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Los eufemismos de la economía panameña


La economía, con paso firme y decidido, está desplazando a la politiquería partidista como tema de tertulias que espontáneamente se forman dentro del seno familiar o amical, lo malo es que su discusión se da con esos mismos defectos característicos de nuestra mentalidad de “pueblo chico, infierno grande”; son conversaciones que se traducen a nivel nacional cuando personalidades notorias se reúnen frente a una cámara para repetir aquellos eufemismos como “la culpa de todo la tiene el gobierno”, “la economía panameña crecerá”, etc. e intentar darle forma a opinión pública ingenua. Si bien es cierto que hay veracidad en esas afirmaciones, existe un trasfondo mucho más apegado a la realidad en los oscuros rincones de lo omitido: porque el problema de la economía panameña es su enfoque no-científico; para solucionar sus apremiantes, seguimos usando la politiquería...
A mi criterio existen dos grandes componentes dignos de análisis antes de ensayar cualquier solución a la crisis: el estrictamente económico -el mal encausamiento de la inversión a manos del sector público y privado- y el psicológico, traducido en la falta de confianza de una sociedad con expectativas sombrías.
Más allá de todo el despilfarro de recursos que propicia la corrupción, el excedente -los réditos sobrantes después de reponer el capital constante y variable- ha sido mal invertido por parte del sector empresarial y gubernamental en actividades que no desarrollan, aún cuando ha marcado una progresiva alza desde a finales del sesenta en desmedro de las remuneraciones salariales. El progresivo uso improductivo del capital excedente es ejemplificado en el crecimiento sostenido de un mercado de consumo suntuario que apela a gustos donde la cartera del obrero no es bienvenida. Es evidente el boom que han tenido los lugares de esparcimiento nocturno, tiendas de marcas y diseñadores internacionales, eventos como el de Miss Universo, etc.
Los apologistas de los gremios ejecutivos dicen que estas empresas buscan el mercado turístico panameño, sin embargo, aquel boom del turismo todavía no ha llegado. Otros dicen que esto representa ingresos para todos los panameños. Yo digo que no, ni migajas, porque se ha comprobado que este enfoque reaganista -el famoso trickle-down effect- de ganancias que chorrean de arriba hacia bajo no funciona. Por ello, es fácil deducir que el mantenimiento de este mercado depende, de manera casi exclusiva, de una clase alta con poco gusto a la inversión.
Y esto no es nuevo: la historiografía nacional nos indica que la burguesía panameña nunca ha gustado de la inversión productiva. Durante nuestra anexión a la hermana Colombia, las clases dirigentes se mantenían con la especulación de bienes raíces en tiempos de bonanza canalera y con empleos en el sector público durante las subsiguientes depresiones.
El comercio y la industria -esta última generadora de una mayor cantidad de empleos- estaban entonces y continúan ahora en manos extranjeras. Por ello, el aumento del poder adquisitivo de los trabajadores de estas empresas tiene como alto costo la fuga de capitales del país.
Las expectativas derrotistas y la falta de confianza del público es el otro componente elemental de la crisis. Muchos apologistas gubernamentales hablan de que Panamá es un paraíso para la inversión. Sí, es un Edén pero depende del árbol del cual se coma. Si se come del centro bancario internacional, no se paga impuestos. Si se es una empresa extranjera, hay que competir con las de perder frente a una empresa nacional ineficiente que gana la licitación por cuestiones políticas.
El capital siempre ha sido temeroso y desconfiado y por ello, cuando ve esta clase de situaciones, se va y no le importa con el que tiene hambre. Y el que no tiene nada que comer es el peor publicista de un país. Cuando hay miseria, el conflicto es probable y la seguridad jurídica de una nación puede estar en peligro.
Finalmente, hay que recordar que estos dos componentes de la crisis son coyunturales, son propios del funcionamiento del sistema. Hay un trasfondo más negro que tristemente Panamá no puede dedicarse a tratar ni en un futuro lejano; falta voluntad crítica para analizar las conveniencias del sistema actual de relaciones económicas y ver su grado de culpabilidad en los problemas sufridos.
Entonces, si la razón y el sentido común nos acompañan en ese futuro, podremos saber cuan corta fue la definición actual de economía y cuan escondido estaba su verdadero significado...
(eloyfisher@hotmail.com)

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