Los perros ladran. ¡Señal de que cabalgamos!
Los panameños tenemos la costumbre de despreciar todo lo nuestro, de no apreciar los esfuerzos que hacen nuestros compatriotas. En fin, llevamos al extremo esa realidad de que "nadie es profeta en su tierra". Lo malo es que, en el caso de nuestro Canal, todo ese lodo que los medios de comunicación, la opinión pública y algunos sindicatos del mismo Canal últimamente le están tirando a la Autoridad del Canal le pega a nuestro propio país en la cara y enloda la imagen internacional que presentamos a la faz del mundo. Queremos que el resto del mundo nos mire como serios, responsables y capaces de manejar el Canal, pero nos hacemos mutuamente acusaciones infundadas por envidia, ignorancia o, en el caso de los sindicalistas, por proselitismo interno dentro del sindicato.
Por criticar, perdemos de vista los resultados de una labor de calidad que tienen ya muchos años de estar llevando a cabo unos 9,000 panameños, con mucho esfuerzo y sacrificios. Y estos resultados son: que ahora el Canal aporta más al fisco que nunca en su historia; que se han reducido espectacularmente la cantidad de accidentes; que internacionalmente se ha reconocido su eficiencia; y que, como resultado de su nueva política comercial (con base en la cual ya el beneficio no solamente va a ser "pro mundi", sino también "pro Panamá"), el alza de los peajes aumentará aún más las ganancias que reporta el Canal. En qué se invertirá este dinero. Depende del gobierno, de la Asamblea Legislativa -en fin, de los mismos dueños del Canal, que es el pueblo panameño. La administración de la Autoridad del Canal sólo le entrega las ganancias al fisco. En qué se gastan. Si se invierten o despilfarran, no es asunto de la administración del Canal. La vaca da leche, no la reparte. Sería recomendable que se propusiera una ley que canalice estas ganancias hacia proyectos específicos de ayuda social o educación, en vez de entrar a la caja común, en la que se pierde el efecto y se crea la percepción de que el Canal no aporta beneficios a la población en general. Es injusto que se critique al Canal, que es el que aporta los fondos, y no a los responsables de rendir cuentas sobre el uso de estos recursos del pueblo panameño.
Los panameños nos aseguramos que el Canal cambiara lo menos posible cuando aprobamos el título constitucional sobre el Canal y su Ley Orgánica. Esto respondía a que pensamos que lo bueno tenía que conservarse y lo malo mejorarse. El Canal es la única institución del Estado que tiene una verdadera carrera administrativa y uno de los beneficios que le trae al país es que emplea unos 9,000 empleados, aparte de los contratistas que emplea. Los cargos se ganan por concurso y mérito y cada puesto tiene su descripción de funciones. Los salarios no se han subido; responden a la clasificación de cargos, que no ha cambiado un ápice desde la reversión del Canal. La diferencia es que ahora se dan a conocer, porque uno de los valores corporativos de la Autoridad del Canal es la transparencia. Ahora los críticos quieren ver corrupción donde no la hay. En "El Pulso de Panamá" del 2 de octubre de 2002 comparan un salario (tomado al azar de los 8 ó 9,000 cargos publicados) con los "durodólares", la rebaja de los pagos por concesiones portuarias y el escándalo CEMIS, además de 60 casos de corrupción expuestos por una comisión presidencial. Sin embargo, seguido dice que la Autoridad tiene razón, no hay en su caso corrupción. Entonces, ¿dónde está la relación? Esto no es más que crítica destructiva.
Los salarios del Canal no son nada nuevo, ni "caso insólito, raros, inusuales, desacostumbrados", sino producto de una estructura de clasificación de cargos que data de muchos años y que es una conquista de los panameños, a raíz de la separación entre "gold roll" y "silver roll". Además, responden a la importancia y la responsabilidad de garantizar el tránsito mundial de carga entre los dos océanos. Los salarios de los profesionales y altos directivos del Canal no se comparan tan favorablemente como dicen con la empresa privada y el resto del gobierno. La mayoría de los ministros, viceministros, así como altos directivos del Estado perciben salarios base y gastos de representación. Si esto es criticable, entonces se debe criticar a todos por igual y no sólo a los directivos del Canal. A diferencia del resto del gobierno, donde el mérito está en el partido a que pertenecen, a los profesionales del Canal se les exige maestrías, experiencia y estudios; su rendimiento se evalúa anualmente; se invierte dinero en su capacitación; y su permanencia en el puesto no depende de favoritismos ni de tráfico de influencias, sino de su desempeño. Todo esto redunda en que la fuerza laboral del Canal tenga memoria institucional, eficacia y eficiencia. Por eso existen 40,000 solicitudes para trabajar en el Canal y se ha tenido que hacer un nuevo centro de recepción de solicitudes y reclutamiento. Algunos sindicalistas se han dado a la tarea de desinformar descaradamente sobre diferentes aspectos de la gestión canalera, lo que tampoco ayuda a la percepción que el resto de la población tiene sobre el Canal. Algo así como "hablar de la pera y comer de ella". Se quejan hasta de que las botas se despegan - cuando no tienen más que ir donde su supervisor para que les dé unas nuevas. Son trapos sucios que se deben lavar en casa, específicamente, en el Consejo Obrero-Patronal, que para eso fue creado. En los medios no se soluciona nada. ¿Por qué no iban a la televisión a quejarse antes del traspaso? ¿O es que sólo ahora se dañan las botas? Seamos mejores panameños, y defendamos lo nuestro. ¿Por qué ladrar, si estamos cabalgando, y de acuerdo con la opinión de muchos allá afuera, cabalgando bien?
