Los medios no deben pasar agachados
El país se centra en el debate sobre el endurecimiento de las penas a los jóvenes y, entendiendo que las causas de la inseguridad ciudadana son múltiples, es necesario destacar el papel de los medios en esa violencia que nos azota. Al finalizar sus estudios secundarios, un/una joven normal ha pasado frente al televisor el doble del tiempo del que mantuvo como asistencia a la escuela. En ese tiempo su cerebro habrá recibido las imágenes y el sonido de unos 150,000 actos de violencia y de unas 25,000 muertes . En Estados Unidos (y esto es equiparable para Panamá) se calcula que hoy las imágenes violentas aparecen a razón de 25 veces por hora.
En su libro "Comunicación de masas" Charles R. Wright, plantea la posible conexión significativa entre la exposición a los medios masivos y la conducta delincuente, y asegura que influye negativamente en las pandillas del barrio, en las relaciones de familia perturbadas y en adolescentes con trastornos emocionales e inadaptados, que muestran una marcada preferencia por este material y encuentran en él una evidente satisfacción que podría reforzar sus tendencias delictivas.
Estudiantes de Sociología, para una tesis de la Universidad de Panamá, investigaron el alto nivel de concurrencia de hechos de violencia en programas televisados dirigidos a la niñez.
Lo cierto es que los medios de comunicación masivos se destacan en el panorama por su creciente y decisiva influencia en la creación de valores y antivalores en la ciudadanía.
El poder de los medios y la libertad que ellos expresan deben enriquecerse con una perspectiva orientadora, que sin menoscabar las libertades combatan la tendencia de reproducir y difundir valores individualistas, violentos, competitivos y consumistas en lugar de potenciar y multiplicar la formación de la conciencia ciudadana con valores como tolerancia, cooperación y solidaridad, esenciales para la formación en actitudes hacia lo colectivo. Según las encuestas, los medios de comunicación poseen mayor aceptación y credibilidad después de la Iglesia católica y mantienen una presencia importante; pero, al mismo tiempo, poseen "una contradicción peligrosa en su propia constitución y funcionamiento: desarrollan un servicio público y participan del espacio público en todos los sentidos que se pretenda dar a esta expresión, pero lo hacen desde una lógica privada que es la del mercado, cuando, como en nuestras sociedades están en manos mayoritariamente privadas". (Luciano Leiva). Los medios de comunicación deben aportar a unir, concertar, movilizar en lugar de fragmentar, atomizar y desmovilizar. En el fondo lo que subyace es la concepción que tenemos de los medios de comunicación. Estos no son los responsables, sino los que los poseen y determinan sus líneas a seguir (supeditados al rating) , pues" la culpa no es del cuchillo sino del asesino", como proclama Eduardo Galeano.
Todo proceso de incidencia social y política, lleva en sí mismo una propuesta de comunicación y viceversa. Si el eje lo definimos en base a un corte autoritario, le corresponderá un modelo comunicativo unidireccional y sin capacidad de generar identidades. Por el contrario, una propuesta sinérgica y participativa encontrará y necesitará de la capacidad comunicativa con posibilidad de interactuar y provocar la acción, el cambio y el intercambio.
Los medios deben ser una presencia formativa y vehículo importante para desarrollar en los receptores elementos de juicio que les permitan no sólo "asimilar" un mensaje, sino más importante que eso comparar ideas, discernir, reflexionar y elegir. No se trata instruir ni dar recetas, ni explicitar verdades eternas, sino "interpelar a los sujetos para que trabajen su opinión con más esfuerzo, motivar a escuchar y revisar lo que se piensa al descubrir experiencias y pensamientos de otros, observar los matices existentes entre lo bueno y lo malo, unir la dimensiones racionales con las afectivas".
Es importante distinguir entre estas características superficiales de la opinión pública o masiva y las actitudes más reflexivas y profundas que Yankelovich llama juicio público. Cuando las personas aceptan la responsabilidad por las consecuencias de sus opiniones, tenemos un caso claro de opinión calificada o juicio publico. El tiempo de transición de una opinión sin reflexión hacia la opinión calificada toma tiempo variable. Estar bien informado y emitir opiniones calificadas no son necesariamente sinónimos. Cuando la gente reflexiona las opiniones pueden cambiar. Es importante ayudar en la creación de estos juicios públicos al favorecer valoraciones y discernimientos que sirvan de guía frente a la realidad.
