¿Los corredores llegaron a la meta?
La idea de hacer dos corredores que circunvalaran la Ciudad de Panamá fue planteada por la década del setenta por consultores japoneses dentro del llamado "Proyecto Estampa". No fue hasta la segunda mitad de la década del noventa que se contrataron y se construyeron -con no pocas suspicacias y rumores sobre su concesión-, pero sin los cuales la situación del tránsito vehicular hoy sería muchísimo peor.
Lamentablemente, el Estado panameño normalmente es representado en estas negociaciones por personajes que no velan por los intereses de la República y aceptan condiciones leoninas en perjuicio de la equidad, los usuarios y la hacienda pública. Tenemos que señalar también que el estilo de consumo del panameño es atípico en comparación con otros países latinoamericanos, y que muchas veces superamos con creces las proyecciones de los inversionistas y lo hacemos en menos tiempo del supuesto.
Tenemos que sospechar -por las evidencias palmarias- que el negocio de los corredores es otro de los que se pagaron hace rato. Lamentablemente, otra tragedia del Estado panameño es que es incapaz de fiscalizar a los grandes concesionarios y simplemente acepta como buenas las cuentas que ellos le presentan. El ejercicio de dar paso gratuito por los corredores mostró que el tráfico vehicular se aliviaría enormemente con sólo dejar de obligar a los autos a detenerse en las casetas de peaje, y esto se demostró a pesar que -en un gesto de evidente mala fe- en algunas de las estaciones de peaje los administradores no abrieron todos los carriles para provocar, nuevamente, el efecto de embudo y que, en un acto de estulticia, a la Policía Nacional le dio por hacer retenes a unos metros de las casetas de peaje.
Sospechamos, pues, que si se hiciera una auditoría con todas las de la Ley, nos encontraríamos con que la inversión ya fue pagada y que bien podría la República recuperar su administración sin mayores costos, porque todo indica que, para los inversionistas, los corredores ya llegaron a la meta.