default

A los cincuenta días


Año 2000. Año Jubilar. Año de la Trinidad. En el ciclo litúrgico católico, Pentecostés. Fiesta del Espíritu Santo, la tercera persona de la Santísima Trinidad. Conclusión de los cincuenta días de Pascua: éste es el último día de fiesta. Es el día de la efusión del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y el de la expansión misionera de la iglesia.
Indiscutiblemente, en lo exterior, la fiesta de la Pascua con toda su preparación anterior por ser la más importante, tiene mayor esplendor. La del Espíritu Santo, no tanto. Hay muchas razones explicables y más en este mundo secularizado y secularizante, es decir, que se esfuerza por cancelar todo lo que huela a vida espiritual y que sólo piensa en el signo del dólar.
Sin embargo, mucha feligresía se congrega espontáneamente sedienta de fe y de distintas formas claman a los cielos: Ven, oh, Espíritu Santo y lo repiten con vehemencia y ruega a Dios casi desesperados que mande esa Fuerza Superior y Divina que tanto necesitamos los panameños sabrosamente entrampados en nuestras luchas, pereques, discusiones, argumentaciones, acabando con lo que queda de este país que nos dio el Señor para que lo administráramos mientras vivimos y mientras El vuelva.
Al celebrar el don del Espíritu, que se perpetúa en la Iglesia, desde el día de Pentecostés, la liturgia insiste de modo especial al comienzo de la fiesta, en las profecías acerca de este don, que llena el Antiguo y el Nuevo Testamento, desde el Génesis hasta el Evangelio. A través de los tiempos la reflexión cristiana sobre el misterio del Pentecostés se ha nutrido de los cuatro textos que se ofrecen como primera lectura.
Pentecostés hizo de la Iglesia la anti Babel, la ciudad en la que los "pueblos divididos por el odio y el pecado se congregaron para que las diversas lenguas encontrasen su unidad en la confesión del nombre del Señor". Pentecostés es la fiesta de la promulgación de la Ley, pero la Ley de la nueva alianza no fue entregada sobre el monte Sinaí, sino que se halla inscrita en los corazones por el Espíritu Santo que los ilumina. El don del Espíritu, en el día de Pentecostés, hizo surgir de entre los muertos al nuevo pueblo de Dios, el Espíritu es aliento de vida.
Finalmente, la profecía de Joel, que vaticina la irrupción del Espíritu de Dios en los tiempos mesiánicos, es el texto al que alude San Pedro cuando se dirige al pueblo el día de Pentecostés: "Yo derramaré el Espíritu sobre todos. Tus hijos y tus hijas hablarán de parte mía, los ancianos tendrán sueños y los jóvenes verán visiones. En aquellos días hasta sobre los siervos y las siervas derramaré mi Espíritu". Y serán salvados todos los que invoquen el nombre de Yahvé." Todo ese largo camino de la revelación desemboca en el llamamiento de Jesús: "El que tenga sed, que venga a mí, el que cree en mí, que beba".
Es el tiempo del Espíritu Santo. Que es la fuerza de expansión comunitaria y como un principio de interiorización. El Espíritu de Dios llena el Universo, cuya unidad garantiza, santifica a la iglesia extendida por todas las naciones. Y difunde sus dones sobre los confines de la Tierra. Mas, al mismo tiempo penetra los corazones, los llena del fuego de su amor y los lleva al conocimiento pleno de toda la verdad. Es el principio vital del cristiano en quien actúa, y a la manera de un fuego que abrasa o como una fuente de agua vida que regenera. Bien sea gobernando el cuerpo de la iglesia o modelando a cada uno de los bautizados, su objetivo es hacer que todos entonen las maravillas de Dios.
Hoy es el día de revisar cómo actúan los siete dones. Todos hemos recibido en el Bautismo y en la Confirmación, el Don de Sabiduría que nos lleve a gustar las cosas de Dios, el Don de Entendimiento, que quisiéramos para sacar las mejores notas en asignaturas difíciles y que más bien es la capacidad de leer hacia dentro. Intellectus de intelligere que es "intus legere". El alcalde de lo que leemos o hemos leído y que quizás lo habíamos pasado inadvertidamente. El Don de Consejo. En un país donde tanta gente necesita consejo y que no lo solicita y que, sin embargo, hay que aconsejar acertadamente y con discernimiento. El Don de Fortaleza que echamos de menos en las adversidades y sobre todo ahora que vivimos en la adversidad económica, con tantos desocupados y tantos despedidos y con tantos compromisos económicos de escuelas, casa, carro y tantos otros. Fortaleza espiritual para no perder la fe y continuar esperando de que "no hay mal que dure cien años ni enfermo que lo resista". El Don de Ciencia que nos hace llegar al conocimiento por sus causas remotas, próximas, físicas, espirituales. ¿Dígame Ud. si en Panamá este Don de Ciencia que nos da Espíritu Santo no lo echamos de menos en tantas cabezas de los que escriben, analizan, hablan, predican, orientan, discuten o se proponen dirigir el país? El Don de Piedad que despierta las profundidades de nuestro ser y evoca las entrañas de consideración y respeto hacia los demás y todas las grandes básicas instituciones sociales como es la vida familiar. Y para terminar; el Don del Temor a Dios.
Cuando ya no se respeta nada, cuando vivimos en esta típica anarquía en todos los aspectos, cuando tanto se critica el "juega vivo" y el juega vivo sigue campeando y sigue siendo la norma de conducta de hombres y mujeres de este país, el Don del Temor de Dios es el principio de la Sabiduría. Ojalá, el Espíritu Santo sea bienvenido a todos los rincones y todos los intersticios de los corazones de los panameños. Ven Padre de los Pobres, Luz de los Corazones.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América