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Los hijos del sindicalismo


LOS últimos 20 años del siglo XX se caracterizaron por el triunfo total del neoliberalismo. En el aspecto político, la guerra fría terminó con el triunfo indiscutible del capitalismo debido al estrepitoso derrumbe del sistema socialista mundial. En lo económico, no cabe duda que la "mano invisible" del mercado hizo de la suyas, al producir enormes ganancias y acumulación de riquezas a los grandes consorcios internacionales. En el campo ideológico, la imposición conceptual de ajustes estructurales de cara a la globalización fue la característica de la época, resumida en el llamado "consenso de Washington".
En el otro extremo, se produjo la reducción numérica y sustancial de los sindicatos, vistos como "distorsiones del mercado" que provocan gasto social innecesario. Pero el triunfo del sindicalismo mundial y nacional fue su sobrevivencia a un proceso que amenazaba con extinguirlos.
Los balances de los propios organismos de financiamiento internacional así como la OIT y la ONU acerca de la eficacia de las políticas neoliberales que se concretaron en medidas como la privatización de empresas estatales; la reducción de la planilla estatal; la flexibilización de los mercados (incluyendo la desregulación laboral); las integraciones económicas regionales, etc. concluyen que dichas medidas produjeron un gran crecimiento de la riqueza, pero concentrada en cada vez menos manos; por lo que en países como Panamá, aumentó el desempleo, la pobreza y la brecha entre ricos y pobres; de allí los acuerdos sobre reducción de la pobreza antes del 2015; condonación de deuda a los países más pobres, etc.
Cada quien hizo lo propio para sobrevivir y el movimiento sindical encontró en el diálogo social una herramienta para enfrentar "la mano invisible" del mercado, debido que se hizo patente que el sistema intentaba acabar no sólo con los sindicatos, sino con las mismas empresas nacionales.
Los trabajadores se vieron obligados a estudiar, hacer propuestas y publicitarlas, en aras de la sobrevivencia del propio sistema, como garantía de su propia sobrevivencia porque el sindicalismo es hijo del sistema capitalista y el desarrollo del capitalismo salvaje significó que las trasnacionales impondrían a nuestros países un capitalismo nacional dependiente de sus dictámenes.
Una forma efectiva de garantizar los espacios de diálogo ya no sólo para sobrevivir, sino para enfrentar a ese capitalismo salvaje que provoca pobreza, miseria y violencia social, ha sido la unidad del movimiento sindical, que de una consigna romántica se convierte en una necesidad histórica inmediata, impostergable. Los sindicatos en su mayoría lo han entendido, y han dado pasos concreto en esa dirección.
En Octubre del presente año, se realizará la histórica fusión de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL) con la Confederación Mundial del Trabajo (CMT) y Federaciones de Sindicatos de varios países sobre todo de Arabia, etc. Ello conlleva a la unificación en América Latina de la Organización Regional Interamericana de Trabajadores (ORIT) con la Central Latinoamericana de Trabajadores (CLATE). Este proceso se viene gestando desde hace varios años y supone la integración en una sola organización mundial sindical, de más de 300 millones de trabajadores así como la unificación de una gran parte de los sindicatos latinoamericanos. Antes en 2001, se fundó el Sindicato Global, bajo el nombre de Union Networt Internacional (UNI), cuya sede para América Latina está en Panamá, como parte de ese proceso.
La Federación Sindical Mundial (FSM) se ha declarado observadora de los procesos de unificación descritos y no niega la posibilidad de integrarse en un futuro cercano a lo que se ha dado en llamar la quinta internacional, más poderosa que las anteriores, pero con muchos más retos por delante, lo que unificaría a todos los sindicatos del mundo prácticamente.
Recientemente se realizó el Congreso constitutivo de la Coordinadora Unitaria de Trabajadores de Panamá (CUT), como un organismo sindical para impulsar el desarrollo socio-económico del país y no para ser exclusivamente contestatario , lo cual refleja la visión del nuevo sindicalismo, promovido como dijera uno de sus dirigentes por los hijos del antiguo sindicalismo que serán los padres de las futuras organizaciones sociales, constituidas para aportar al desarrollo y enfrentar la explotación nacional e internacional que promueve el capitalismo salvaje.
La CUT fue constituida por tres de las ocho centrales nacionales existentes (Convergencia Sindical; CNTP y FENASEP) o sea, que no significa una división más del sindicalismo panameño, sino su unificación, agrupando aproximadamente el 32% de los afiliados a CONATO; 95 de los 350 sindicatos existentes en el país, con presencia en todas las ramas de la actividad económica, incluido el sector público. En un llamado histórico, desde la tribuna del Congreso, se invitó a la CTRP (17.64% de los afiliados a CONATO) a participar de este esfuerzo de unidad, en el entendimiento que los hijos del sindicalismo nacional abrirán el sendero del cambio, para bien de los trabajadores.
(ayalaabogado@hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
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