Los pesticidas son una amenaza para la salud de los niños
APESAR DE la creciente concienciación que hay con relación al vínculo existente entre el desarrollo económico y los temas ambientales, los niños -especialmente aquellos que viven en países en vías de desarrollo- están sujetos a varias clases de riesgos ambientales. Esta situación es particularmente cierta en regiones como Centroamérica, cuyo consumo per cápita de dos kilogramos de pesticidas o plaguicidas por persona/por año, es el más alto en todo el mundo. Aun así, los países industrializados continúan arrojando pesticidas prohibidos en los países en vías de desarrollo.
Se estima que existen más de 7,000 episodios de envenenamientos agudos cada año en América Central. De éstos, el 60% es debido a exposiciones relacionadas con el tipo de trabajo, mientras que el resto es el resultado de accidentes o intentos de suicidio. Es posible, sin embargo, que el verdadero número sea mucho mayor. Los informes que contienen cifras por debajo de la realidad, pueden reflejar una incidencia de casos más baja, hasta en un 50%, y se considera que puede ser el resultado de la falta de acceso a los servicios de salud de los cuales adolecen los trabajadores rurales, y también a errores en el diagnóstico.
La agricultura es la mayor fuente de desarrollo económico y social en la región, a través de la exportación de productos como café, azúcar, algodón, frutas y vegetales.
En Centroamérica y el Caribe, los pesticidas se utilizan principalmente para propósitos agrícolas y como control de la malaria. Costa Rica, junto con Brasil y Colombia, es uno de los países que más usa pesticidas, y los aplican anualmente a la tasa de 1.1 a 18 toneladas métricas por cada 1,000 hectáreas. Algunos de los pesticidas que aún se utilizan en América Central, tales como el DDT, el paraquat y el heptaclor, han sido prohibidos en Estados Unidos y en países europeos.
Aproximadamente, el 3% de los trabajadores agrícolas en la región sufren algún tipo de envenenamiento agudo debido a los plaguicidas. Aunque su exposición a estos elementos puede ser minimizada si se aplican métodos de seguridad y se utiliza ropa protectora, los que dirigen las granjas frecuentemente fallan en hacer que estas ropas o equipos estén disponibles, o las condiciones del campo los disuaden de utilizarlos. Más del 50% de los envenenamientos por pesticidas ocurre en los países en vías de desarrollo, a pesar de que las cantidades utilizadas allí, son proporcionalmente más pequeñas que las aplicadas en los países industrializados.
Se estima que en Centroamérica cuatro millones de personas -muchos de ellos niños- que trabajan en faenas agrícolas, están potencialmente expuestos a los pesticidas. En el 2000, hubo 816 casos documentados de envenenamiento por plaguicidas en niños menores de 15 años, 17 de los cuales terminaron con la muerte de éstos.
Los niños son más susceptibles que los adultos a la exposición a pesticidas, por varias razones, incluyendo la etapa temprana de desarrollo y el metabolismo. Adicionalmente, su vulnerabilidad es a menudo agravada por la pobreza, la desnutrición y la falta de agua potable y sistemas de salud.
La exposición a los plaguicidas conduce a efectos agudos y crónicos en la salud de los niños. Los agudos pueden ocurrir en el hogar, y frecuentemente se deben a un almacenamiento inadecuado de los pesticidas. También pueden darse en los campos, donde las madres llevan a sus niños pequeños a trabajar y allí los exponen a los efectos de los pesticidas. Los crónicos pueden ser neurológicos, en el desarrollo, o pueden manifestarse en la forma como afectan a los sistemas inmunológico y endocrino.
Los niños cuyos padres trabajan en labores agrícolas o que ellos mismos trabajan en éstas, también están expuestos a la acción de los plaguicidas, ya sea por los residuos que traen los padres a la casa, o por el contacto directo con los pesticidas que se encuentran en el suelo. Afuera de sus casas los niños también están expuestos a los plaguicida que se utilizan en el jardín o en las áreas agrícolas ubicadas dentro del perímetro de sus viviendas.
Los gobiernos de la región han tomado acciones para reducir el uso indiscriminado de pesticidas altamente tóxicos. Los ministros de Salud han restringido el uso de 12 de ellos y han alentado la prohibición de otros 107.
En Panamá, las Comisiones Locales Intersectoriales de Plaguicidas (CLIP), están jugando un papel importante en el control del uso de pesticidas tóxicos. En El Salvador, el Gobierno ha prohibido el uso de 35 plaguicidas; en Belice, aquellos que deseen utilizar pesticidas, deben completar un proceso de acreditación; Guatemala está desarrollando un programa educativo sobre plaguicidas para varios grupos indígenas en el país; en Nicaragua, 55 grupos especiales están trabajando activamente para reducir el envenenamiento por pesticidas; y Costa Rica está exhortando el desarrollo de la agricultura orgánica como un método alternativo para reducir el uso de plaguicidas.
No obstante, es necesario efectuar actividades educativas intensivas, iniciando desde la escuela primaria, a fin de evitar que se extienda el uso inseguro de pesticidas.
Los países industrializados, por su parte, no deben proseguir con la venta de sus plaguicidas prohibidos a los países en vías de desarrollo. Al mismo tiempo, la utilización de productos más seguros, así como el uso de tecnologías alternativas deben ser investigados y fomentados. En muchos casos, los plaguicidas más dañinos son también los más baratos. Por lo tanto, los gobiernos deberían proporcionar subsidios a los agricultores pobres, para estimular el uso de alternativas más seguras.