Los medios no pueden pasar agachados en medios de este debate, pues tienen responsabilidad directa -para bien o parta mal- en lo que pasa. Deben democratizarse impulsando la rendición de cuentas a través de las defensorías del lector o receptor, autorregulación y códigos de ética; y si falla todo, debe contemplarse el control público sobre aspectos violentos de su quehacer.
¡Debatamos!
(raulleisr @hotmail.com)
En su libro "Comunicación de masas" Charles R. Wright, plantea la posible conexión significativa entre la exposición a los medios masivos y la conducta delincuente, y asegura que influye negativamente en las pandillas del barrio, en las relaciones de familia perturbadas y en adolescentes con trastornos emocionales e inadaptados, que muestran una marcada preferencia por este material y encuentran en él una evidente satisfacción que podría reforzar sus tendencias delictivas.
Estudiantes de Sociología, para una tesis de la Universidad de Panamá, investigaron el alto nivel de concurrencia de hechos de violencia en programas televisados dirigidos a la niñez.
Lo cierto es que los medios de comunicación masivos se destacan en el panorama por su creciente y decisiva influencia en la creación de valores y antivalores en la ciudadanía.
El poder de los medios y la libertad que ellos expresan deben enriquecerse con una perspectiva orientadora, que sin menoscabar las libertades combatan la tendencia de reproducir y difundir valores individualistas, violentos, competitivos y consumistas en lugar de potenciar y multiplicar la formación de la conciencia ciudadana con valores como tolerancia, cooperación y solidaridad, esenciales para la formación en actitudes hacia lo colectivo. Según las encuestas, los medios de comunicación poseen mayor aceptación y credibilidad después de la Iglesia católica y mantienen una presencia importante; pero, al mismo tiempo, poseen "una contradicción peligrosa en su propia constitución y funcionamiento: desarrollan un servicio público y participan del espacio público en todos los sentidos que se pretenda dar a esta expresión, pero lo hacen desde una lógica privada que es la del mercado, cuando, como en nuestras sociedades están en manos mayoritariamente privadas". (Luciano Leiva). Los medios de comunicación deben aportar a unir, concertar, movilizar en lugar de fragmentar, atomizar y desmovilizar. En el fondo lo que subyace es la concepción que tenemos de los medios de comunicación. Estos no son los responsables, sino los que los poseen y determinan sus líneas a seguir (supeditados al rating) , pues" la culpa no es del cuchillo sino del asesino", como proclama Eduardo Galeano.
Todo proceso de incidencia social y política, lleva en sí mismo una propuesta de comunicación y viceversa. Si el eje lo definimos en base a un corte autoritario, le corresponderá un modelo comunicativo unidireccional y sin capacidad de generar identidades. Por el contrario, una propuesta sinérgica y participativa encontrará y necesitará de la capacidad comunicativa con posibilidad de interactuar y provocar la acción, el cambio y el intercambio.
Los medios deben ser una presencia formativa y vehículo importante para desarrollar en los receptores elementos de juicio que les permitan no sólo "asimilar" un mensaje, sino más importante que eso comparar ideas, discernir, reflexionar y elegir. No se trata instruir ni dar recetas, ni explicitar verdades eternas, sino "interpelar a los sujetos para que trabajen su opinión con más esfuerzo, motivar a escuchar y revisar lo que se piensa al descubrir experiencias y pensamientos de otros, observar los matices existentes entre lo bueno y lo malo, unir la dimensiones racionales con las afectivas".
Es importante distinguir entre estas características superficiales de la opinión pública o masiva y las actitudes más reflexivas y profundas que Yankelovich llama juicio público. Cuando las personas aceptan la responsabilidad por las consecuencias de sus opiniones, tenemos un caso claro de opinión calificada o juicio publico. El tiempo de transición de una opinión sin reflexión hacia la opinión calificada toma tiempo variable. Estar bien informado y emitir opiniones calificadas no son necesariamente sinónimos. Cuando la gente reflexiona las opiniones pueden cambiar. Es importante ayudar en la creación de estos juicios públicos al favorecer valoraciones y discernimientos que sirvan de guía frente a la realidad.
Los medios no pueden pasar agachados en medios de este debate, pues tienen responsabilidad directa -para bien o parta mal- en lo que pasa. Deben democratizarse impulsando la rendición de cuentas a través de las defensorías del lector o receptor, autorregulación y códigos de ética; y si falla todo, debe contemplarse el control público sobre aspectos violentos de su quehacer.
¡Debatamos!
(raulleisr @hotmail.com)