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Los niños y las drogas


Es un hecho que los mercaderes de la droga tienen en la juventud su principal mercado. El natural desfase de personalidad, entre niño y adulto, crea condiciones ideales de inestabilidad que son aprovechadas para el aciago propósito.
Por eso los vemos rondando las escuelas, especialmente las secundarias, y más que eso penetrando en ellas, lo que se manifiesta en crímenes que en meses recientes estremecieron a la opinión pública.
Por separado, se especula sobre la incursión de vendedores callejeros, en centros educativos, lo que impone la necesidad de adoptar medidas de prevención. No se trata de privar a nadie de una oportunidad de sustento, ni de crear monopolios de hecho; la idea es evitar que con los vendedores honestos se entremezclen personas malintencionadas.
En nuestro país no se ha hecho un estudio serio sobre el problema. A ello ha contribuido sin duda el concepto equivocado de que lo que ocurre en las escuelas es responsabilidad del ministerio competente y no de las autoridades judiciales y de policía. Con semejante postura, los delincuentes pueden moverse a sus anchas.
En Estados Unidos, un reciente estudio del Centro Nacional sobre Adicción y Consumo de sustancias, de la Universidad de Columbia, arroja algunos datos interesantes que bien pueden tenerse presente para un trabajo similar en nuestro suelo.
En el mismo se concluye que la transición de los 12 a 13 años "es la encrucijada más decisiva en la vida de los niños", cuando a sus ojos, su noción del mundo cambia radicalmente. Allí, es que "se dan cuenta dónde y a quién se puede comprar estas drogas".
El Estudio, que comprende también una encuesta entre estudiantes, indica que el problema empeora, al tiempo que, por primera vez, los jóvenes de segunda enseñanza dijeron "que las drogas son su mayor preocupación", por lo que requerían más ayuda, incluso de sus padres, quienes "nunca hablan de ello".
Otro detalle es que la mayoría de los padres no saben que a sus hijos, "les preocupa mucho la amenaza de las drogas" ; y que "es mucho menos probable que los adolescentes que asisten a misa por lo menos cuatro veces al mes, consuman drogas, respecto a los que lo hacen menos de una vez al mes"; lo que contradice a quienes son partidarios de suprimir los programas de religión, ética y moral en las escuelas.

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