Los perros ladran, avanzamos
Sin deseos de menospreciar, sino más bien aclarar algunas opiniones que he estado leyendo a través de Internet sobre el reciente viaje presidencial a Washington, me animo a escribir estas líneas. Me complace sobremanera ver que existen de repente en Panamá tantos expertos en Tratados de Libre Comercio (TLC), pues es un tema que a mí, particularmente, me gusta y he quemado algunas pestañas, por ejemplo en la negociación de un Acuerdo Marco de Comercio con los Estados Unidos (EU) en 1992, o en la preparación de nuestra inclusión a la Organización Mundial de Comercio (OMC) o en la creación de nuestra Oficina de Negociación del GATT (como se llamaba el organismo anteriormente).
Me parece que para ser objetivos en evaluar los méritos del viaje de la Excelentísima Presidenta a esta ciudad, hay que profundizar en lo que realmente persigue el gobierno en su agenda con los EU y después saber diferenciar entre la etapa política y la técnica de una negociación bilateral.
Para comenzar, deseo aclarar que la preparación de este viaje fue una combinación de muchas semanas de trabajo y del esfuerzo de muchas personas que incluyen el legislativo y la empresa privada, y que el éxito del mismo dependerá del seguimiento y apoyo que a nivel nacional e internacional se le dé a los temas tratados con el presidente George Bush y sus secretarios de Estado.
Hablar de que existe poca disposición del Gobierno de EU en iniciar negociaciones con Panamá o que si había una agenda secreta o que si hay otros compromisos ocultos más adelante o que faltó un comunicado de prensa, son productos de mentes derrotistas o sencillamente opositores al gobierno sorprendidos por un hecho contundente: la presidenta Moscoso se lució y logró lo que muchos en sus cortas mentes no pueden aceptar, cautivó a los más altos representantes del Imperio. No hubo una nota discordante en tan apretada y elevada agenda, ni funcionario de este país que visitó que no le manifestara su apoyo a la causa panameña; y todo esto sin condiciones previas o posteriores, lo puede afirmar quien preparó, confirmó y participó, antes y después, junto con el canciller Harmodio Arias, en cada una de las reuniones. Los temas que planteó la Presidenta fueron TLC, Home Ports y Seguridad; por la contraparte norteamericana hubo felicitaciones por el buen manejo del Canal y muestras de agradecimiento sobre el artículo 98 del Estatuto de Roma, así como nuestra participación en la coalición contra el tirano Hussein, ambas decisiones fueron evaluadas en su debido momento por el gobierno de acuerdo a los mejores intereses de nuestro país. En el caso del artículo 98, aclaro que el Congreso de este país aprobó, en agosto de 2002, una ley que elimina la posibilidad de cualquier cooperación económica, técnica o en especies del ejército de EU a los países firmantes del acuerdo que no renunciaren a dicho artículo antes del 1 de julio.
Panamá, en este momento, recibe ayuda en patrullaje costero, equipo naval y terrestre, comunicaciones, asistencia social (Nuevos Horizontes), entrenamiento de personal, entre otros. La decisión de renunciar a este artículo se tomó por la Cancillería de igual forma que en su momento lo hizo para entrar a formar parte del Estatuto de Roma, y tendrá que pasar por el mismo escrutinio de aprobación de la Asamblea Legislativa. No ha sido en ninguno de los casos una negociación secreta llevada a cabo por el Gobierno Nacional, sino la aceptación soberana de Panamá de formar parte o renunciar, en parte, sobre un acuerdo internacional existente.
Volviendo a mi preocupación original, actualmente el gobierno panameño se encuentra en la etapa de negociación política con el gobierno de Estados Unidos, que nos conducirá a iniciar negociaciones técnicas de un TLC más adelante. Esto significó un trabajo en equipo y en los últimos meses la Cancillería de la República, el Ministerio de Gobierno y Justicia, el Ministerio de Economía y Finanzas y el Ministerio de Comercio e Industrias hicieron sendas visitas preparatorias y de evaluación a Washington para reunirse con oficiales de diferentes instituciones (Departamento de Estado, Pentágono, U.S.T.R., Congreso y Senado) y considerar si era el momento adecuado para hacer una solicitud de esta índole a nuestro más importante socio comercial.
Después de concluir que era el “Right Timing”, se produjo una estrategia que incluyó la formación de una coalición de empresarios tanto panameños como norteamericanos; la contratación de asesores y cabilderos; y elevar el nivel de contactos al máximo (visita presidencial).
Cumplida esa primera etapa con éxito, Panamá ha sido invitado por el presidente Bush a decidir cuál de las opciones tomará como base técnica para negociar un TLC: Esperar que culmine el acuerdo con Centroamérica, usar el de Chile, el de Singapur o esperar el ALCA. Nuestra presidenta le manifestó al mandatario que, sin menospreciar las otras dos posibilidades, se inclinaba por utilizar como base uno de los dos acuerdos ya firmados y en ratificación en este momento por el Congreso.
Queda, pues, al gobierno panameño iniciar estudios y consultas para definir cuál de estos dos tratados se acomoda más a nuestro modelo económico y sugerir los cambios que sean necesarios. Estos planteamientos se podrán dar en la reunión con el U.S.T.R. a realizarse en Washington en septiembre próximo, y podrían culminar la fase política de nuestra estrategia. Después procede la confección de una agenda de reuniones y, finalmente, la parte técnica de las negociaciones.
