Los mismos nombres de siempre
Desde que nació la República algunos nombres y apellidos son los que han aparecido siempre en la vida política, social y económica. Llama la atención que en Panamá, a un siglo de su independencia, sean casi los mismos nombres y apellidos los que manejan su destino. Son muy pocos los elementos que no pertenezcan a ese rol de familias, los que pueden relucir y participar de manera activa y representativa en la vida de la nación, al menos que estén ligados en familias, en sociedad y economía o bien, haberse convertido en satélites de los grandes imperios que ellos representan. Ello lo podemos observar en los diferentes ambientes, donde ponen a funcionar su poderosa maquinaria, ¿será que en las otras castas no existen los elementos con la capacidad de manejar el destino de Panamá?
La actividad política que debe estar al servicio de todos los panameños, según su filosofía patriótica, se encuentra en poder de los grandes imperios familiares, y quienes no pertenezcan a ese rol y a esa casta no pueden avanzar y destacarse en sus aspiraciones políticas, sino se comprometen antes con sus partidos o sus intereses personales y económicos.
Muchos de esas personas, a través de los años, han acumulado grandes fortunas y privilegios a costa del Estado, mediante sus negociaciones con los gobiernos ganadores.
La sociedad conoce de elementos que al fundar sus partidos, compran directa e indirectamente sus adherentes con promesas demagogas al pueblo y a la Patria, pero al terminar la contienda electoral, negocian con el gobierno ganador privilegios y posiciones burocráticas donde sólo se sirven ellos, dejando a sus bases a la intemperie, negocian los partidos políticos a título personal sin comunicar a sus membresías.
Por otra parte, observamos con preocupación a algunos jóvenes de clase media, preparados profesionalmente y que muy bien pudieran ser la alternativa para un rumbo diferente en el destino de la nación, convertidos en instrumentos de esas clases poseídas y tradicionales del país.
Ya es tiempo que esa juventud se levante y de ella surjan líderes de la clase media con sentido de Patria. Por lo que hemos estado viendo a través de los años, la única esperanza de la Patria descansa en su juventud, la cual por el momento está libre de pecados políticos y por ello, se considera la reserva moral del país.
La actividad política que debe estar al servicio de todos los panameños, según su filosofía patriótica, se encuentra en poder de los grandes imperios familiares, y quienes no pertenezcan a ese rol y a esa casta no pueden avanzar y destacarse en sus aspiraciones políticas, sino se comprometen antes con sus partidos o sus intereses personales y económicos.
Muchos de esas personas, a través de los años, han acumulado grandes fortunas y privilegios a costa del Estado, mediante sus negociaciones con los gobiernos ganadores.
La sociedad conoce de elementos que al fundar sus partidos, compran directa e indirectamente sus adherentes con promesas demagogas al pueblo y a la Patria, pero al terminar la contienda electoral, negocian con el gobierno ganador privilegios y posiciones burocráticas donde sólo se sirven ellos, dejando a sus bases a la intemperie, negocian los partidos políticos a título personal sin comunicar a sus membresías.
Por otra parte, observamos con preocupación a algunos jóvenes de clase media, preparados profesionalmente y que muy bien pudieran ser la alternativa para un rumbo diferente en el destino de la nación, convertidos en instrumentos de esas clases poseídas y tradicionales del país.
Ya es tiempo que esa juventud se levante y de ella surjan líderes de la clase media con sentido de Patria. Por lo que hemos estado viendo a través de los años, la única esperanza de la Patria descansa en su juventud, la cual por el momento está libre de pecados políticos y por ello, se considera la reserva moral del país.