(panconsult@cwpanama.net)
Vivimos en una incultura del ruido que genera aceptación del mismo. Se necesita fomentar una cultura del respeto mutuo que se traduzca en no agredir acústicamente a los demás. El problema del ruido es lo suficientemente complejo como para que se pueda resolver exclusivamente con medidas sancionadoras. Estas medidas deben ser complementadas con políticas de formación, información y sensibilización ciudadana.
Por criticar, perdemos de vista los resultados de una labor de calidad que tienen ya muchos años de estar llevando a cabo unos 9,000 panameños, con mucho esfuerzo y sacrificios. Y estos resultados son: que ahora el Canal aporta más al fisco que nunca en su historia; que se han reducido espectacularmente la cantidad de accidentes; que internacionalmente se ha reconocido su eficiencia; y que, como resultado de su nueva política comercial (con base en la cual ya el beneficio no solamente va a ser "pro mundi", sino también "pro Panamá"), el alza de los peajes aumentará aún más las ganancias que reporta el Canal. En qué se invertirá este dinero. Depende del gobierno, de la Asamblea Legislativa -en fin, de los mismos dueños del Canal, que es el pueblo panameño. La administración de la Autoridad del Canal sólo le entrega las ganancias al fisco. En qué se gastan. Si se invierten o despilfarran, no es asunto de la administración del Canal. La vaca da leche, no la reparte. Sería recomendable que se propusiera una ley que canalice estas ganancias hacia proyectos específicos de ayuda social o educación, en vez de entrar a la caja común, en la que se pierde el efecto y se crea la percepción de que el Canal no aporta beneficios a la población en general. Es injusto que se critique al Canal, que es el que aporta los fondos, y no a los responsables de rendir cuentas sobre el uso de estos recursos del pueblo panameño.
Los panameños nos aseguramos que el Canal cambiara lo menos posible cuando aprobamos el título constitucional sobre el Canal y su Ley Orgánica. Esto respondía a que pensamos que lo bueno tenía que conservarse y lo malo mejorarse. El Canal es la única institución del Estado que tiene una verdadera carrera administrativa y uno de los beneficios que le trae al país es que emplea unos 9,000 empleados, aparte de los contratistas que emplea. Los cargos se ganan por concurso y mérito y cada puesto tiene su descripción de funciones. Los salarios no se han subido; responden a la clasificación de cargos, que no ha cambiado un ápice desde la reversión del Canal. La diferencia es que ahora se dan a conocer, porque uno de los valores corporativos de la Autoridad del Canal es la transparencia. Ahora los críticos quieren ver corrupción donde no la hay. En "El Pulso de Panamá" del 2 de octubre de 2002 comparan un salario (tomado al azar de los 8 ó 9,000 cargos publicados) con los "durodólares", la rebaja de los pagos por concesiones portuarias y el escándalo CEMIS, además de 60 casos de corrupción expuestos por una comisión presidencial. Sin embargo, seguido dice que la Autoridad tiene razón, no hay en su caso corrupción. Entonces, ¿dónde está la relación? Esto no es más que crítica destructiva.
Los salarios del Canal no son nada nuevo, ni "caso insólito, raros, inusuales, desacostumbrados", sino producto de una estructura de clasificación de cargos que data de muchos años y que es una conquista de los panameños, a raíz de la separación entre "gold roll" y "silver roll". Además, responden a la importancia y la responsabilidad de garantizar el tránsito mundial de carga entre los dos océanos. Los salarios de los profesionales y altos directivos del Canal no se comparan tan favorablemente como dicen con la empresa privada y el resto del gobierno. La mayoría de los ministros, viceministros, así como altos directivos del Estado perciben salarios base y gastos de representación. Si esto es criticable, entonces se debe criticar a todos por igual y no sólo a los directivos del Canal. A diferencia del resto del gobierno, donde el mérito está en el partido a que pertenecen, a los profesionales del Canal se les exige maestrías, experiencia y estudios; su rendimiento se evalúa anualmente; se invierte dinero en su capacitación; y su permanencia en el puesto no depende de favoritismos ni de tráfico de influencias, sino de su desempeño. Todo esto redunda en que la fuerza laboral del Canal tenga memoria institucional, eficacia y eficiencia. Por eso existen 40,000 solicitudes para trabajar en el Canal y se ha tenido que hacer un nuevo centro de recepción de solicitudes y reclutamiento. Algunos sindicalistas se han dado a la tarea de desinformar descaradamente sobre diferentes aspectos de la gestión canalera, lo que tampoco ayuda a la percepción que el resto de la población tiene sobre el Canal. Algo así como "hablar de la pera y comer de ella". Se quejan hasta de que las botas se despegan - cuando no tienen más que ir donde su supervisor para que les dé unas nuevas. Son trapos sucios que se deben lavar en casa, específicamente, en el Consejo Obrero-Patronal, que para eso fue creado. En los medios no se soluciona nada. ¿Por qué no iban a la televisión a quejarse antes del traspaso? ¿O es que sólo ahora se dañan las botas? Seamos mejores panameños, y defendamos lo nuestro. ¿Por qué ladrar, si estamos cabalgando, y de acuerdo con la opinión de muchos allá afuera, cabalgando bien?
(panconsult@cwpanama.net)
Vivimos en una incultura del ruido que genera aceptación del mismo. Se necesita fomentar una cultura del respeto mutuo que se traduzca en no agredir acústicamente a los demás. El problema del ruido es lo suficientemente complejo como para que se pueda resolver exclusivamente con medidas sancionadoras. Estas medidas deben ser complementadas con políticas de formación, información y sensibilización ciudadana.