Los límites del consenso
RECIENTEMENTE, Raúl Leis se ha preguntado dónde está el Foro 2020, y se responde afirmando que estará "donde queramos que esté". Cuando se pregunta cuál es la razón del silencio de lo que es invisible, sugiere esta hipótesis: "Creo que la razón central de la invisibilización fue la división de opiniones y compromisos dentro del Foro, en razón de las reformas constitucionales que impulsó el actual gobierno y que hoy están vigentes. El temor a una confrontación de posiciones a lo interno del Foro pudo más que la capacidad instalada de generar los consensos posibles que era el distintivo del Foro".
Hace ya cerca de un año que el Foro 2020 se reunió por última vez. Funcionó durante dos años (desde mayo de 2002 hasta abril de 2004) con los auspicios del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que contrató a un coordinador general (tres personas distintas desempeñaron dicho cargo en distintos momentos), pagó las publicaciones del Foro y sufragó los gastos de las asambleas generales, que fueron unas cuatro o cinco. Al cesar el apoyo del PNUD, se estudiaron varias alternativas de financiamiento, pero ninguna cuajó. La reunión que debió hacerse en agosto no se hizo porque no había medios para hacerla, como el propio Raúl sabe.
Como el amigo Raúl fue una de las personas que más aportó a este proyecto, y conoció de cerca sus dificultades, corresponde que intercambiemos algunas reflexiones, así, en público. Para empezar, no creo que los movimientos sociales surgen por la sola voluntad de sus integrantes. Se requiere siempre una mezcla de elementos objetivos y subjetivos, pues la voluntad de los individuos juega un papel limitados en un escenario muy complejo. El Foro 2020 surgió en un momento muy específico del proceso político del gobierno anterior y sería una falacia creer que el mismo espacio puede ser replicado con abstracción de las circunstancias de contexto que lo originaron. Hace falta un análisis sobrio acerca de cuál es el espacio temático de la participación ciudadana en el actual proceso político y cuáles son sus modalidades de intervención. No hay que descartar la posibilidad de constituir un nuevo espacio, quizás heredero de aquél, quizás no, en el que se vinculen temas dispersos, o se establezca una nueva agenda de intereses ciudadanos.
Pensando en voz alta, quizás lo que proceda sea reactivar la Asamblea de la Sociedad Civil, integrada sólo por organizaciones no gubernamentales. No obstante, tendría que encontrar un tema que lo aglutine, y a partir del cual pueda crecer y evolucionar, porque la participación no tiene que ver con figuración, sino con contenido.
También podría ser que la participación ciudadana no tenga un foro único y se desarrolle a través de una diversidad de canales institucionales sin nexos orgánicos. Donde creo que Leis comete una injusticia es en adjudicarle a la "división de opiniones" sobre las reformas constitucionales y al "temor de una confrontación de posiciones a lo interno del Foro" la razón de ser del desvanecimiento del Foro 2020. Desde el primer momento en que la Mesa Nueva Constitución del Foro 2020 se reunió hubo división de opiniones y nunca dejó de haberlas. Reunión tras reunión, hubo "confrontación de posiciones" diversas. Y apartir de allí se formaron consensos, que siempre fueron parciales, provisionales, y en ocasiones, inestables, pero que eran el resultado de un clima de tolerancia y positivismo y que, por lo tanto, constituyeron un avance. Lo que no hubo fue intolerancia, insulto, y el propósito de desacreditar a los interlocutores en el diálogo, que fue la tónica de la discusión en el Grupo Dinamizador cuando el Presidente electo presentó su propuesta de reformas constitucionales, y sobre lo cual Leis prefiere guardar un inexplicable silencio.
Sigo pensando que la democracia panameña necesita una nueva Constitución, pero no creo que la sociedad civil puede sustituir a los partidos en ese intento. Desde mi posición, he intentado persuadir, convencer, orientar, educar a la ciudadanía en general, y a la clase política en particular, sobre las bondades de un cambio constitucional en una dirección específica. Expliqué públicamente que no podía atribuírsele al Foro 2020 una posición sobre las reformas constitucionales porque no se había reunido para considerarlas. Previsiblemente, el Foro (integrado por representantes de gobierno, partidos políticos y sociedad civil) no habría logrado una posición de consenso, aún si se hubiese reunido. A pesar de que expliqué en su momento que sólo una parte de las propuestas del Foro había sido consideradas en el paquete de reformas y que algunas de las modificaciones planteadas eran, en mi opinión, inconvenientes, fui víctima de ataques y desinformaciones dolosas por radio, prensa y televisión, por parte de los que buscaban utilizar el Foro para deslegitimar las reformas constitucionales, pues querían hacer ver que el Presidente electo había actuado contra el querer de la ciudadanía. Lo que se aprobó, finalmente, fue distinto de la propuesta original y fue el producto de negociaciones a lo interno de la Asamblea Legislativa entre legisladores de las distintas bancadas.
El Foro 2020 no murió por inanición. El Foro llegó hasta su límite, el consenso. El Grupo Dinamizador del Foro no dejó de reunirse porque sus miembros tuvieran "compromisos", sino porque se había enturbiado el ambiente de tolerancia y respeto mutuo que debía prevalecer ante la divergencia de opiniones. Como se ve, fue una mala mezcla de elementos objetivos y subjetivos. Es cierto que el contraste de pareceres no tiene por qué generar una aire viciado, pero no menos cierto es que las emisiones tóxicas todavía están allí, y rehúsan abandonar el espacio.
