Los estilos de vida y los accidentes de tránsito
Nos podemos documentar cada día sobre la situación nacional, a través de los medios de comunicación social: prensa escrita, radio, televisión o comentarios de oficina y pasillos. De manera más formal y confiable, tenemos las estadísticas de los sucesos nacionales que nos afectan, como el informarnos sobre el aumento exuberante de los accidentes de tránsito, de las defunciones por accidentes o atropello. Impacta, independientemente de la edad, sexo, condición social, observamos cómo nuestras carreteras se han convertido en "autopistas".
Los automovilistas aceleran sus vehículos sin tener carretera para semejantes velocidades, sin evaluar la presencia de otros automóviles o peatones. Esta es una de las situaciones que se presentan. Otras son los conductores que se sienten super poderosos en sus "naves", no hay cortesía en las carreteras de un conductor para con otro, ¿no le ha ocurrido a usted que al indicar con sus luces que cambiará de carril, el vehículo que está detrás en ese carril le cierra el paso? Esto nos hace sentir en medio de la salvajidad del más poderoso contra el más débil.
Las Estadísticas de los últimos diez años nos indican que las defunciones por accidentes de tránsito han aumentado anualmente hasta un 40%. Es alarmante cuando analizamos que hace unos años atrás, el número de muertos por accidentes de tránsito no superaba los días del año, eso pasó a la historia. En la reflexión de esa situación expresamos una hipótesis que el tiempo se encargará de probarla, hacerla cierta o anularla. Buscamos una explicación a tantos errores cometidos por seres con capacidad de razonar ¡sí!. Estos errores no sólo quedan allí, traen mucho dolor al seno familiar de los heridos e implicados. Lastiman, traumatizan, los costos morales y emocionales son mayores que los económicos que se puedan producir.
Nuestra hipótesis dice: el riesgo de sufrir accidentes automovilísticos va en relación directa con el estilo de vida de los conductores. ¿Qué sabemos de la persona que conduce delante de nosotros, detrás o al lado? No sabemos de dónde viene, qué costumbres tiene, cuál es la condición de su vehículo, cuál es su estado de salud físico y mental? ¿Será que nuestra sociedad ha transferido y expresa con nuestras actuaciones en las carreteras, su propia crisis social, económica y moral?.
En nuestro mundo tan moderno, los seres humanos estamos agobiados por una serie de factores que a muchos nos llevan a verdaderas crisis, que no sabemos manejar, no logramos controlar las angustias producidas por elementos internos y externos del ambiente que nos rodea. De allí entonces todos esos sentimientos reprimidos, deseos, temores, son proyectados en la carretera: velocidad excesiva fuera de límites, falta de cortesía, grosería en el manejo, incumplimiento de las normas establecidas por las autoridades del tránsito, como: no obedecer los altos indicados por seguridad, cruce de carriles sin precaución, cruce de calles por peatones sin tomar los cuidados correspondientes y evitar el riesgo de ser atropellados, descuido en el manejo, automóviles, autobuses, camiones, equipo pesado que no guardan las condiciones de seguridad de su estructura física y motor.
Sin dejar por fuera otros factores que son causantes de alto porcentaje de incidencia de los accidentes de tránsitos, el abuso en el consumo de bebidas alcohólicas y el uso de drogas prohibidas. Todos debemos poner un alto a esta situación cuidándonos y cuidando a los demás.
Todo conductor de carro conlleva la responsabilidad de su propia vida y las de otros pasajeros, peatones y ocupantes de otros automóviles. No todos los conductores tienen una salud mental estable que les permita resolver la vida de la manera más positiva, las frustraciones, los estilos de vida influyen directamente en su salud mental.
La sociedad en su conjunto, tanto autoridades gubernamentales, grupos no gubernamentales, trabajadores de la salud debemos hacer un alto, reflexionar y buscar rápidas soluciones a esta situación que cada día es más crítica; lastimando la vida y el desarrollo de esta nación; no podemos ser competitivos como profesionales o técnicos, si algo tan sencillo como es conducir un automóvil tantas veces, termina en un horroroso espectáculo. ¿Diga usted si hoy en día siente el mismo nivel de seguridad en las carreteras que hace años atrás?. Si nos hicieran un examen de nuestra salud mental como requisito para obtener una licencia de conducir, el 50% nos quedaríamos con las ganas de obtenerla. Sí los padres midiéramos el peligro que representa un volante en las manos de un menor de edad, habrían menos hogares con luto.
