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Los efectos de la pantalla


Obviamente, se trata de promedios que no necesariamente coinciden con las experiencias individuales, que podrían ser más discretas, pero que también nos advierten que nada menos que el 25 por ciento de los niños y adolescentes ve entre 4 y 10 horas de televisión al día.
Pero si el problema del tiempo ante la pantalla nos parece ya grave, no lo es menos el que se refiere a los contenidos observados en tal dilatado contacto. Gran parte de su contenido es para adultos. Y por más esfuerzo que ponen las televisoras y fabricantes de videos para prevenir el acceso a menores de edad, la realidad es que poca o ninguna supervisión de sus adultos tiene efecto.
Por ejemplo, siguiendo las proyecciones anteriores, las investigaciones estiman que, a los 18 años, un joven ha incluido ya en su curriculum la observación de un total de no menos de 200,000 actos violentos. Le sigue luego las escenas de sexo, que pueden ser mal interpretadas en personas de criterio inmaduro.
Y esto sólo lo que atañe a la televisión. Nada se ha documentado aún de los videojuegos, las exploraciones por Internet, los discos duros de la música reggae, etc., que cada vez reclaman más y más horas. En serio: ¿puede la escuela competir con todo esto?.
La respuesta es sencilla: Eso depende de cada hogar. Una vez conscientes de esa realidad, los padres de familia debemos hacer esfuerzos para dosificar tanto las horas que invierten nuestros hijos frente a la pantalla chica, como el material objeto de su atención, considerando factores tales como las tareas escolares y la edad del menor; si es posible, buscando consejo profesional.
Porque al margen de lo negativo del material fílmico o impreso, hay también otros de contenido positivo, tal como es el caso de programas sobre el mundo natural, la ciencia, la historia, la música, la literatura y demás, cuyas disciplinas pueden encontrar en la pequeña pantalla más que un enemigo, un poderoso aliado.


101 años de Panamá América

 
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