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Los partidos y el poder


Como es natural, los partidos políticos en Panamá siguen en su lucha por mantener, recuperar o ganar el poder. Está comprobado que el poder en política tiene dos componentes: el poder que se tiene en el momento y la expectativa que se tiene de mantenerlo o de disminuirlo en futuro próximo. Es una lección que saben todos los verdaderos líderes y las organizaciones partidarias. De allí que partidos y dirigentes se preocupen tanto por demostrar que lo que hoy tienen puede ser acrecentado en la etapa que sigue. De lo contrario, perderían parte importante de su influencia, no porque estuviesen haciendo algo malo, sino porque se pensaría que, en poco tiempo más, las cosas cambiarían para peor. Y eso los afectaría en lo inmediato.

De hecho, las personas se empiezan a comportar de manera distinta con quien tiene un cargo apenas saben que dejará de ocuparlo dentro de poco. Así que el manejo de las expectativas es parte esencial de la tarea política. Es por eso que, en la coalición gobiernista, ahora no hay partido que se precie que deje de hablar sobre su candidata presidencial. En la oposición también han aprendido del manejo de expectativas, por la pésima forma como las han encarado en el pasado. En resumen, habrá interpretaciones para todos los gustos cuando se sepa cómo votaron los electores el 3 de mayo de 2009, pero el estado de ánimo del candidato de oposición que lidera las encuestas no será malo: ¡Todo por las expectativas!

Los resultados de la última encuesta del mes de noviembre pasado de Dichter y Neira, Unimer y Opsis, todas con un reconocido prestigio, han tenido gran repercusión en el ambiente político. Pero los datos sólo son datos. No resultan obvios de puro mirarlos, ni se relacionan entre sí de forma espontánea. Necesitan que se los reflexione para que nos digan algo más que lo evidente. Por eso lo que importa mucho en la interpretación que predomina al poco tiempo que los datos son entregados. Estas interpretaciones se relacionan con las expectativas y ya se sabe que éstas importan y mucho.

Así, por ejemplo, para la Unimer y Opsis está claro que lo que sus encuestas evidencian es que ya no se está conforme con "patria nueva"; para el oficialismo es indudable que la oposición está consiguiendo por menos grado de apoyo en mucho tiempo, por ser un dechado de errores acumulados. Lo cierto es que cada cual puede leer los datos del modo que mejor beneficia a sus aspiraciones políticas. Convendría, eso sí, que en el conglomerado de Gobierno se preguntaran por qué ocurre esto. Tal vez las dudas se despejarían si cayeran en cuenta del tiempo que hace en que no sale toda la dirigencia oficialista junta, hablando bien uno de otros, y proponiendo al país algo más que dudas, quejas o diferencias.

El secreto del éxito del oficialismo en la elección presidencial es la unidad. Y la unidad tiene que verificarse en la práctica para que rinda frutos. Pero lo que no se puede deducir de los datos conocidos es qué acontecerá con la elección presidencial. ¡Nunca con tanta anticipación! En este caso, lo decisivo no es algo que haya pasado, sino algo que está por pasar.

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