Los escuderos de la guerra
El bombardeo constante contra Afganistán, el segundo país más pobre del planeta, comienza demostrar varias cosas que la mayoría de los medios de comunicación parecieran ignorar, por tener la mirada fija en la batuta de los que dirigen la orquesta de "la verdad única" que ya renegó de la libertad de expresión y pensamiento. El absurdo "axioma" de quien no está con los Estados Unidos, está con el terrorismo, ha sido el pretexto oportunista para manipular la información y, por lo menos, despojar de todo análisis la gran madeja de situaciones que el mundo debiera conocer.
Mientras que en Hollywood, los emisarios del presidente George W. Bush se reúnen con los altos ejecutivos de los estudios y los sindicatos de la "Meca del Cine" con el fin de definir el papel del cine y la televisión en la actual guerra que ha comenzado en Afganistán, pero que no sabemos ni dónde ni cuándo acabará, se habla de los éxitos militares de la Alianza del Norte, tras la conquista de la estratégica ciudad afgana de Masar-i-Sharif. La llamada Alianza del Norte está integrada por cinco grupos en constante discordia, por lo cual Washington los ha utilizado sólo para entrar y volver a salir de Kabul, ya que la toma de la capital afgana sería responsabilidad de fuerzas combinadas de EE.UU. e Inglaterra. El pretexto es que no han logrado una alianza representativa que asuma el gobierno y, por ende, los imperios coloniales tendrán la última palabra. Un gobierno títere provisional para esperar la reacción del Talibán ante el inminente invierno.
Otro de los aspectos silenciados es la verdadera cifra de víctimas del atentado a las torres gemelas del W.T.C. Según la Cruz Roja de los Estados Unidos, el número de víctimas es de 2,563 personas. Según la Associated Press es de 2,625 víctimas, de las cuales el 40 % eran extranjeros que laboraban en el país, por lo cual cerca de 1,500 fueron los ciudadanos norteamericanos muertos.
Un dato importante, poco difundido, fue el publicado por el periódico inglés "The Guardian" el pasado 2 de noviembre de 2001, cuando afirma que el WTC más que un símbolo del poder económico era un centro de la CIA y los servicios secretos. El sótano, 20 metros bajo tierra, almacenaba cientos de armas, incluyendo fusiles de asalto, bloques de cocaína y taxis falsos para operaciones secretas dentro del país, utilizando como fachada civil el centro financiero. Señala igualmente que el sótano del WTC era unos de los mayores depósitos de oro en el mundo, valorado en 350 millones de dólares.
Por otro lado, el atentado del WTC ha dejado en evidencia el discurso neoliberal, que presiona a los países pobres a apretarse el cinturón y aplicar la austeridad presupuestaria. Los países ricos como Estados Unidos imponen medidas que no aplican en sus propios territorios. Dicho en palabras del economista norteamericano Paul Krugman, son neoliberales para la exportación y keynesianos en su política interna.
El presidente Bush está solicitando 130 mil millones de dólares del Estado para hacer reflotar la economía estadounidense. Allí ni la económica del mercado ni la iniciativa privada asumirán los riesgos. Es el Estado el que activamente tomará decisiones, cosa que no recomiendan a otros. Todo lo contrario. El plan keynesiano de reducción de impuestos para aumentar la capacidad de consumo ciudadano, es interpretado al estilo Bush de tal forma que el 1% de la población estadounidense podrá ahorrar el 43% de impuestos, y por el contrario, el 20% de la ciudadanía que gana menos de 13 mil dólares anuales sólo verá reducido sus impuestos en un 0.8%.
Resulta altamente peligrosa la manipulación noticiosa a la cual se someten, casi voluntariamente o por temor lo medios masivos de comunicación ante la acción sistemáticamente de falsear y ocultar noticias por parte de las fuentes hegemónicas dirigidas por Estados Unidos, cuando impone la filosofía de los monos de Confucio para logra un apoyo masivo de una mayoría ciega, sorda y muda. Aquí se aplica aquéllo de "No hay secreto mejor guardado que el que todos prefieren ignorar".
Finalmente, resulta interesante la publicación del diario de la India (Times of India) sobre la vinculación del jefe de la Inteligencia de Pakistán, el teniente general Mahmoud Ahmad, con el supuesto cabecilla de los secuestradores del primer avión que se estrelló contra las torres gemelas, Mohamed Atta. El jefe de los espías pakistaníes llegó a Estados Unidos el 4 de septiembre, 7 días antes del atentado, en una "visita habitual de consulta" y es posible que tuviera contacto con Atta.
La publicación periodística está basada en un informe de inteligencia del gobierno de India en donde se señala que la Inteligencia Pakistaní (ISI) tenía vínculos con los supuestos perpetradores de los ataques del 11 de septiembre y a la vez vínculos directos con las agencias del gobierno estadounidense, en donde personas claves sabían de esos contactos y no actuaron. De todo esto se derivan dos conclusiones: la guerra actual es una acción de conquista con fachada antiterrorista y la evidencia de otras verdades comienzan a rodar por las calles sin que los medios masivos se enteren o porque prefieren, como escuderos de la guerra, asumir el papel de los monos de Confucio.
