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Los panameños y el fin de la historia


Francis Fukuyama publicó en la década del 90 del siglo pasado, un ensayo intitulado "El fin de la historia" en el que plantea que a raíz de la caída del muro de Berlín y del socialismo real la humanidad pasaba a una etapa en la que no habría cuestionamiento acerca de cuál era el sistema económico y político que debía regir a partir de entonces; es decir, la economía de libre mercado en un contexto de libertades políticas. Se pensó que ya no tendría la humanidad que plantearse qué hacer, sino cómo administrar un sistema político-económico ya establecido al cual había que adherirse automáticamente para solucionar los problemas del planeta por lo que ya no había más historia que escribir. Pues bien, eso no ha resultado así y la misma historia del género humano nos ha enseñado que cada etapa trae nuevos y difíciles retos a las distintas sociedades y que no es fácil dejar atrás esquemas preconcebidos y costumbres arraigadas incluyendo modas intelectuales de años de desarrollo. Es así como los nuevos tiempos traen aparejados resistencias y errores en cuanto al camino a seguir.
La globalización no es un invento de nadie en particular, persona o nación, sino un proceso histórico de igual trascendencia como lo fue el Renacimiento y la caída del imperio romano o el ascenso del cristianismo; el cual es irreversible y requiere creatividad y claridad para afrontarlo de la mejor manera posible. No existen dogmas absolutos es la lectura o enseñanza que nos dejó el siglo XX respecto a los totalitarismos ideológicos. Caer en lo mismo en el presente siglo XXI no es difícil para el ser humano egoísta y ambicioso, pero hay una esperanza de superar el pasado y aprender sus lecciones. Es así como en Panamá creemos algunos que lo acontecido en un momento dado de la historia y habiendo sido protagonistas de esos sucesos importantes se tiene la convicción absoluta de que lo que fue acertado o bueno para el país en ese período de evolución social y política nacional, debe o tiene que seguir siendo hecho o pensado de esa misma manera.
En 1903 pasamos a ser una nueva nación y eso no le dio a ningún panameño o familias de panameños la propiedad de las tierras y de la nacionalidad como aún creen algunos descendientes de los próceres. Desde los años 20 a la década del 40, los gobiernos liberales forjaron la institucionalidad fundamental del Estado en sus vertientes política y social como cultural y económica, pero las sucesivas generaciones de políticos liberales pensaron que ya todo el trabajo estaba hecho y vino la rebatiña con nefastas consecuencias: golpes de Estado, traiciones y asesinatos. En los años 40 y 50 Arnulfo Arias condujo un innovador proceso político y estableció muchas importantes instituciones como el Seguro Social y el voto femenino; pero eso no quiere decir que los arnulfistas de hoy pueden sentarse a "echarse fresco" y vivir de glorias pasadas por el solo hecho de tener un pariente arnulfista o pertenecer al Partido Arnulfista desde mucho tiempo atrás; hay toda una labor inconclusa que se hace, caminando la historia y tomando las previsiones y ajustes según las circunstancias, con flexibilidad pero con principios, algo que parece de lo que no son capaces muchos arnulfistas.
En 1968 se dio el resultado de casi medio siglo de tumbos y desmesuras; de errores repetidos y de ceguera politiquera con consecuencias muchísimo peores de las que se pretendieron corregir. Hasta 1989 se vivió en Panamá el oscurantismo moral y la quiebra material más grande de nuestra historia republicana, en lo que yo llamaría 21 años perdidos.
En 1977 se firmaron los tratados canaleros, pero eso no le da a ningún panameño la potestad exclusiva de ser el oráculo de lo que debe hacerse o decidirse respecto al Canal y definir qué es acto soberano y qué es nacionalismo ante los retos del mundo de hoy; internacionalizado e interdependiente, cada vez en mayor medida. Hay quienes adoptan como dogma el nacionalismo o el patriotismo torrijero como vara para medir moralmente las acciones de los gobiernos sucesivos desde aquella fecha ( 1977). Debemos recordar que esa lucha no tiene nombre y apellido, sino que es el resultado de la perseverancia de varias generaciones.
En 1989 se dio la invasión de EU a Panamá y el fin de la dictadura militar y de civiloides serviles con su galería de presidentes de a dedo que no pueden ser vistos a la luz de la historia como "ex"presidentes. Los que ascendieron al poder creyeron que ya todo estaba arreglado y que la democracia vendría por inercia; no se hicieron los cambios profundos que necesitaba el país en lo político y lo social, y ello trajo grandes estancamientos y el reverdecer indigno del PRD. Hoy en día vemos el resultado incompleto de esa lucha por la democracia y algunos de sus primeros refundadores piensan que ya no hay nada por hacer y que llamar a una constituyente es un "golpe de estado" o no es conveniente para la paz pública. Vivieron y viven de la red de normas e instituciones mal diseñadas en la constitución de 1972 con sus reformas, y quieren impedir el ascenso de nuevos grupos e individuos en la escena política nacional.
