default

Los carnavales, ¿un buen negocio?


Una cosa es la frivolidad de la naturaleza humana que aflora en el carnaval, para lo cual hay un sinnúmero de justificaciones también banales, como la necesidad del desahogo, el escapismo como respuesta al estrés, etc.; y otra muy distinta son las explicaciones que dan autoridades y empresarios para justificar las desproporcionadas erogaciones del Tesoro Nacional.

A finales de los años 70, con cincuenta mil dólares el alcalde capitalino organizaba desde tunas hasta carros alegóricos. En 1990, se gastaron casi diez veces más esa cifra, y el presupuesto del dios Momo llegó a estar cerca del medio millón de dólares. Dos décadas después, la cifra nuevamente se ha decuplicado y ahora ronda los 4.8 millones de dólares.

Por mucho que se haya incrementado el costo de la vida carnestolendas, hay que decir que las asignaciones que ha hecho el Ejecutivo para esta fiesta de los capitalinos -pues en el resto del país la gente se paga la suya-, son totalmente desproporcionadas si miramos el delicado equilibrio de riqueza y pobreza en que se sustenta el actual estado de cosas.

Tan tamaña erogación fiscal, dicen los cómplices del abuso, se justifica porque le entrarán como cien millones de dólares a la economía. Más allá de la verosimilitud de estas cifras, cabe la pregunta: si el negocio es tan bueno, ¿no deberían ser los propios empresarios los que inviertan en lo que cuesta la fiesta? Si el Estado pone la plata, así cualquiera es empresario.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América