La única forma de controlar algún día el envenenamiento producido por pesticidas, es a través de intensos esfuerzos que coadyuven a prevenir el uso peligroso de los mismos, lo cual constituye una grave amenaza.
(*) Autor de la publicación de la OPS, "El Impacto Ambiental en la Salud de la Niñez".
Se estima que existen más de 7,000 episodios de envenenamientos agudos cada año en América Central. De éstos, el 60% es debido a exposiciones relacionadas con el tipo de trabajo, mientras que el resto es el resultado de accidentes o intentos de suicidio. Es posible, sin embargo, que el verdadero número sea mucho mayor. Los informes que contienen cifras por debajo de la realidad, pueden reflejar una incidencia de casos más baja, hasta en un 50%, y se considera que puede ser el resultado de la falta de acceso a los servicios de salud de los cuales adolecen los trabajadores rurales, y también a errores en el diagnóstico.
La agricultura es la mayor fuente de desarrollo económico y social en la región, a través de la exportación de productos como café, azúcar, algodón, frutas y vegetales.
En Centroamérica y el Caribe, los pesticidas se utilizan principalmente para propósitos agrícolas y como control de la malaria. Costa Rica, junto con Brasil y Colombia, es uno de los países que más usa pesticidas, y los aplican anualmente a la tasa de 1.1 a 18 toneladas métricas por cada 1,000 hectáreas. Algunos de los pesticidas que aún se utilizan en América Central, tales como el DDT, el paraquat y el heptaclor, han sido prohibidos en Estados Unidos y en países europeos.
Aproximadamente, el 3% de los trabajadores agrícolas en la región sufren algún tipo de envenenamiento agudo debido a los plaguicidas. Aunque su exposición a estos elementos puede ser minimizada si se aplican métodos de seguridad y se utiliza ropa protectora, los que dirigen las granjas frecuentemente fallan en hacer que estas ropas o equipos estén disponibles, o las condiciones del campo los disuaden de utilizarlos. Más del 50% de los envenenamientos por pesticidas ocurre en los países en vías de desarrollo, a pesar de que las cantidades utilizadas allí, son proporcionalmente más pequeñas que las aplicadas en los países industrializados.
Se estima que en Centroamérica cuatro millones de personas -muchos de ellos niños- que trabajan en faenas agrícolas, están potencialmente expuestos a los pesticidas. En el 2000, hubo 816 casos documentados de envenenamiento por plaguicidas en niños menores de 15 años, 17 de los cuales terminaron con la muerte de éstos.
Los niños son más susceptibles que los adultos a la exposición a pesticidas, por varias razones, incluyendo la etapa temprana de desarrollo y el metabolismo. Adicionalmente, su vulnerabilidad es a menudo agravada por la pobreza, la desnutrición y la falta de agua potable y sistemas de salud.
La exposición a los plaguicidas conduce a efectos agudos y crónicos en la salud de los niños. Los agudos pueden ocurrir en el hogar, y frecuentemente se deben a un almacenamiento inadecuado de los pesticidas. También pueden darse en los campos, donde las madres llevan a sus niños pequeños a trabajar y allí los exponen a los efectos de los pesticidas. Los crónicos pueden ser neurológicos, en el desarrollo, o pueden manifestarse en la forma como afectan a los sistemas inmunológico y endocrino.
Los niños cuyos padres trabajan en labores agrícolas o que ellos mismos trabajan en éstas, también están expuestos a la acción de los plaguicidas, ya sea por los residuos que traen los padres a la casa, o por el contacto directo con los pesticidas que se encuentran en el suelo. Afuera de sus casas los niños también están expuestos a los plaguicida que se utilizan en el jardín o en las áreas agrícolas ubicadas dentro del perímetro de sus viviendas.
Los gobiernos de la región han tomado acciones para reducir el uso indiscriminado de pesticidas altamente tóxicos. Los ministros de Salud han restringido el uso de 12 de ellos y han alentado la prohibición de otros 107.
En Panamá, las Comisiones Locales Intersectoriales de Plaguicidas (CLIP), están jugando un papel importante en el control del uso de pesticidas tóxicos. En El Salvador, el Gobierno ha prohibido el uso de 35 plaguicidas; en Belice, aquellos que deseen utilizar pesticidas, deben completar un proceso de acreditación; Guatemala está desarrollando un programa educativo sobre plaguicidas para varios grupos indígenas en el país; en Nicaragua, 55 grupos especiales están trabajando activamente para reducir el envenenamiento por pesticidas; y Costa Rica está exhortando el desarrollo de la agricultura orgánica como un método alternativo para reducir el uso de plaguicidas.
No obstante, es necesario efectuar actividades educativas intensivas, iniciando desde la escuela primaria, a fin de evitar que se extienda el uso inseguro de pesticidas.
Los países industrializados, por su parte, no deben proseguir con la venta de sus plaguicidas prohibidos a los países en vías de desarrollo. Al mismo tiempo, la utilización de productos más seguros, así como el uso de tecnologías alternativas deben ser investigados y fomentados. En muchos casos, los plaguicidas más dañinos son también los más baratos. Por lo tanto, los gobiernos deberían proporcionar subsidios a los agricultores pobres, para estimular el uso de alternativas más seguras.
La única forma de controlar algún día el envenenamiento producido por pesticidas, es a través de intensos esfuerzos que coadyuven a prevenir el uso peligroso de los mismos, lo cual constituye una grave amenaza.
(*) Autor de la publicación de la OPS, "El Impacto Ambiental en la Salud de la Niñez".