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Los enterradores de la carrera administrativa


Cuando los historiadores hagan un recuento de los hechos que llevaron a la destrucción del régimen de Carrera Administrativa tendrán que señalar a dos principales enterradores: A Martín Torrijos y a Ricardo Martinelli. El primero por sancionar las leyes 24 y 14 de los años 2007 y 2008 respectivamente, y el segundo por la tamboreada Ley que termina de destruirla a velocidad del rayo.

Tanto la Constitución Política como la Ley 9 de 1994 señalan que la Carrera Administrativa es un sistema de “mérito”. Esto significa que para ingresar al sistema se requiere cumplir con ciertos requisitos correspondientes con el nivel y el cargo. Establecer en las leyes de Torrijos que había cargos en la Carrera Administrativa a los que se podía acceder sin examen, y sin cumplir con los requisitos mínimos para el cargo, es una barbaridad.

Hacer con la nueva Ley que todos los que adquirieron el estatus de carrera desde el año 2007 lo pierdan, aunque hayan llenado todos los requisitos, es una actitud propia de la ignorancia o la mala fe, ambas inexcusables en el Órgano Ejecutivo. Otra barbaridad es aprobar un artículo nuevo que dice que el Gobierno Nacional podrá nombrar en todos los cargos hasta el año 2012 a todo aquel que quiera sin que cumpla ningún requisito.

Con esos artículos aprobados tanto por Martín Torrijos en su época como por Ricardo Martinelli en la suya, han enterrado la Carrera Administrativa y lo han hecho mintiendo descaradamente al aseverar que lo hacían “para devolver al sistema su carácter de mérito”. La Carrera Administrativa es un recurso para la mejor gestión pública, y no anda por buen camino quien ponga obstáculos a su propio éxito.

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