Los partidos frente al espejo
Recientemente apareció un estudio que incursiona en el pensamiento de los protagonistas (los partidos y sus liderazgos) a través de entrevistas y autodiagnósticos, relacionándolos con el juicio de la población. Se trata de "Sumando Voces. Imágenes de los Partidos Políticos en Centroamérica, Panamá y República Dominicana. 2004", coordinado por Diego Achard y Luis E. González, auspiciado por la OEA, el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA) y el BID. Veamos algunos aspectos:
La democracia es hoy el ideal y la meta para la mayoría de los centroamericanos, pero están cada vez más insatisfechos con su funcionamiento real. Aunque defienden a la democracia como ideal, la mayoría apoyaría a un régimen no democrático que fuera capaz de resolver los problemas económicos. Simpatizan cada vez menos con sus partidos políticos, que son, en toda la región, las menos confiables de las grandes instituciones nacionales. Esta escasa confianza ha disminuido sistemáticamente durante la última década. La desconfianza hacia los partidos se observa en todos los estratos sociales, y es un poco más elevada entre los más educados, los de mejor status socioeconómico, y los que se interesan más en política.
Los grupos tradicionalmente excluidos (mujeres, indígenas) se sienten más distantes de la política y de los partidos que el conjunto de la población; también son más escépticos y más críticos. Esta pérdida de confianza extendida en todos los ámbitos de las sociedades de la región se refleja en una disminución de la adhesión a los partidos.
Hay hoy más democracia, pero los centroamericanos, en una proporción significativa, están menos satisfechos con ella, con las instituciones políticas en general, y con los partidos en particular. Para esta población, hoy, lo primero es la economía, y el régimen político (con o sin democracia) viene después. La gente opta por la democracia, pero sólo "a otras condiciones iguales". Si los problemas económicos no se resuelven, las prioridades "de segundo orden" (las características del régimen político, la democracia) tienden a perder importancia. A medida que las expectativas económicas-sociales crecen, y con ellas la insatisfacción (como seguramente ha ocurrido durante los últimos años), la democracia y los partidos políticos parecen cada vez menos relevantes.
Las elites políticas de la región no están satisfechas con el desempeño de los partidos; no lo están ni los políticos de los partidos de gobierno, ni los de la oposición, ni los observadores. En cada uno de esos grupos, las dos terceras partes (o más) de los consultados no están satisfechos con el desempeño de los partidos. Los insatisfechos son mayoría en todos los países de la región. Pero, en las reuniones de discusión de los primeros resultados, los liderazgos normalmente se sorprendían al constatar hasta qué punto sus opiniones personales eran también las de la amplia mayoría de los consultados.
Para los liderazgos políticos, el desempeño de los partidos es insatisfactorio en parte por las circunstancias que los rodean, que los partidos no eligieron y en el corto plazo no pueden cambiar (como la falta de recursos humanos capacitados, por ejemplo). Pero el desempeño de los partidos también es insatisfactorio por las fallas de los partidos: por factores que los partidos deberían ser capaces de controlar. Los entrevistados ven en los partidos al menos tres problemas importantes. Seis de cada diez consultados creen que en sus países hay clientelismo político, y que eso es negativo. Algo más de seis de cada diez entrevistados sostienen que en los partidos hay problemas de falta de renovación de liderazgos, y ocho de cada diez consultados piensan que en sus países hay mucha corrupción política. Nueve de cada diez consultados también afirman que la financiación de los partidos es problemática, aunque esto no necesariamente es una "falla" de los partidos. Una minoría de los entrevistados (un quinto de ellos), sin embargo, vinculó explícitamente los dos últimos temas: sostuvo, con preocupación y sin entrar en detalles, que el narcotráfico o el crimen organizado están aportando a las finanzas de algunos políticos o partidos.
Los estatutos partidarios prestan mucha atención a la participación de las bases, pero las prácticas reales son más modestas. Las cúpulas partidarias parecen tener considerable influencia (en la designación de candidatos, por ejemplo).
Casi todos los líderes afirman que la financiación de los partidos es problemática. Los partidos no tienen políticas de recaudación entre sus adherentes. Hay problemas de financiación, pero los partidos no recurren a sus adherentes.
Es necesario atender las prioridades de la población; para eso es necesario buen gobierno y políticas eficaces (cualquiera sea su inspiración ideológica o filosófica; eso lo deciden los votantes); para eso es necesario fortalecer a los partidos... para fortalecer a los partidos es necesario atender las insatisfacciones de votantes y líderes, y enfrentar los problemas que los distintos actores identifican en ellos. La naturaleza precisa de las reformas y acciones necesarias para estos fines sólo puede ser definida por los propios partidos, concluye el estudio.
