Los fantasmas de Tlatelolco
Treinticuatro años después de los sangrientos sucesos de la plaza de Tlatelolco, las autoridades judiciales de México han llamado a declarar al ex - Presidente Luis Echeverría, quien por entonces se desempeñaba como Secretario de Gobernación del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. Sobre lo que ocurrió en la plaza de las tres culturas o de Tlatelolco circulan varios libros que recogen versiones extraoficiales. Sin embargo, hasta ahora el establishment mexicano no había efectuado ningún esfuerzo para determinar quién ordenó los disparos de las fuerzas militares contra los estudiantes y quién o quiénes por ende merecen sanción penal por aquellas atrocidades.
Antes de su fallecimiento, Díaz Ordaz asumió la responsabilidad política como jefe del Poder Ejecutivo por la orden oficial de ordenar el desplazamiento de contingentes militares hacia la plaza de Tlatelolco. Esta responsabilidad asumida por Díaz Ordaz al parecer exoneraba de culpa a Echeverría. El libro "La Herencia" escrito por el actual canciller mexicano Jorge Castañeda, recogió a manera de entrevista periodística el testimonio personal del ex - presidente Díaz Ordaz, en la que reitera que la orden de salvaguardar el orden público en Tlatelolco- no por supuesto disparar a mansalva a los estudiantes izquierdistas allí concentrados - partió de su orden directa y fue ejecutada por el Secretario de Defensa. Sin embargo, durante el largo régimen del PRI, el poder judicial mexicano se limitó a simulacros de investigaciones.
La masacre de Tlatelolco en 1968 conmocionó a México y el mundo. El poeta Octavio Paz, por entonces embajador en la India, renunció al cargo en señal de protesta. Pero el resto de diplomáticos y altos funcionarios estatales siguieron atornillados a los puestos. La prensa mexicana, con excepción de "Excelsior" bajo la dirección del escritor Julio Scherer, se limitó a reproducir las versiones gubernamentales. Tiempo después, el gobierno de Díaz Ordaz con la activa complicidad de Echeverría provocó la salida de Scherer y sus colaboradores de "Excelsior" y movió piezas para que la cooperativa del diario pusiera en la dirección a un manzanillo. La libertad de prensa tuvo su incruento Tlatelolco bajo las intrigas del PRI.
Tlatelolco dejó un estigma de oscuridad y desinformación. Nunca se conoció el exacto número de los estudiantes acribillados a balazos. Algunas versiones sembradas por el oficialismo insinuaron que los disparos partieron de los grupos de estudiantes. Otras versiones antigubernamentales sostuvieron que el gobierno manipuló provocadores embozados entre los estudiantes para atizar la violencia. Los mexicanos de la generación del sesenta recuerdan a los Halcones, grupos de paramilitares entrenados en artes marciales asiáticas para disolver manifestaciones estudiantiles y antigubernamentales en general.
Para bien o para mal, México está cambiando. Está en presidio el hermano del presidente Carlos Salinas de Gortari, el discutido Raúl Salinas, por tenencia ilícita de grandes sumas de dinero. Y por vez primera un ex presidente de la república es citado por un juzgado. Pero todavía los fantasmas de Tlatelolco no reposan en paz por la ausencia de justicia.
Antes de su fallecimiento, Díaz Ordaz asumió la responsabilidad política como jefe del Poder Ejecutivo por la orden oficial de ordenar el desplazamiento de contingentes militares hacia la plaza de Tlatelolco. Esta responsabilidad asumida por Díaz Ordaz al parecer exoneraba de culpa a Echeverría. El libro "La Herencia" escrito por el actual canciller mexicano Jorge Castañeda, recogió a manera de entrevista periodística el testimonio personal del ex - presidente Díaz Ordaz, en la que reitera que la orden de salvaguardar el orden público en Tlatelolco- no por supuesto disparar a mansalva a los estudiantes izquierdistas allí concentrados - partió de su orden directa y fue ejecutada por el Secretario de Defensa. Sin embargo, durante el largo régimen del PRI, el poder judicial mexicano se limitó a simulacros de investigaciones.
La masacre de Tlatelolco en 1968 conmocionó a México y el mundo. El poeta Octavio Paz, por entonces embajador en la India, renunció al cargo en señal de protesta. Pero el resto de diplomáticos y altos funcionarios estatales siguieron atornillados a los puestos. La prensa mexicana, con excepción de "Excelsior" bajo la dirección del escritor Julio Scherer, se limitó a reproducir las versiones gubernamentales. Tiempo después, el gobierno de Díaz Ordaz con la activa complicidad de Echeverría provocó la salida de Scherer y sus colaboradores de "Excelsior" y movió piezas para que la cooperativa del diario pusiera en la dirección a un manzanillo. La libertad de prensa tuvo su incruento Tlatelolco bajo las intrigas del PRI.
Tlatelolco dejó un estigma de oscuridad y desinformación. Nunca se conoció el exacto número de los estudiantes acribillados a balazos. Algunas versiones sembradas por el oficialismo insinuaron que los disparos partieron de los grupos de estudiantes. Otras versiones antigubernamentales sostuvieron que el gobierno manipuló provocadores embozados entre los estudiantes para atizar la violencia. Los mexicanos de la generación del sesenta recuerdan a los Halcones, grupos de paramilitares entrenados en artes marciales asiáticas para disolver manifestaciones estudiantiles y antigubernamentales en general.
Para bien o para mal, México está cambiando. Está en presidio el hermano del presidente Carlos Salinas de Gortari, el discutido Raúl Salinas, por tenencia ilícita de grandes sumas de dinero. Y por vez primera un ex presidente de la república es citado por un juzgado. Pero todavía los fantasmas de Tlatelolco no reposan en paz por la ausencia de justicia.