Si el acuerdo lo firma este gobierno o el próximo no es lo importante, como tampoco lo fue para mí quién firmó nuestra adhesión a la OMC. Lo importante es que nuestra nación continúe siendo el lugar más apropiado para invertir en la región y que temas como un TLC con la potencia más grande del mundo sean asuntos nacionales, por encima de partidos o intereses personales. Es por eso que cuando veo que tratan de empañar el éxito obtenido por Panamá, de nuestra presidenta y su comitiva en la visita a Estados Unidos, no me queda más que señalar: Los perros ladran, estamos avanzando.
Me parece que para ser objetivos en evaluar los méritos del viaje de la Excelentísima Presidenta a esta ciudad, hay que profundizar en lo que realmente persigue el gobierno en su agenda con los EU y después saber diferenciar entre la etapa política y la técnica de una negociación bilateral.
Para comenzar, deseo aclarar que la preparación de este viaje fue una combinación de muchas semanas de trabajo y del esfuerzo de muchas personas que incluyen el legislativo y la empresa privada, y que el éxito del mismo dependerá del seguimiento y apoyo que a nivel nacional e internacional se le dé a los temas tratados con el presidente George Bush y sus secretarios de Estado.
Hablar de que existe poca disposición del Gobierno de EU en iniciar negociaciones con Panamá o que si había una agenda secreta o que si hay otros compromisos ocultos más adelante o que faltó un comunicado de prensa, son productos de mentes derrotistas o sencillamente opositores al gobierno sorprendidos por un hecho contundente: la presidenta Moscoso se lució y logró lo que muchos en sus cortas mentes no pueden aceptar, cautivó a los más altos representantes del Imperio. No hubo una nota discordante en tan apretada y elevada agenda, ni funcionario de este país que visitó que no le manifestara su apoyo a la causa panameña; y todo esto sin condiciones previas o posteriores, lo puede afirmar quien preparó, confirmó y participó, antes y después, junto con el canciller Harmodio Arias, en cada una de las reuniones. Los temas que planteó la Presidenta fueron TLC, Home Ports y Seguridad; por la contraparte norteamericana hubo felicitaciones por el buen manejo del Canal y muestras de agradecimiento sobre el artículo 98 del Estatuto de Roma, así como nuestra participación en la coalición contra el tirano Hussein, ambas decisiones fueron evaluadas en su debido momento por el gobierno de acuerdo a los mejores intereses de nuestro país. En el caso del artículo 98, aclaro que el Congreso de este país aprobó, en agosto de 2002, una ley que elimina la posibilidad de cualquier cooperación económica, técnica o en especies del ejército de EU a los países firmantes del acuerdo que no renunciaren a dicho artículo antes del 1 de julio.
Panamá, en este momento, recibe ayuda en patrullaje costero, equipo naval y terrestre, comunicaciones, asistencia social (Nuevos Horizontes), entrenamiento de personal, entre otros. La decisión de renunciar a este artículo se tomó por la Cancillería de igual forma que en su momento lo hizo para entrar a formar parte del Estatuto de Roma, y tendrá que pasar por el mismo escrutinio de aprobación de la Asamblea Legislativa. No ha sido en ninguno de los casos una negociación secreta llevada a cabo por el Gobierno Nacional, sino la aceptación soberana de Panamá de formar parte o renunciar, en parte, sobre un acuerdo internacional existente.
Volviendo a mi preocupación original, actualmente el gobierno panameño se encuentra en la etapa de negociación política con el gobierno de Estados Unidos, que nos conducirá a iniciar negociaciones técnicas de un TLC más adelante. Esto significó un trabajo en equipo y en los últimos meses la Cancillería de la República, el Ministerio de Gobierno y Justicia, el Ministerio de Economía y Finanzas y el Ministerio de Comercio e Industrias hicieron sendas visitas preparatorias y de evaluación a Washington para reunirse con oficiales de diferentes instituciones (Departamento de Estado, Pentágono, U.S.T.R., Congreso y Senado) y considerar si era el momento adecuado para hacer una solicitud de esta índole a nuestro más importante socio comercial.
Después de concluir que era el “Right Timing”, se produjo una estrategia que incluyó la formación de una coalición de empresarios tanto panameños como norteamericanos; la contratación de asesores y cabilderos; y elevar el nivel de contactos al máximo (visita presidencial).
Cumplida esa primera etapa con éxito, Panamá ha sido invitado por el presidente Bush a decidir cuál de las opciones tomará como base técnica para negociar un TLC: Esperar que culmine el acuerdo con Centroamérica, usar el de Chile, el de Singapur o esperar el ALCA. Nuestra presidenta le manifestó al mandatario que, sin menospreciar las otras dos posibilidades, se inclinaba por utilizar como base uno de los dos acuerdos ya firmados y en ratificación en este momento por el Congreso.
Queda, pues, al gobierno panameño iniciar estudios y consultas para definir cuál de estos dos tratados se acomoda más a nuestro modelo económico y sugerir los cambios que sean necesarios. Estos planteamientos se podrán dar en la reunión con el U.S.T.R. a realizarse en Washington en septiembre próximo, y podrían culminar la fase política de nuestra estrategia. Después procede la confección de una agenda de reuniones y, finalmente, la parte técnica de las negociaciones.
Si el acuerdo lo firma este gobierno o el próximo no es lo importante, como tampoco lo fue para mí quién firmó nuestra adhesión a la OMC. Lo importante es que nuestra nación continúe siendo el lugar más apropiado para invertir en la región y que temas como un TLC con la potencia más grande del mundo sean asuntos nacionales, por encima de partidos o intereses personales. Es por eso que cuando veo que tratan de empañar el éxito obtenido por Panamá, de nuestra presidenta y su comitiva en la visita a Estados Unidos, no me queda más que señalar: Los perros ladran, estamos avanzando.