Los ciudadanos, el Estado y los impuestos
Los impuestos son la carga de la clase media, la mofa de la clase alta y el misterio de la clase proletaria. Los pobres prácticamente no los pagan porque están exentos o ni siquiera tienen renta que gravar; los ricos no los pagan, o por lo menos no lo que les corresponde, porque tienen los recursos para evadir, legal o ilegalmente, la carga tributaria; sólo la clase media enfrenta el impacto tributario al cien por ciento. Todos los ciudadanos responsables comprendemos que al organizarnos en sociedad y crear la entelequia llamada Estado, no sólo le trasladamos responsabilidades para la tutela del bien común sino que ejercer dichas responsabilidades requiere de recursos, y que estos se captan mediante tributos. No pagar impuestos es pues, una negación de la esencia ciudadana. Cobrar impuestos excesivos o injustos es una negación de la esencia del Estado. Hay demasiados burócratas que no comprenden que el Estado está al servicio del ciudadano y no viceversa; que cada real de impuestos que nos cobran se lo tienen que ganar brindando un buen servicio público y que la renta que producimos con el sudor de nuestra frente o con el desgaste de nuestras neuronas es nuestra y no del Estado. Hay que hacerles comprender que la renta que produce una persona o una empresa, es el producto de su iniciativa, riesgo, inventiva y trabajo y no el producto de las geniales políticas que de cuando en cuando nos imponen. Los países no comercian; la gente comercia; los países no se hacen la guerra; la gente se hace la guerra; los países no producen riquezas; la gente produce riquezas. Es de justicia pues que los impuestos que se cobren sean justos, que los ingresos así producidos sean administrados con honestidad y efectividad y que, en la medida de lo posible, el Estado se dedique a brindar los servicios básicos que justificaron su existencia en el modelo Republicano y deje a la gente la labor de crear y distribuir la riqueza.
La noche avanzaba, muchos ya se retiraban, la calle fue abierta pasadas las 4: 00 de la madrugada, cuando en años anteriores lo hacían a la 1: 00 a.m.
En mi retirada decidí dar una vuelta por los conocidos "push button" de la vía Transístmica y de vía Tocumen. Todos estaban llenos y como si fuera poco, en dos de éstos habían parejas en sus vehículos esperando su turno. Bien lo dijo "Pedrito" Altamiranda décadas atrás: "estos ser los carnavales...".
En medio de todo el jolgorio, observé a una gran cantidad de niños que se dedicaban a recoger latas, en su mayoría indígenas. Unos más vivos que otros abrían las latas, les colocaban una piedra adentro y la aplastaban, un truco para que éstas pesen más y reciban mayor remuneración al cambiarlas.
No faltó el ebrio que se quedó dormido en la acera, solo y sin nadie que le auxiliara. Al desdichado se le acercaron varias personas para revisarle los bolsillos en varias oportunidades, sin que nadie hiciera nada. "De aquí a la mañana le quitan las zapatillas; esas "Converse" valen B/.32.00", me dijo un hombre que también observaba la escena.
El juega vivo seguía. Los baños públicos eran gratis, según lo dijo la presidenta de la Junta del Carnaval, sin embargo, unos vivos estaban cobrando 25 centésimos a quienes querían usarlos.
¿Por qué estás cobrando si estos baños son gratis?, le pregunté a una de estas personas, "porque le estoy dando un pedazo de papel higiénico a las damas", respondió. Pero es mucho dinero por un pedazo de papel le dije, "pero no obligo a nadie", argumentó.
Le pregunté si tenía permiso de alguien para cobrar y me informó que no. "Estoy sin trabajo y esta es una forma de buscar mi plata y si no vas a entrar no me molestes", expresó.
La noche avanzaba, muchos ya se retiraban, la calle fue abierta pasadas las 4: 00 de la madrugada, cuando en años anteriores lo hacían a la 1: 00 a.m.
En mi retirada decidí dar una vuelta por los conocidos "push button" de la vía Transístmica y de vía Tocumen. Todos estaban llenos y como si fuera poco, en dos de éstos habían parejas en sus vehículos esperando su turno. Bien lo dijo "Pedrito" Altamiranda décadas atrás: "estos ser los carnavales...".
En medio de todo el jolgorio, observé a una gran cantidad de niños que se dedicaban a recoger latas, en su mayoría indígenas. Unos más vivos que otros abrían las latas, les colocaban una piedra adentro y la aplastaban, un truco para que éstas pesen más y reciban mayor remuneración al cambiarlas.
No faltó el ebrio que se quedó dormido en la acera, solo y sin nadie que le auxiliara. Al desdichado se le acercaron varias personas para revisarle los bolsillos en varias oportunidades, sin que nadie hiciera nada. "De aquí a la mañana le quitan las zapatillas; esas "Converse" valen B/.32.00", me dijo un hombre que también observaba la escena.
El juega vivo seguía. Los baños públicos eran gratis, según lo dijo la presidenta de la Junta del Carnaval, sin embargo, unos vivos estaban cobrando 25 centésimos a quienes querían usarlos.
¿Por qué estás cobrando si estos baños son gratis?, le pregunté a una de estas personas, "porque le estoy dando un pedazo de papel higiénico a las damas", respondió. Pero es mucho dinero por un pedazo de papel le dije, "pero no obligo a nadie", argumentó.
Le pregunté si tenía permiso de alguien para cobrar y me informó que no. "Estoy sin trabajo y esta es una forma de buscar mi plata y si no vas a entrar no me molestes", expresó.