(raulleisr@ hotmail.com)
La democracia es hoy el ideal y la meta para la mayoría de los centroamericanos, pero están cada vez más insatisfechos con su funcionamiento real. Aunque defienden a la democracia como ideal, la mayoría apoyaría a un régimen no democrático que fuera capaz de resolver los problemas económicos. Simpatizan cada vez menos con sus partidos políticos, que son, en toda la región, las menos confiables de las grandes instituciones nacionales. Esta escasa confianza ha disminuido sistemáticamente durante la última década. La desconfianza hacia los partidos se observa en todos los estratos sociales, y es un poco más elevada entre los más educados, los de mejor status socioeconómico, y los que se interesan más en política.
Los grupos tradicionalmente excluidos (mujeres, indígenas) se sienten más distantes de la política y de los partidos que el conjunto de la población; también son más escépticos y más críticos. Esta pérdida de confianza extendida en todos los ámbitos de las sociedades de la región se refleja en una disminución de la adhesión a los partidos.
Hay hoy más democracia, pero los centroamericanos, en una proporción significativa, están menos satisfechos con ella, con las instituciones políticas en general, y con los partidos en particular. Para esta población, hoy, lo primero es la economía, y el régimen político (con o sin democracia) viene después. La gente opta por la democracia, pero sólo "a otras condiciones iguales". Si los problemas económicos no se resuelven, las prioridades "de segundo orden" (las características del régimen político, la democracia) tienden a perder importancia. A medida que las expectativas económicas-sociales crecen, y con ellas la insatisfacción (como seguramente ha ocurrido durante los últimos años), la democracia y los partidos políticos parecen cada vez menos relevantes.
Las elites políticas de la región no están satisfechas con el desempeño de los partidos; no lo están ni los políticos de los partidos de gobierno, ni los de la oposición, ni los observadores. En cada uno de esos grupos, las dos terceras partes (o más) de los consultados no están satisfechos con el desempeño de los partidos. Los insatisfechos son mayoría en todos los países de la región. Pero, en las reuniones de discusión de los primeros resultados, los liderazgos normalmente se sorprendían al constatar hasta qué punto sus opiniones personales eran también las de la amplia mayoría de los consultados.
Para los liderazgos políticos, el desempeño de los partidos es insatisfactorio en parte por las circunstancias que los rodean, que los partidos no eligieron y en el corto plazo no pueden cambiar (como la falta de recursos humanos capacitados, por ejemplo). Pero el desempeño de los partidos también es insatisfactorio por las fallas de los partidos: por factores que los partidos deberían ser capaces de controlar. Los entrevistados ven en los partidos al menos tres problemas importantes. Seis de cada diez consultados creen que en sus países hay clientelismo político, y que eso es negativo. Algo más de seis de cada diez entrevistados sostienen que en los partidos hay problemas de falta de renovación de liderazgos, y ocho de cada diez consultados piensan que en sus países hay mucha corrupción política. Nueve de cada diez consultados también afirman que la financiación de los partidos es problemática, aunque esto no necesariamente es una "falla" de los partidos. Una minoría de los entrevistados (un quinto de ellos), sin embargo, vinculó explícitamente los dos últimos temas: sostuvo, con preocupación y sin entrar en detalles, que el narcotráfico o el crimen organizado están aportando a las finanzas de algunos políticos o partidos.
Los estatutos partidarios prestan mucha atención a la participación de las bases, pero las prácticas reales son más modestas. Las cúpulas partidarias parecen tener considerable influencia (en la designación de candidatos, por ejemplo).
Casi todos los líderes afirman que la financiación de los partidos es problemática. Los partidos no tienen políticas de recaudación entre sus adherentes. Hay problemas de financiación, pero los partidos no recurren a sus adherentes.
Es necesario atender las prioridades de la población; para eso es necesario buen gobierno y políticas eficaces (cualquiera sea su inspiración ideológica o filosófica; eso lo deciden los votantes); para eso es necesario fortalecer a los partidos... para fortalecer a los partidos es necesario atender las insatisfacciones de votantes y líderes, y enfrentar los problemas que los distintos actores identifican en ellos. La naturaleza precisa de las reformas y acciones necesarias para estos fines sólo puede ser definida por los propios partidos, concluye el estudio.
(raulleisr@ hotmail.com)