Mientras que en Hollywood, los emisarios del presidente George W. Bush se reúnen con los altos ejecutivos de los estudios y los sindicatos de la "Meca del Cine" con el fin de definir el papel del cine y la televisión en la actual guerra que ha comenzado en Afganistán, pero que no sabemos ni dónde ni cuándo acabará, se habla de los éxitos militares de la Alianza del Norte, tras la conquista de la estratégica ciudad afgana de Masar-i-Sharif. La llamada Alianza del Norte está integrada por cinco grupos en constante discordia, por lo cual Washington los ha utilizado sólo para entrar y volver a salir de Kabul, ya que la toma de la capital afgana sería responsabilidad de fuerzas combinadas de EE.UU. e Inglaterra. El pretexto es que no han logrado una alianza representativa que asuma el gobierno y, por ende, los imperios coloniales tendrán la última palabra. Un gobierno títere provisional para esperar la reacción del Talibán ante el inminente invierno.
Otro de los aspectos silenciados es la verdadera cifra de víctimas del atentado a las torres gemelas del W.T.C. Según la Cruz Roja de los Estados Unidos, el número de víctimas es de 2,563 personas. Según la Associated Press es de 2,625 víctimas, de las cuales el 40 % eran extranjeros que laboraban en el país, por lo cual cerca de 1,500 fueron los ciudadanos norteamericanos muertos.
Un dato importante, poco difundido, fue el publicado por el periódico inglés "The Guardian" el pasado 2 de noviembre de 2001, cuando afirma que el WTC más que un símbolo del poder económico era un centro de la CIA y los servicios secretos. El sótano, 20 metros bajo tierra, almacenaba cientos de armas, incluyendo fusiles de asalto, bloques de cocaína y taxis falsos para operaciones secretas dentro del país, utilizando como fachada civil el centro financiero. Señala igualmente que el sótano del WTC era unos de los mayores depósitos de oro en el mundo, valorado en 350 millones de dólares.
Por otro lado, el atentado del WTC ha dejado en evidencia el discurso neoliberal, que presiona a los países pobres a apretarse el cinturón y aplicar la austeridad presupuestaria. Los países ricos como Estados Unidos imponen medidas que no aplican en sus propios territorios. Dicho en palabras del economista norteamericano Paul Krugman, son neoliberales para la exportación y keynesianos en su política interna.
El presidente Bush está solicitando 130 mil millones de dólares del Estado para hacer reflotar la economía estadounidense. Allí ni la económica del mercado ni la iniciativa privada asumirán los riesgos. Es el Estado el que activamente tomará decisiones, cosa que no recomiendan a otros. Todo lo contrario. El plan keynesiano de reducción de impuestos para aumentar la capacidad de consumo ciudadano, es interpretado al estilo Bush de tal forma que el 1% de la población estadounidense podrá ahorrar el 43% de impuestos, y por el contrario, el 20% de la ciudadanía que gana menos de 13 mil dólares anuales sólo verá reducido sus impuestos en un 0.8%.
Resulta altamente peligrosa la manipulación noticiosa a la cual se someten, casi voluntariamente o por temor lo medios masivos de comunicación ante la acción sistemáticamente de falsear y ocultar noticias por parte de las fuentes hegemónicas dirigidas por Estados Unidos, cuando impone la filosofía de los monos de Confucio para logra un apoyo masivo de una mayoría ciega, sorda y muda. Aquí se aplica aquéllo de "No hay secreto mejor guardado que el que todos prefieren ignorar".
Finalmente, resulta interesante la publicación del diario de la India (Times of India) sobre la vinculación del jefe de la Inteligencia de Pakistán, el teniente general Mahmoud Ahmad, con el supuesto cabecilla de los secuestradores del primer avión que se estrelló contra las torres gemelas, Mohamed Atta. El jefe de los espías pakistaníes llegó a Estados Unidos el 4 de septiembre, 7 días antes del atentado, en una "visita habitual de consulta" y es posible que tuviera contacto con Atta.
La publicación periodística está basada en un informe de inteligencia del gobierno de India en donde se señala que la Inteligencia Pakistaní (ISI) tenía vínculos con los supuestos perpetradores de los ataques del 11 de septiembre y a la vez vínculos directos con las agencias del gobierno estadounidense, en donde personas claves sabían de esos contactos y no actuaron. De todo esto se derivan dos conclusiones: la guerra actual es una acción de conquista con fachada antiterrorista y la evidencia de otras verdades comienzan a rodar por las calles sin que los medios masivos se enteren o porque prefieren, como escuderos de la guerra, asumir el papel de los monos de Confucio.