Las autoridades propias del ramo también tienen su parte de culpa, algunos conductores cometen faltas delante de los agentes del tránsito y estos los dejan pasar por alto. Debe existir un programa permanente de educación vial, tanto para conductores nuevos como para infractores, peatones involucrados en accidentes, lastimosamente, sólo la disciplina normada nos hace algo responsables de nuestra propia vida.
Los automovilistas aceleran sus vehículos sin tener carretera para semejantes velocidades, sin evaluar la presencia de otros automóviles o peatones. Esta es una de las situaciones que se presentan. Otras son los conductores que se sienten super poderosos en sus "naves", no hay cortesía en las carreteras de un conductor para con otro, ¿no le ha ocurrido a usted que al indicar con sus luces que cambiará de carril, el vehículo que está detrás en ese carril le cierra el paso? Esto nos hace sentir en medio de la salvajidad del más poderoso contra el más débil.
Las Estadísticas de los últimos diez años nos indican que las defunciones por accidentes de tránsito han aumentado anualmente hasta un 40%. Es alarmante cuando analizamos que hace unos años atrás, el número de muertos por accidentes de tránsito no superaba los días del año, eso pasó a la historia. En la reflexión de esa situación expresamos una hipótesis que el tiempo se encargará de probarla, hacerla cierta o anularla. Buscamos una explicación a tantos errores cometidos por seres con capacidad de razonar ¡sí!. Estos errores no sólo quedan allí, traen mucho dolor al seno familiar de los heridos e implicados. Lastiman, traumatizan, los costos morales y emocionales son mayores que los económicos que se puedan producir.
Nuestra hipótesis dice: el riesgo de sufrir accidentes automovilísticos va en relación directa con el estilo de vida de los conductores. ¿Qué sabemos de la persona que conduce delante de nosotros, detrás o al lado? No sabemos de dónde viene, qué costumbres tiene, cuál es la condición de su vehículo, cuál es su estado de salud físico y mental? ¿Será que nuestra sociedad ha transferido y expresa con nuestras actuaciones en las carreteras, su propia crisis social, económica y moral?.
En nuestro mundo tan moderno, los seres humanos estamos agobiados por una serie de factores que a muchos nos llevan a verdaderas crisis, que no sabemos manejar, no logramos controlar las angustias producidas por elementos internos y externos del ambiente que nos rodea. De allí entonces todos esos sentimientos reprimidos, deseos, temores, son proyectados en la carretera: velocidad excesiva fuera de límites, falta de cortesía, grosería en el manejo, incumplimiento de las normas establecidas por las autoridades del tránsito, como: no obedecer los altos indicados por seguridad, cruce de carriles sin precaución, cruce de calles por peatones sin tomar los cuidados correspondientes y evitar el riesgo de ser atropellados, descuido en el manejo, automóviles, autobuses, camiones, equipo pesado que no guardan las condiciones de seguridad de su estructura física y motor.
Sin dejar por fuera otros factores que son causantes de alto porcentaje de incidencia de los accidentes de tránsitos, el abuso en el consumo de bebidas alcohólicas y el uso de drogas prohibidas. Todos debemos poner un alto a esta situación cuidándonos y cuidando a los demás.
Todo conductor de carro conlleva la responsabilidad de su propia vida y las de otros pasajeros, peatones y ocupantes de otros automóviles. No todos los conductores tienen una salud mental estable que les permita resolver la vida de la manera más positiva, las frustraciones, los estilos de vida influyen directamente en su salud mental.
La sociedad en su conjunto, tanto autoridades gubernamentales, grupos no gubernamentales, trabajadores de la salud debemos hacer un alto, reflexionar y buscar rápidas soluciones a esta situación que cada día es más crítica; lastimando la vida y el desarrollo de esta nación; no podemos ser competitivos como profesionales o técnicos, si algo tan sencillo como es conducir un automóvil tantas veces, termina en un horroroso espectáculo. ¿Diga usted si hoy en día siente el mismo nivel de seguridad en las carreteras que hace años atrás?. Si nos hicieran un examen de nuestra salud mental como requisito para obtener una licencia de conducir, el 50% nos quedaríamos con las ganas de obtenerla. Sí los padres midiéramos el peligro que representa un volante en las manos de un menor de edad, habrían menos hogares con luto.
Las autoridades propias del ramo también tienen su parte de culpa, algunos conductores cometen faltas delante de los agentes del tránsito y estos los dejan pasar por alto. Debe existir un programa permanente de educación vial, tanto para conductores nuevos como para infractores, peatones involucrados en accidentes, lastimosamente, sólo la disciplina normada nos hace algo responsables de nuestra propia vida.