Los derechos humanos como ideal transcendental
Según el gran filósofo alemán, Emmanuel Kant, la noción de "Ideal Trascendental" se refiere a las "aspiraciones últimas" de la razón humana tanto en su aspecto teórico como en su dimensión práctica. Así, pues, las nociones de Verdad y Bien, por ejemplo, no son sólo meros conceptos humanos, sino fines u objetivos últimos de la racionalidad teórico-práctica de la humanidad. En términos más simples, aunque no menos significativos: "lo que todo el mundo, en el fondo, debe saber y hacer".
Los Derechos Humanos, en cuanto ideales transcendentales del espíritu humano, son aspiraciones de la raza humana, los cuales debemos conocer y realizar. Sin embargo, resulta lamentable percatarnos cómo estas nobles aspiraciones se encuentran demasiado lejos de ser realizadas en nuestra tierra. Los Derechos Humanos, tal como aparecen en nuestros documentos y declaraciones internacionales, apenas reflejan una expresión formal de buenas intenciones de la especie humana, mas no la realización material de lo verdadero y lo bueno en la humanidad. Todos los males que en cada parte del mundo causan los seres humanos a sus semejantes, son terrible manifestación de ello.
Por supuesto, han habido logros, no podemos negar esto. No obstante, el mal parece estar tan arraigado en la naturaleza humana que nuestras realizaciones se muestran pírricas. La labor que hace falta es gigantesca; el trabajo por hacer es titánico. En esta fase de la historia humana apenas hemos atisbado el significado universal de los Derechos Humanos, pero no hemos realizado universalmente estos derechos. Nuestra conciencia ha empezado a contemplar lo que significa ser humano, mas nuestra voluntad ha mostrado ser demasiado débil para realizar nuestra humanidad de manera universal. Quizá nos faltan siglos o milenios.
De acuerdo al teórico del Estado, Hermann Heller, resulta "sobremanera superficial" la concepción - tan extendida- de que las ideas de libertad e igualdad -dos conceptos axiales a los Derechos Humanos- nacieron con la revolución francesa. De hecho -señala este pensador- estas ideas "llegan ininterrumpidamente hasta la antigüedad y se hincan hondamente en la conciencia europea a través de la iglesia cristiana". Así, pues, la libertad e igualdad encuentran su origen y razón de ser en el espíritu religioso. Por supuesto, no sólo se hallan en "la conciencia europea y cristiana", sino que podemos hallarlas en el espíritu religioso de la humanidad. De esta manera, los Derechos Humanos se revelan, en su esencia misma, como una aspiración religioso-espiritual del ser humano.
Los Derechos Humanos muestran ser, pues, más que una noble aspiración humana, un deseo de divinidad, la voluntad de traer el Reino de Dios sobre la tierra. Ignorar esto es tapar el sol con un dedo. No importa cuánto argumenten algunos juristas, humanistas, filósofos, politólogos, o internacionalistas que intentan reducir el asunto a una mera cuestión cultural. Los Derechos Humanos son "ideales trascendentales", aspiraciones últimas del hombre, las cuales encuentran su fuerza original y total en una voluntad religiosa e espiritual, siempre más allá de la dimensión "humana, demasiado humana" de las leyes, las políticas, y cada una de las ideologías que han creado los hombres. Los Derechos Humanos son una aspiración de trascendencia que encuentra su origen y fin en "algo más allá de lo humano que enaltece lo humano". Será imposible realizar los Derechos Humanos si seguimos ignorando y negando esta realidad trascendente.
Los Derechos Humanos, en cuanto ideales transcendentales del espíritu humano, son aspiraciones de la raza humana, los cuales debemos conocer y realizar. Sin embargo, resulta lamentable percatarnos cómo estas nobles aspiraciones se encuentran demasiado lejos de ser realizadas en nuestra tierra. Los Derechos Humanos, tal como aparecen en nuestros documentos y declaraciones internacionales, apenas reflejan una expresión formal de buenas intenciones de la especie humana, mas no la realización material de lo verdadero y lo bueno en la humanidad. Todos los males que en cada parte del mundo causan los seres humanos a sus semejantes, son terrible manifestación de ello.
Por supuesto, han habido logros, no podemos negar esto. No obstante, el mal parece estar tan arraigado en la naturaleza humana que nuestras realizaciones se muestran pírricas. La labor que hace falta es gigantesca; el trabajo por hacer es titánico. En esta fase de la historia humana apenas hemos atisbado el significado universal de los Derechos Humanos, pero no hemos realizado universalmente estos derechos. Nuestra conciencia ha empezado a contemplar lo que significa ser humano, mas nuestra voluntad ha mostrado ser demasiado débil para realizar nuestra humanidad de manera universal. Quizá nos faltan siglos o milenios.
De acuerdo al teórico del Estado, Hermann Heller, resulta "sobremanera superficial" la concepción - tan extendida- de que las ideas de libertad e igualdad -dos conceptos axiales a los Derechos Humanos- nacieron con la revolución francesa. De hecho -señala este pensador- estas ideas "llegan ininterrumpidamente hasta la antigüedad y se hincan hondamente en la conciencia europea a través de la iglesia cristiana". Así, pues, la libertad e igualdad encuentran su origen y razón de ser en el espíritu religioso. Por supuesto, no sólo se hallan en "la conciencia europea y cristiana", sino que podemos hallarlas en el espíritu religioso de la humanidad. De esta manera, los Derechos Humanos se revelan, en su esencia misma, como una aspiración religioso-espiritual del ser humano.
Los Derechos Humanos muestran ser, pues, más que una noble aspiración humana, un deseo de divinidad, la voluntad de traer el Reino de Dios sobre la tierra. Ignorar esto es tapar el sol con un dedo. No importa cuánto argumenten algunos juristas, humanistas, filósofos, politólogos, o internacionalistas que intentan reducir el asunto a una mera cuestión cultural. Los Derechos Humanos son "ideales trascendentales", aspiraciones últimas del hombre, las cuales encuentran su fuerza original y total en una voluntad religiosa e espiritual, siempre más allá de la dimensión "humana, demasiado humana" de las leyes, las políticas, y cada una de las ideologías que han creado los hombres. Los Derechos Humanos son una aspiración de trascendencia que encuentra su origen y fin en "algo más allá de lo humano que enaltece lo humano". Será imposible realizar los Derechos Humanos si seguimos ignorando y negando esta realidad trascendente.