Los efectos del humo
Hay que ser un patán para no aceptar que los menores "infractores" no son más que una cortina de humo del narcotráfico, de fiscales y policías ineptos, de iglesias indiferentes y, en fin, de una sociedad que se olvidó de sus jóvenes por estar entretenida en el consumismo, la política partidaria y la carrera a muerte por mejorar el producto interno bruto.
Hasta el más distraído de los funcionarios públicos dedicados al tema de menores sabe que las pandillas juveniles tienen su raíz en los carteles de la droga. Los narcos usan a los muchachos como camuflaje, como asesinos baratos, como distribuidores, cobradores y como escudo. Mientras más caos provoquen en las ciudades, los traficantes serán más felices, pues las autoridades tendrán en que entretenerse, y bajarán la guardia. ¿Les resulta conocido el escenario?
En Panamá tenemos una ley de menores que, después de ser parida, nunca dio su primer paso. Ahora la quieren reformar con la intención de endurecer las penas para los chicos. Me parece absurdo. Es como si un hombre decidiera meter la mano en la candela porque sus dedos hacen señas obscenas.
Vamos a castigar a los muchachos por haber nacido en barrios marginales, por no tener una familia funcional, por la escuela de baja estirpe que hay en su cuadra, porque no hay programas para jóvenes en las iglesias, por el caos social propiciado por los políticos...
Cuando se enciende la televisión o la radio, lo más que se ven y se escuchan son mensajes publicitarios y música hipnótica que le repite al chico una y otra vez las mismas ordenanzas: "mata", "roba", "haz el sexo brutal, no importa con quién", "compra esa ropa, para que seas un hombre y una mujer de verdad", "si no tienes tal o cual marca, nada eres", "el dinero lo es todo, y si se obtiene rápido y fácil, mejor".
En esas circunstancias no importa aumentar las penas a menores. De todas formas, ya lo tenemos sometidos a la prisión infernal de los antivalores; que importa si ahora metemos la mano en la candela.
Hasta el más distraído de los funcionarios públicos dedicados al tema de menores sabe que las pandillas juveniles tienen su raíz en los carteles de la droga. Los narcos usan a los muchachos como camuflaje, como asesinos baratos, como distribuidores, cobradores y como escudo. Mientras más caos provoquen en las ciudades, los traficantes serán más felices, pues las autoridades tendrán en que entretenerse, y bajarán la guardia. ¿Les resulta conocido el escenario?
En Panamá tenemos una ley de menores que, después de ser parida, nunca dio su primer paso. Ahora la quieren reformar con la intención de endurecer las penas para los chicos. Me parece absurdo. Es como si un hombre decidiera meter la mano en la candela porque sus dedos hacen señas obscenas.
Vamos a castigar a los muchachos por haber nacido en barrios marginales, por no tener una familia funcional, por la escuela de baja estirpe que hay en su cuadra, porque no hay programas para jóvenes en las iglesias, por el caos social propiciado por los políticos...
Cuando se enciende la televisión o la radio, lo más que se ven y se escuchan son mensajes publicitarios y música hipnótica que le repite al chico una y otra vez las mismas ordenanzas: "mata", "roba", "haz el sexo brutal, no importa con quién", "compra esa ropa, para que seas un hombre y una mujer de verdad", "si no tienes tal o cual marca, nada eres", "el dinero lo es todo, y si se obtiene rápido y fácil, mejor".
En esas circunstancias no importa aumentar las penas a menores. De todas formas, ya lo tenemos sometidos a la prisión infernal de los antivalores; que importa si ahora metemos la mano en la candela.