Los perredistas y la dictadura
Cada vez que se cumple un aniversario más de la muerte de Omar Torrijos Herrera, surgen las voces de los perredistas que usufructuaron el poder económico y político en una dictadura de 21 años, destacando las virtudes, méritos y acciones de un hombre que no escatimó esfuerzos para participar en el golpe militar contra los poderes constituidos de la nación el 11 de octubre de 1968.
Esos mismos perredistas que han continuado recibiendo favores y prebendas del régimen democrático restablecido con la caída de las Fuerzas de Defensa y de su líder Manuel A. Noriega, están utilizando la imagen de Omar para promover la vuelta al poder, por segunda vez, en las elecciones del 2004, ignorando que el pueblo ya los tiene señalados como enemigos de todo lo que implica mejoramiento y bienestar para las clases más necesitadas del país.
Allí los tenemos en la Asamblea Legislativa constituyendo una mayoría que viene torpedeando, implacablemente, las acciones de un gobierno que intenta dar respuesta a los panameños en lo que se refiere al problema del agua y otros; allí están en todo lugar y momento desacreditando y criticando a un régimen que si bien ha cometido grandes errores, es necesario aportar esfuerzos e ideas para que ellos se corrijan y se contribuya a la buena marcha de la administración gubernamental; son los mismos que aplaudieron las hazañas de un régimen militar que se propuso acabar con la libertad de expresión, cerrando el diario La Prensa, violando la autonomía universitaria, negando los derechos humanos y en muchos casos, el derecho a la vida como ocurrió con los centenares de muertos y desaparecidos, entre ellos el padre Héctor Gallego, por oponerse a esta barbarie que aún hasta el presente, no ha habido justicia.
El gobierno militar de Omar Torrijos quizá soñó con la reestructuración de una nación para favorecer a los más pobres, pero la egolatría, la corrupción, la falta de una verdadera planificación, dieron al traste con un sistema militar que utilizó en demasía la demagogia para engañar a quienes, durante tan largo tiempo, no lograron el mínimo de condiciones que les asegurara una vida mejor. Son los mismos perredistas que privatizaron las agencias de servicio al pueblo como el IRHE y el INTEL en menoscabo de los intereses económicos de las grandes mayorías nacionales; los que con sus leyes neoliberales sumieron la República en una desaceleración económica que aún persiste; los que politizaron la administración del canal, el poder judicial, la ARI y otros órganos del Estado sin considerar sus funestas consecuencias; son los mismos perredistas que dieron todo su apoyo a la dictadura para que manejara la nación como una hacienda particular, sin importarle con el dolor del pueblo que se moría de hambre, de temor y de desesperanza.
Esos son los perredistas que invocan el nombre de Omar y que están propuestos a capturar el poder en el 2004 para continuar su obra de desaciertos y de engaños. Pero estamos seguros de que el PRD no podrá volver más al poder porque el pueblo sabe, a profundidad, de sus intensiones; porque el país ya probó la maleficencia y deshonestidad de un colectivo político que está atado al pasado de una dictadura y como tal, jamás podrá sacudirse las prácticas antidemocráticas y funestas usadas por los militares durante un régimen que se caracterizó por la corrupción y por el irrespeto a las libertades ciudadanas.
Esos mismos perredistas que han continuado recibiendo favores y prebendas del régimen democrático restablecido con la caída de las Fuerzas de Defensa y de su líder Manuel A. Noriega, están utilizando la imagen de Omar para promover la vuelta al poder, por segunda vez, en las elecciones del 2004, ignorando que el pueblo ya los tiene señalados como enemigos de todo lo que implica mejoramiento y bienestar para las clases más necesitadas del país.
Allí los tenemos en la Asamblea Legislativa constituyendo una mayoría que viene torpedeando, implacablemente, las acciones de un gobierno que intenta dar respuesta a los panameños en lo que se refiere al problema del agua y otros; allí están en todo lugar y momento desacreditando y criticando a un régimen que si bien ha cometido grandes errores, es necesario aportar esfuerzos e ideas para que ellos se corrijan y se contribuya a la buena marcha de la administración gubernamental; son los mismos que aplaudieron las hazañas de un régimen militar que se propuso acabar con la libertad de expresión, cerrando el diario La Prensa, violando la autonomía universitaria, negando los derechos humanos y en muchos casos, el derecho a la vida como ocurrió con los centenares de muertos y desaparecidos, entre ellos el padre Héctor Gallego, por oponerse a esta barbarie que aún hasta el presente, no ha habido justicia.
El gobierno militar de Omar Torrijos quizá soñó con la reestructuración de una nación para favorecer a los más pobres, pero la egolatría, la corrupción, la falta de una verdadera planificación, dieron al traste con un sistema militar que utilizó en demasía la demagogia para engañar a quienes, durante tan largo tiempo, no lograron el mínimo de condiciones que les asegurara una vida mejor. Son los mismos perredistas que privatizaron las agencias de servicio al pueblo como el IRHE y el INTEL en menoscabo de los intereses económicos de las grandes mayorías nacionales; los que con sus leyes neoliberales sumieron la República en una desaceleración económica que aún persiste; los que politizaron la administración del canal, el poder judicial, la ARI y otros órganos del Estado sin considerar sus funestas consecuencias; son los mismos perredistas que dieron todo su apoyo a la dictadura para que manejara la nación como una hacienda particular, sin importarle con el dolor del pueblo que se moría de hambre, de temor y de desesperanza.
Esos son los perredistas que invocan el nombre de Omar y que están propuestos a capturar el poder en el 2004 para continuar su obra de desaciertos y de engaños. Pero estamos seguros de que el PRD no podrá volver más al poder porque el pueblo sabe, a profundidad, de sus intensiones; porque el país ya probó la maleficencia y deshonestidad de un colectivo político que está atado al pasado de una dictadura y como tal, jamás podrá sacudirse las prácticas antidemocráticas y funestas usadas por los militares durante un régimen que se caracterizó por la corrupción y por el irrespeto a las libertades ciudadanas.