Estamos ante momentos difíciles que requieren dedicación y esfuerzo de superación por parte de toda la sociedad panameña; oponerse a la globalización es como oponerse al agua tibia. Necesitamos mantener la memoria histórica del pueblo para no caer en los mismos errores; lo ocurrido con el informe de la Comisión de la verdad es lamentable y explica porqué estamos como estamos. No hay dueños de la historia panameña; no hay nadie quien pueda atribuirse el patrimonio de ningún capítulo de nuestro decurrir como nación y utilizarlo como laurel para dormir en él y justificar imposiciones y actitudes superadas por el tiempo.
(espino@cwpanama.net)
Así coreaban los 30 niños y niñas, pero una de ellas, obligada por su propia madre a prostituirse desde muy temprana edad, sólo hacía mímicas, mientras sus ojos contenían las lágrimas y optaban por mirar en lontananza, con la tristeza manifiesta de quien, aunque ha encontrado la familia que jamás tuvo, aún tiene sus heridas demasiado abiertas como para que sanen con un canto de esperanza.
La Fiscalía Primera de Familia atiende casos tan aterradores como los siguientes, que aunque sus víctimas no han sido referidas al Hogar Piedad, El Panamá América los publica luego de que el fiscal Pineda los diera a conocer, sin revelar la identidad ni los detalles de estos casos:
Rosa, desde los ocho años, hacía toda la limpieza de la casa, pero era maltratada por su padrastro y a la vez, abusada sexualmente por él. Como si limpiar fuera muy poco para su corta edad, también a Rosa le tocaba atenderlo cuando llegaba a casa y finalmente como recompensa le tocaba dormir en el piso.
Los golpes eran tantos y tan brutales que le causaron laceraciones en su piel, las cuales no cicatrizaban y su padrastro para ayudarla o tal vez, para empeorarla, le echaba agua caliente.
Tanto Rosa como su hermana más pequeña eran maltratadas por su padrastro, sin embargo, todo esto pasaba mientras su progenitora se hacía de la vista gorda. Los efectos psicológicos en esta menor fueron devastadores y, a pesar de que ahora vive con otros familiares, ahoga a los pollitos que encuentra en el patio. Los médicos advirtieron que las secuelas serán duraderas.
El autor intelectual de este trato inhumano fue condenado a seis años de cárcel y ahora supuestamente "se convirtió" y este medio supo que anda con una biblia debajo del brazo.
Luisa jamás se imaginó que llegar a casa a las tres de la tarde le costaría ser sometida a quemaduras de aceite que le dejarían huellas de por vida. Al llegar a su casa, fríamente su mamá la mandó a quitarse la ropa, mientras calentaba aceite. Luego la mandó a arrodillar y con una cuchara comenzó a verter el líquido sobre su cuerpo. Para completar la escena, la correteó para pegarle con un machete.
El Hogar Piedad le devuelve la alegría y la esperanza a estos pequeños, porque encuentran una nueva razón para vivir. El 60% de los niños que habitan en el hogar han sido abandonados y las puertas están abiertas para recién nacidos hasta jóvenes de 16 años.
El centro tiene cuatro años de estar funcionando gracias a la Fundación PRO-VIDA, organismo no gubernamental sin fines de lucro y con personería jurídica. También trabaja bajo la coordinación de los Juzgados Seccionales de menores y el Ministerio de la Juventud, la Mujer, la Niñez y la Familia.
Tiene como objetivo darle una solución a la problemática que presenta el menor carenciado, que vive en condiciones de alto riesgo, producto del abuso, maltrato y abandono. Allí se les da albergue en una gran casa con amplias salas, salones de clases, recámaras, comedor, cocina, lavandería y un gran patio para juegos. De acuerdo con su director, Maximiliano López, todos los niños son guiados sobre una base de amor y confianza en el marco del trato familiar de un hogar.
Agregó que reciben, mediante programas, atención de la más alta calidad para su desarrollo físico, emocional, educacional, ético, moral y espiritual. Explicó que los niños reciben atención escolar hasta sexto grado en la escuela multigrados que funciona en el hogar y en el que laboran tres docentes. Al finalizar la educación primaria, son enviados a un primer ciclo del área. Añadió que el Hogar sólo funciona con los aportes que hace la empresa privada porque no recibe ningún subsidio del Estado.
La institución cuenta con una cocinera, las "tías" (que son las que cuidan a los niños), una administradora y el director. En tanto, los servicios de asistencia técnica, como pediatría, psicología y otros, los recibe a través de un personal de la Universidad de Panamá que asiste cada semana.
La Junta Directiva está conformada en su mayoría por profesionales y personas independientes, quienes sin devengar un salario realizan una labor social. Sin embargo, esta organización tiene proyecciones de seguir creciendo y construir otra sede en Volcán, Chiriquí, donde le donaron un terreno, y en Balboa, donde la Autoridad de la Región Interoceánica (ARI), también le traspasó unos edificios.
Estos logros benefician a esos mismos niños que viven en ese hogar desde su fundación, hace cuatro años, porque no tienen familiares que deseen cobijarlos en sus hogares y tampoco pueden volver con sus padres biológicos porque éstos constituyen un peligro para su desarrollo físico y emocional.
Así, mientras crecen, pueden aprender oficios, en las nuevas sedes, tal como proyecta el Hogar Piedad y la Fundación Pro Vida. Los niños no deben permanecer tanto tiempo en el hogar, pero a falta de uno propio, esta iniciativa parece ser, por ahora, la más viable.

101 años de Panamá América

 
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