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Los contrapesos necesarios en sociedad


Constituye espacio común en el pensamiento y obrar de los estudiosos de los problemas del estado y la sociedad señalar la necesaria e ineludible correspondencia e influencia recíproca que debe existir entre el uno y la otra, de tal suerte que existan los contrapesos para que la democracia funcione con grados importantes de eficiencia y los más importante que en esta relación, el estado se dote de la capacidad de construir y producir de manera reiterada, relaciones de equilibrio, paz y estabilidad.

Lo anterior es lo que nos lleva a sostener, que la denominada teoría de los contrapesos no se limita o agota en los linderos o límites de la separación de poderes, reduciendo el papel de los actores ciudadanos a simple espectadores de los escenarios de la actividad pública–estatal. El enfoque, a todas luces, visceral, arbitrario, unilateral, de limitar o condicionar la democracia a los contornos del estado poder o el estado fuerte, reductor de la voluntad ciudadana a una situación de subalternalidad, es antidemocrática y en consecuencia peligrosa para armonía ciudadana y en consecuencia la paz social.

La teoría política y la experiencia, dan cuenta que allí donde la relación estado-ciudadanía o estado –sociedad civil, es precaria, estas sociedades tienden abrirse portillos por donde se comienzan a filtrar ciertos aires de ideologías autoritarias y de menosprecio por la instituciones democráticas. En la región latinoamericana, han existido ejemplos de regímenes marcados por estas tendencias, que se armaron de un discurso populistas y sin ninguna referencia o articulación orgánica con los grupos o sectores que se decían representar. Terminaron creando escenarios de abiertas confrontaciones y equilibrios perdidos. En otras ocasiones, he señalado que nuestros países, su gente, ha acumulado mucho en lo que se refiere a cultura y participación ciudadana y de manera permanente extraña y reivindica canales o espacios para deliberar en los asuntos públicos. Esto es normal en democracia. No podemos perder de perspectiva que el estado es una suma de factores e intereses y por ello demanda de articulaciones y mediaciones con la sociedad, que por cierto, tal como lo afirman pensadores de la teoría política, constituye la forma más eficiente de construir equilibrios o sociedades equilibradas.

101 años de Panamá América

 
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