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Los cien años de Victoriano


Mañana harán 100 años que perdió la vida acribillado por un pelotón de fusilamiento, a la temprana edad de 36 años, el general Victoriano Lorenzo. Usted puede llegar fácilmente al teatro de los hechos: la Plaza de Francia (en ese entonces Plaza de Chiriquí) en el Casco Viejo de la ciudad de Panamá. Una placa señala el lugar del crimen. Lorenzo, cholo coclesano nacido en 1867, General del Ejército Liberal de la Guerra de los Mil Días (1898-1902) lideró un movimiento campesino que luchaba por "defender los derechos de los cholos ultrajados, explotados y hasta esclavizados por los clanes políticos y sociales de la época en convivencia con las autoridades conservadoras que en Panamá representaban la imposición del poder central colombiano." Por eso fue exterminado. (Archivo vertical de la Biblioteca Nacional) Hoy sigue presente de muchas maneras. Está presente en la memoria, en la Historia; pero reclamando no ser olvidado sino reconocido y revalorizado por todos. El olvido es el peor de los fusilamientos. Si no, haga una encuesta y pregunte a muchos/as jóvenes sobre la gesta de Victoriano y se encontrará con silencios o ideas vagas, y luego pregúntese quiénes son los responsables de esas respuestas, si ellos o nosotros.
Está presente en nuestra composición étnica. Si no lo cree, lea al Prof. Tomás D. Arias, director del Instituto de DNA y Genoma Humano de la Universidad de Panamá, que del resultado de una investigación concluye que los y las panameños/as son " un pueblo cuya genética es principalmente indígena con negro y una minoría, la blanca." Por lo que el racismo y la discriminación étnica no tiene cabida en este país. Todos somos café con leche en distintas proporciones, somos parte del mestizaje -excepción de la población indígena- sea que vivamos en el campo o en la ciudad. Étnicamente todos/as somos Victoriano.
Victoriano sigue presente en el campo panameño, pues a pesar de algunos avances logrado cien años después, subsiste un extensa y excluyente pobreza rural. Según datos del Estudio de Niveles de Vida (Ministerio de Economía y Finanzas), el espacio rural en Panamá aún posee un peso significativo en cuanto a ámbito geográfico y población (42.6%), pero cuenta con la pobreza concentrada en el campo, pues cerca de los dos tercios de los residentes en áreas de economía rural viven por debajo de la línea de la pobreza, y en las áreas indígenas la pobreza asciende al 95%.
Históricamente, el campo panameño ha estado relegado del desarrollo nacional por su carácter periférico, concentrando pobreza, ya que el epicentro de la principal actividad económica es y ha sido el área de tránsito metropolitana. La población rural e indígena se ha ido transformando, combinando una economía rural de subsistencia con una economía cada vez más vinculada al mercado, lo que ha incidido sobre el desenvolvimiento del minifundio y la concentración de la gran propiedad agraria. La economía monetaria acentúa la migración rural urbana, urgida por la necesidad del ingreso necesario para el consumo básico y la educación de los hijos.
La agricultura es sólo responsable del 7% del PIB y de 22% del empleo total del país. El 53% de los pobres extremos dependen en un mayor nivel de la agricultura. Los pobres rurales usan la mayor parte del ingreso agrícola para su subsistencia y siendo que las dos terceras partes de la población rural, sólo poseen una tercera parte de la tierra agrícola. La pobreza es mayor entre los minifundistas (2-15 hectáreas de tierra), que no poseen título de propiedad (es el caso del 93% de los hogares pobres).
El valor promedio de las tierras de los pobres es menos alto, que el valor promedio de la tierra de los no pobres. En este marco, una familia de gran tamaño, bajo nivel educativo, inserta en el minifundismo es el prototipo del núcleo rural pobre (Banco Mundial). En contraste 5,045 explotaciones (2.3% del total) de más de 100 hectáreas ocupaban más de la mitad de la tierra con vocación agropecuaria, y habían aumentado respecto a años anteriores. (APEMEP, 2001) En estas condiciones, el campo es cada vez más reservorio de una pobreza extendida, incluso, en aumento; impactando con la migración las fronteras agrícolas y las ciudades.
Hoy, la Visión Nacional 2020, consensuada entre todos los sectores del país, establece como una de sus metas la transformación agraria sostenible, a través la efectiva legalización y acceso a la tierra, al agua y a nuevas tecnologías. Aumento, diversificación y mejora de la producción agropecuaria. Formación y capacitación para el mejoramiento de la gestión gremial, organizativa y empresarial de los pequeños y medianos productores. Descentralización y desconcentración, fortalecimiento del desarrollo local. Apoyo por parte del gobierno, del sector privado y la sociedad civil a los planes de desarrollo comarcales indígenas.
Hoy, si no establecemos esa transformación agraria sostenible como un gran objetivo estratégico nacional, seguiremos olvidando; peor aún, se seguirá fusilando al cholo Victoriano. Hoy, si no construimos una democracia más participativa, si no establecemos una estrategia participativa contra la pobreza, si no generamos justicia y equidad en nuestra sociedad, se seguirá fusilando a Lorenzo. Hoy, si olvidamos la justeza de su causa, su vocación de lucha y de cambio, seguiremos fusilando al general Victoriano Lorenzo.
(raulleisr@hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
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