad de mirar por una horas por la ventana de la realidad agraria del Panamá profundo, pletórico de desafíos y oportunidades pues si no se aborda los problemas del futuro nuestros país no logrará jamas dejar el atrás al subdesarrollo.
La iniciativa del promover un servicio social estudiantil la ha mantenido por varias decada el Colegio Javier, con el propósito de contribuir a la formación integral de sus alumnos, al mismo tiempo que se aporta el desarrollo de comunidades marginales con la idea de la promoción de la justicia y el servicio a una fe encarnada en la realidad de la gente . Otros pocos colegios también lo hacen, pero es de admirar cómo los jesuitas que regentan el Javier lo sostienen como un eje fundamental de su labor educativa y social. En las reformas educativas se ubica la necesidad que funcionen programas de servicio social en todos los centros educativos del país. Ojalá se convierta en realidad.
Claro está que el servicio social estudiantil es parte del plan de estudio por lo que se torna obligatorio y se refleja en el boletín de notas, por ello el servicio social debería complementarse con el servicio voluntario, tal como se desarrolló en la década de los sesenta que convocaba a la juventud al voluntariado en programas de fines de semana, verano y de un año de duración, lamentablemente la entidad Servicio Nacional de Voluntarios (SNV) originalmente en manos de un patronato amplio se derrumbó al ser coptado por el gobierno a inicios de los setenta, pero la experiencia fue riquísima y provechos por los logros alcanzados.
Es bueno recordar que grandes retos sociales como la alfabetización, campañas de salud y de salvamento han podidos ser desarrollados gracias al fomento del voluntariado. El servicio social estudiantil es un escalón de sensibilización que permite y motiva a que muchos y muchas decidan dar parte de su tiempo a la tarea tan necesaria de construir un mejor Panamá. Uno no puede dejar comparar entre la motivacion de muchos candidatos políticos centrada en el dinero e intereses personas, y el desprendimiento que significa dar una parte del tiempo y de la vida para que otros vivan. Ojalá diversas entidades, entre ellas el Consejo Nacional de la Juventud , las universidades, iglesias, ONG, y otros colocaran este elemento como un objetivo central de su trabajo.
Tengo que mencionar que una vez fui parte del servicio voluntario y gracias a él conocí mejor mi realidad y me ayudó a buscar un pensamiento social transformador y humanizador de lo que nos rodea. Hoy mi hijo, al igual que otros javerianos y estudiantes da su cuota de aporte a través del servicio social, y espero que algún dia nos sean solo los campos de Soná los que se vistan de fiesta, sino muchos campitos y montañas, rincones y cañadas, aldeas y barrios por que esta sea una fiesta en muchos más participen, y no es solo por los campesinos sino por nosotros mismos pues cosas como estas ponen campanitas de cristal dentro del corazón y la conciencia de cada uno, y nos llena con un tintineo mucho más imperecedero que los libros de texto o las imágenes sibilinas de la TV.
Nombres que antes eran desconocidos ese día se tornaron familiares: Cerro Largo, Quebrada Grande, La Zumbona, Dos Bocas, San Andrés, Palmalta El Bongo, Cabecera de Bubi, Lerique Algarrobos, Cerro Largo, Nuevo Chorrillito, eran los nombre de los campamentos donde la muchachada trabajaba incansable construyendo comedores y capillas, y los más importante relaciones humanas y sociales con la gente campesina. La entrada de cada comunidad estaba señalada por arco de palmas y globos, pancartas que decían Bienvenidos(as). La experiencia era una lección magistral sobre la pobreza que azota la vida campesino ofreciendo los grandes contrastes con la riqueza ostentosa, al mismo tiempo que muchos jóvenes pudieron captar la riqueza de la cultura campesina basada en el trabajo y el folklore a través de un esfuerzo constructivo no solo por la gente sino con la gente.
Ríos y quebradas cada vez mas secos, casas de quincha y palma, hombres picados de culebra, niños revoloteando en las veredas, flores y pastizales, vacas y escuelas multigrados, sonrisas sinceras y manos rudas extendidas, paredes levantándose y charlas alrededor del café, risas en las charcas, misas bajo los enramados, bloques y sudor, colibries y coloradillas.
Los padres de familia encontraron a sus hijos mas templados, con otro tono en su voz y una luz diferente en la mirada,. Pero al mismo tiempo muchos tuvieron la oportunidad de mirar por una horas por la ventana de la realidad agraria del Panamá profundo, pletórico de desafíos y oportunidades pues si no se aborda los problemas del futuro nuestros país no logrará jamas dejar el atrás al subdesarrollo.
La iniciativa del promover un servicio social estudiantil la ha mantenido por varias decada el Colegio Javier, con el propósito de contribuir a la formación integral de sus alumnos, al mismo tiempo que se aporta el desarrollo de comunidades marginales con la idea de la promoción de la justicia y el servicio a una fe encarnada en la realidad de la gente . Otros pocos colegios también lo hacen, pero es de admirar cómo los jesuitas que regentan el Javier lo sostienen como un eje fundamental de su labor educativa y social. En las reformas educativas se ubica la necesidad que funcionen programas de servicio social en todos los centros educativos del país. Ojalá se convierta en realidad.
Claro está que el servicio social estudiantil es parte del plan de estudio por lo que se torna obligatorio y se refleja en el boletín de notas, por ello el servicio social debería complementarse con el servicio voluntario, tal como se desarrolló en la década de los sesenta que convocaba a la juventud al voluntariado en programas de fines de semana, verano y de un año de duración, lamentablemente la entidad Servicio Nacional de Voluntarios (SNV) originalmente en manos de un patronato amplio se derrumbó al ser coptado por el gobierno a inicios de los setenta, pero la experiencia fue riquísima y provechos por los logros alcanzados.
Es bueno recordar que grandes retos sociales como la alfabetización, campañas de salud y de salvamento han podidos ser desarrollados gracias al fomento del voluntariado. El servicio social estudiantil es un escalón de sensibilización que permite y motiva a que muchos y muchas decidan dar parte de su tiempo a la tarea tan necesaria de construir un mejor Panamá. Uno no puede dejar comparar entre la motivacion de muchos candidatos políticos centrada en el dinero e intereses personas, y el desprendimiento que significa dar una parte del tiempo y de la vida para que otros vivan. Ojalá diversas entidades, entre ellas el Consejo Nacional de la Juventud , las universidades, iglesias, ONG, y otros colocaran este elemento como un objetivo central de su trabajo.
Tengo que mencionar que una vez fui parte del servicio voluntario y gracias a él conocí mejor mi realidad y me ayudó a buscar un pensamiento social transformador y humanizador de lo que nos rodea. Hoy mi hijo, al igual que otros javerianos y estudiantes da su cuota de aporte a través del servicio social, y espero que algún dia nos sean solo los campos de Soná los que se vistan de fiesta, sino muchos campitos y montañas, rincones y cañadas, aldeas y barrios por que esta sea una fiesta en muchos más participen, y no es solo por los campesinos sino por nosotros mismos pues cosas como estas ponen campanitas de cristal dentro del corazón y la conciencia de cada uno, y nos llena con un tintineo mucho más imperecedero que los libros de texto o las imágenes sibilinas de la TV.