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Los héroes de Vieques y Guaynabo


Los teóricos de la unidad latinoamericana tienen razón cuando, entre los elementos comunes que compartimos incluyen la misma historia e igual problemática y destino. Y en esa perspectiva, poco nos impresiona tanto como el paralelo entre Panamá y Puerto Rico, al que nos hemos referido en diversas ocasiones. No abundaremos esta vez en ello, pero en cambio, comentaremos la heroica resistencia pacífica de los humildes vecinos de Vieques y Guaynabo, allá en la Isla del Encanto.
Desde principios de siglo, tras arrebatar años antes a España el dominio de Puerto Rico, Estados Unidos erigió en la diminuta isla de Vieques, poblado de pescadores artesanales, una base naval que sirve de eslabón para el control estratégico del Caribe, "Mare Nostrum" norteamericano en nuestro continente.
Décadas de ocupación y prácticas de tiros desde aviones, con ejercicios de desembarco previo, ablandamiento de la artillería naval, han hecho de Vieques un inmenso polígono de tiro, como esos que nos dejan hartos de explosivos a flor de tierra en tres mil hectáreas de Chivo Chivo y Emperador, para que las limpiemos como podamos, a pico y pala, o con nuestras vidas.
Pero desde hace dos años para acá, algo ha cambiado en Vieques. La minúscula población de nueve mil almas está harta de convivir con la base naval y, en especial, ya no tolera las explotaciones, los tiros y los ejercicios militares que hace un par de meses causaron la muerte en su casa de un conocido pescador. Tras dos guerras mundiales y miles de puertorriqueños que han muerto bajo la bandera de Estados Unidos, los habitantes de Vieques sienten que ya aportaron más que suficiente y que, tras ganar la Guerra Fría, lo menos que se merecen es vivir en paz, bajo el esplendoroso sol del Caribe y el rumor de las olas del más bello mar del planeta.
A pocos milímetros pero en la isla principal, en la ciudad de Guaynabo, tiene inicio el mismo capítulo del que Vieques se quiere liberar. Desde Panamá está llegando un nutrido contingente militar y civil del Comando Sur, que ha sido trasladado inicialmente a Fuerte Buchanan. Los habitantes de Guaynabo están iracundos, por más que se les ha explicado que su ciudad recibirá un beneficioso impacto de 80 millones de dólares por año. Las protestas pacíficas no cesan en toda la isla.
El presidente Clinton tuvo hace poco un gesto conciliador, al liberar a tres independentistas que pagaban larga condena. Explicó el mandatario que eran presos de conciencia, -políticos, diríamos, sin eufemismo-, que no representaban peligro alguno, cuya liberación se condicionó a la renuncia a los métodos de lucha violenta.
La lucha de Puerto Rico registró el año pasado su más resonante victoria cuando en un plebiscito, rechazó por enésima vez ser un estado norteamericano más. Y es indudable que su sentimiento genético por su identidad propia los impulsará el próximo milenio a exigir mayor respeto de su autonomía dentro de la relación especial que desean conservar con Estados Unidos.


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