Los conspiradores
En las más altas esferas del gobierno se viene especulando desde hace varias semanas sobre la existencia de conspiradores que atentan contra el gobierno, tanto en seguridad jurídica como en la económica, política, etc. Esto viene desde la cúspide hacia abajo con implicaciones muy serias en contra de personas a quienes se le quieren imputar responsabilidades que no tienen.
El debate existente y que tiende a profundizarse en un tránsito de desaceleración económica hacia una verdadera recesión y los autores a quienes les toca parte importante como responsables de esta situación amerita que, sucintamente, se determinen las causas de este fenómeno.
Falta absoluta de coordinación y coherencia en las acciones del gobierno.Aumento de la canasta básica familiar. Corrupción rampante a la cual alude un altísimo consejero presidencial hace apenas 2 días en uno de los diarios líderes de Panamá. Alza unilateral de la telefonía. Alza unilateral de la energía eléctrica. Alza combinada y oligopólica del combustible. Presión grave para el alza del pasaje urbano. Denuncias públicas ante los medios de actos que vulneran trámites en los procesos de concesiones. Silencio e ignorancia para los panameños sobre la política de nuestras relaciones exteriores. Falta de precisión de nuestra política agropecuaria. Toma y da de nuestro injerto en el bloque comercial centroamericano. Aspiración a ser la sede del ALCA cuando el gobierno expresa que nosotros no estamos preparados todavía para ingresar en la misma.
Hay otras cosas que se relacionan con actividades de otras dependencias estatales y también afloran problemas cuyas soluciones se postergan. En estas situaciones no hay conspiraciones, hay hechos concretos con sus autores responsables.
Esto es lo macro del problema de Panamá. Todos queremos contribuir de buena fe a la solución de lo que atormenta al país, no obstante, cuando observamos que ministros y asesores comienzan a asumir posiciones críticas directamente y sin tapujos exponiendo descarnadamente lo que duele pero existe, nos damos cuenta que algo muy malo está sucediendo y tenemos la obligación de salirle al paso si se da la inercia, la complacencia o el silencio, éste sí conspirador y peligroso.
No se trata de que lo que está malo, tenebrosamente malo, se mantenga por capricho o terquedad hundiendo al país cada día irresponsablemente causando más desempleo y miseria.
Hace semanas atrás escribimos una columna de alerta. El momento de las más altas decisiones se acerca para el gobierno o para el pueblo.
El debate existente y que tiende a profundizarse en un tránsito de desaceleración económica hacia una verdadera recesión y los autores a quienes les toca parte importante como responsables de esta situación amerita que, sucintamente, se determinen las causas de este fenómeno.
Falta absoluta de coordinación y coherencia en las acciones del gobierno.Aumento de la canasta básica familiar. Corrupción rampante a la cual alude un altísimo consejero presidencial hace apenas 2 días en uno de los diarios líderes de Panamá. Alza unilateral de la telefonía. Alza unilateral de la energía eléctrica. Alza combinada y oligopólica del combustible. Presión grave para el alza del pasaje urbano. Denuncias públicas ante los medios de actos que vulneran trámites en los procesos de concesiones. Silencio e ignorancia para los panameños sobre la política de nuestras relaciones exteriores. Falta de precisión de nuestra política agropecuaria. Toma y da de nuestro injerto en el bloque comercial centroamericano. Aspiración a ser la sede del ALCA cuando el gobierno expresa que nosotros no estamos preparados todavía para ingresar en la misma.
Hay otras cosas que se relacionan con actividades de otras dependencias estatales y también afloran problemas cuyas soluciones se postergan. En estas situaciones no hay conspiraciones, hay hechos concretos con sus autores responsables.
Esto es lo macro del problema de Panamá. Todos queremos contribuir de buena fe a la solución de lo que atormenta al país, no obstante, cuando observamos que ministros y asesores comienzan a asumir posiciones críticas directamente y sin tapujos exponiendo descarnadamente lo que duele pero existe, nos damos cuenta que algo muy malo está sucediendo y tenemos la obligación de salirle al paso si se da la inercia, la complacencia o el silencio, éste sí conspirador y peligroso.
No se trata de que lo que está malo, tenebrosamente malo, se mantenga por capricho o terquedad hundiendo al país cada día irresponsablemente causando más desempleo y miseria.
Hace semanas atrás escribimos una columna de alerta. El momento de las más altas decisiones se acerca para el gobierno o para el pueblo.