Los peligros por los bloques “merengues”
Miles de ciudadanos en la capital están nuevamente en peligro. Esta vez los agresores no son sólo los conductores de buses, ni los medicamentos contaminados de la CSS, sino los materiales de construcción con la que se construyen las viviendas, edificios, escuelas, hospitales, comercios y tantos edificios en Panamá. Miles de bloques "merengues" (se deshacen con facilidad, de allí el nombre) están siendo vendidos por inescrupulosos comerciantes.
La extensa publicación de este diario dio la alarma este fin de semana. La noticia dejó al descubierto el siniestro comercio de bloques defectuosos y que ponen en riesgo las actuales construcciones, pues no cumplen con las especificaciones estructurales normativas que rigen las proporciones de arena y cemento que deben ser utilizadas.
De 42 comercios inspeccionados por la Autoridad de Protección al Consumidor y Defensa de la Competencia, 38 vendían bloques que incumplen las especificaciones. ¿Cuántos comercios más no cumplen las normas de calidad exigidas? La advertencia está dada. Ojalá sigan las inspecciones y no cesen.
¿Por qué surge una nueva amenaza contra la seguridad de los panameños? Por un lado, la inescrupulosidad de algunos funcionarios y empresarios que desean "hacer negocio" sin importarles las consecuencias morales y penales de sus actos y, por otro lado, la ausencia casi absoluta de vigilancia y control de parte de las entidades responsables de velar por la seguridad de los ciudadanos que habitan la ciudad.
Uno de los elementos indispensables de toda ciudad es su gobierno. Un buen gobierno, por supuesto. Y una de las principales tareas del Estado y sus instituciones es el velar por una mejor organización de las ciudades y garantizar la seguridad de sus habitantes en ellas. Por tal motivo, la omisión de los deberes públicos debería constituirse en un delito grave, ya que la falta de previsión, control e inspecciones están produciendo trágicas consecuencias que no parecen prontas a acabar.