Estoy seguro que Leis concordará conmigo en que cualquier intento de relanzar el Foro 2020 o estimular el surgimiento de algo parecido debe hacerse en ausencia de sustancias contaminantes, pues es difícil construir algo intercambiando ideas por vituperio.
Hace ya cerca de un año que el Foro 2020 se reunió por última vez. Funcionó durante dos años (desde mayo de 2002 hasta abril de 2004) con los auspicios del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que contrató a un coordinador general (tres personas distintas desempeñaron dicho cargo en distintos momentos), pagó las publicaciones del Foro y sufragó los gastos de las asambleas generales, que fueron unas cuatro o cinco. Al cesar el apoyo del PNUD, se estudiaron varias alternativas de financiamiento, pero ninguna cuajó. La reunión que debió hacerse en agosto no se hizo porque no había medios para hacerla, como el propio Raúl sabe.
Como el amigo Raúl fue una de las personas que más aportó a este proyecto, y conoció de cerca sus dificultades, corresponde que intercambiemos algunas reflexiones, así, en público. Para empezar, no creo que los movimientos sociales surgen por la sola voluntad de sus integrantes. Se requiere siempre una mezcla de elementos objetivos y subjetivos, pues la voluntad de los individuos juega un papel limitados en un escenario muy complejo. El Foro 2020 surgió en un momento muy específico del proceso político del gobierno anterior y sería una falacia creer que el mismo espacio puede ser replicado con abstracción de las circunstancias de contexto que lo originaron. Hace falta un análisis sobrio acerca de cuál es el espacio temático de la participación ciudadana en el actual proceso político y cuáles son sus modalidades de intervención. No hay que descartar la posibilidad de constituir un nuevo espacio, quizás heredero de aquél, quizás no, en el que se vinculen temas dispersos, o se establezca una nueva agenda de intereses ciudadanos.
Pensando en voz alta, quizás lo que proceda sea reactivar la Asamblea de la Sociedad Civil, integrada sólo por organizaciones no gubernamentales. No obstante, tendría que encontrar un tema que lo aglutine, y a partir del cual pueda crecer y evolucionar, porque la participación no tiene que ver con figuración, sino con contenido.
También podría ser que la participación ciudadana no tenga un foro único y se desarrolle a través de una diversidad de canales institucionales sin nexos orgánicos. Donde creo que Leis comete una injusticia es en adjudicarle a la "división de opiniones" sobre las reformas constitucionales y al "temor de una confrontación de posiciones a lo interno del Foro" la razón de ser del desvanecimiento del Foro 2020. Desde el primer momento en que la Mesa Nueva Constitución del Foro 2020 se reunió hubo división de opiniones y nunca dejó de haberlas. Reunión tras reunión, hubo "confrontación de posiciones" diversas. Y apartir de allí se formaron consensos, que siempre fueron parciales, provisionales, y en ocasiones, inestables, pero que eran el resultado de un clima de tolerancia y positivismo y que, por lo tanto, constituyeron un avance. Lo que no hubo fue intolerancia, insulto, y el propósito de desacreditar a los interlocutores en el diálogo, que fue la tónica de la discusión en el Grupo Dinamizador cuando el Presidente electo presentó su propuesta de reformas constitucionales, y sobre lo cual Leis prefiere guardar un inexplicable silencio.
Sigo pensando que la democracia panameña necesita una nueva Constitución, pero no creo que la sociedad civil puede sustituir a los partidos en ese intento. Desde mi posición, he intentado persuadir, convencer, orientar, educar a la ciudadanía en general, y a la clase política en particular, sobre las bondades de un cambio constitucional en una dirección específica. Expliqué públicamente que no podía atribuírsele al Foro 2020 una posición sobre las reformas constitucionales porque no se había reunido para considerarlas. Previsiblemente, el Foro (integrado por representantes de gobierno, partidos políticos y sociedad civil) no habría logrado una posición de consenso, aún si se hubiese reunido. A pesar de que expliqué en su momento que sólo una parte de las propuestas del Foro había sido consideradas en el paquete de reformas y que algunas de las modificaciones planteadas eran, en mi opinión, inconvenientes, fui víctima de ataques y desinformaciones dolosas por radio, prensa y televisión, por parte de los que buscaban utilizar el Foro para deslegitimar las reformas constitucionales, pues querían hacer ver que el Presidente electo había actuado contra el querer de la ciudadanía. Lo que se aprobó, finalmente, fue distinto de la propuesta original y fue el producto de negociaciones a lo interno de la Asamblea Legislativa entre legisladores de las distintas bancadas.
El Foro 2020 no murió por inanición. El Foro llegó hasta su límite, el consenso. El Grupo Dinamizador del Foro no dejó de reunirse porque sus miembros tuvieran "compromisos", sino porque se había enturbiado el ambiente de tolerancia y respeto mutuo que debía prevalecer ante la divergencia de opiniones. Como se ve, fue una mala mezcla de elementos objetivos y subjetivos. Es cierto que el contraste de pareceres no tiene por qué generar una aire viciado, pero no menos cierto es que las emisiones tóxicas todavía están allí, y rehúsan abandonar el espacio.
Estoy seguro que Leis concordará conmigo en que cualquier intento de relanzar el Foro 2020 o estimular el surgimiento de algo parecido debe hacerse en ausencia de sustancias contaminantes, pues es difícil construir algo intercambiando ideas por vituperio.