Los excavadores: un monumento merecido
La historia suele recuperar a sus héroes, esos personajes que le dan sentido y quienes, en fin de cuentas, son sus arquitectos estelares.
Al inicio de siglo, decenas de miles de trabajadores antillanos (excavadores) arribaron al istmo de Panamá para construir la vía de agua que más tarde, literalmente, uniría al mundo. Esos excavadores constituyeron la principal fuerza laboral que construyó el Canal de Panamá y que ofreció, por décadas, mantenimiento a éste, así como a las tierras adyacentes. Los excavadores trabajaron y vivieron en condiciones infrahumanas y padecieron los rigores de un régimen salarial desigual y discriminatorio bajo el desigual sistema del Gold y Silver Roll impuesto por el Gobierno de los Estados Unidos en la Zona del Canal de Panamá.
Múltiples han sido los estudios e investigaciones que dan cuenta de las luchas que libraron, tanto los excavadores, como los hijos y nietos, en contra de la segregación estadounidense en la franja canalera. En esas batallas por la dignidad descollaron dirigentes de la estatura moral de William Preston Stoute, Samuel White y Edward Gaskin, entre muchos otros. Esos titánicos esfuerzos por la justicia laboral, la igualdad racial y la tolerancia, encontraron mucho de su fortaleza en las instituciones sociales y culturales de esos hombres y mujeres procedentes del Caribe, tales como, las iglesias, escuelas, logias, organizaciones mutualistas y clubes. Fueron éstos, pilares de las luchas desplegadas por esas épocas.
A estas alturas no cabe duda que la presencia y el trabajo de los antillanos en el istmo contribuyó, de forma significativa, a la construcción del tejido económico, social y cultural de la joven república de aquel entonces. Esos aportes están a prueba de cualquier mezquindad que pretendiese disminuir su impacto en el fortalecimiento de nuestro Estado nacional.
En décadas recientes, nietos y bisnietos de los excavadores, tanto en Panamá, como en Estados Unidos, han continuado la lucha iniciada por éstos últimos, a principio de siglo, y han participado en la promoción de la igualdad económica y social, así como el respeto a la diversidad cultural y la tolerancia.
En fecha reciente, se celebró en esta capital la XXIV Conferencia de la Asociación de Estudios del Caribe, evento que contó con más de 350 delegados, provenientes de 32 países de varios continentes, quienes debatieron en relación a problemas del Gran Caribe dentro del proceso de globalización. El diseño programático de la conferencia estuvo a cargo del Dr. George Priestley, un catedrático panameño, egresado de la Universidad de Columbia (USA). Priestley hizo propicia la ocasión para someter a la consideración del Pleno de la Conferencia, el texto de una Resolución, exaltando la memoria y contribución de los constructores del Canal, y exhortando al gobierno a erigir un monumento dedicado a los excavadores.
Es por todo lo dicho que, hoy día, no puede producir menos que regocijo, el anuncio hecho por la Comisión del Canal de Panamá, de erigir un monumento significativo, en un sitio prominente en la antigua Zona del Canal, a la memoria, la labor y la contribución de los excavadores, heroicos hombres y mujeres antillanos, que construyeron el Canal de Panamá con su sudor, sangre y trabajo.
Al inicio de siglo, decenas de miles de trabajadores antillanos (excavadores) arribaron al istmo de Panamá para construir la vía de agua que más tarde, literalmente, uniría al mundo. Esos excavadores constituyeron la principal fuerza laboral que construyó el Canal de Panamá y que ofreció, por décadas, mantenimiento a éste, así como a las tierras adyacentes. Los excavadores trabajaron y vivieron en condiciones infrahumanas y padecieron los rigores de un régimen salarial desigual y discriminatorio bajo el desigual sistema del Gold y Silver Roll impuesto por el Gobierno de los Estados Unidos en la Zona del Canal de Panamá.
Múltiples han sido los estudios e investigaciones que dan cuenta de las luchas que libraron, tanto los excavadores, como los hijos y nietos, en contra de la segregación estadounidense en la franja canalera. En esas batallas por la dignidad descollaron dirigentes de la estatura moral de William Preston Stoute, Samuel White y Edward Gaskin, entre muchos otros. Esos titánicos esfuerzos por la justicia laboral, la igualdad racial y la tolerancia, encontraron mucho de su fortaleza en las instituciones sociales y culturales de esos hombres y mujeres procedentes del Caribe, tales como, las iglesias, escuelas, logias, organizaciones mutualistas y clubes. Fueron éstos, pilares de las luchas desplegadas por esas épocas.
A estas alturas no cabe duda que la presencia y el trabajo de los antillanos en el istmo contribuyó, de forma significativa, a la construcción del tejido económico, social y cultural de la joven república de aquel entonces. Esos aportes están a prueba de cualquier mezquindad que pretendiese disminuir su impacto en el fortalecimiento de nuestro Estado nacional.
En décadas recientes, nietos y bisnietos de los excavadores, tanto en Panamá, como en Estados Unidos, han continuado la lucha iniciada por éstos últimos, a principio de siglo, y han participado en la promoción de la igualdad económica y social, así como el respeto a la diversidad cultural y la tolerancia.
En fecha reciente, se celebró en esta capital la XXIV Conferencia de la Asociación de Estudios del Caribe, evento que contó con más de 350 delegados, provenientes de 32 países de varios continentes, quienes debatieron en relación a problemas del Gran Caribe dentro del proceso de globalización. El diseño programático de la conferencia estuvo a cargo del Dr. George Priestley, un catedrático panameño, egresado de la Universidad de Columbia (USA). Priestley hizo propicia la ocasión para someter a la consideración del Pleno de la Conferencia, el texto de una Resolución, exaltando la memoria y contribución de los constructores del Canal, y exhortando al gobierno a erigir un monumento dedicado a los excavadores.
Es por todo lo dicho que, hoy día, no puede producir menos que regocijo, el anuncio hecho por la Comisión del Canal de Panamá, de erigir un monumento significativo, en un sitio prominente en la antigua Zona del Canal, a la memoria, la labor y la contribución de los excavadores, heroicos hombres y mujeres antillanos, que construyeron el Canal de Panamá con su sudor, sangre y trabajo.