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Los Picasso de Panamá 


Las imágenes no figurativas de las pinturas de Picasso, encarnan en el ser de nuestros candidatos durante las campañas electorales. El cuadro que presenta en estos días la mala propaganda dibuja en la mente de los ciudadanos la imagen de que los candidatos a la presidencia de la República, son todos personas de mala calaña, y que los votantes tenemos las alternativas de escoger a un granuja, o no votar.

El mensaje desmoralizador que se nos ofrece es el de una bancarrota moral en el liderazgo político, o sea, un eclipse de la esperanza de una reivindicación nacional. Mientras esto ocurre, se desperdician cuantiosas sumas de dinero en destruir la reputación de los adversarios, y, por extensión, de sus familias.

En los albores de la guerra fría, el presidente Eisenhower le dijo al líder soviético Nikita Kruschev: "No nos interesa la retórica, lo que queremos son hechos concretos que demuestren la sinceridad de propósitos". Es tiempo de que los candidatos presenten y sustenten programas realistas de gobierno. ¿Son capaces de defender la patria del gobierno, de cortar tentáculos, de recuperar lo robado, de adecentar la administración, de honrar las promesas?

Cuando el Papa Urbano VIII fundó la Sacra Congregatio de Propaganda Fide para la propagación de la fe, no pensó en el inmenso poder que la propaganda desarrollaría para difamar, encubrir, y llevarnos al error y al engaño.

Kimball Young y otros nos han dejado luces que aún brillan; la propaganda, han dicho, "es el uso más o menos deliberado, planeado y sistemático, de símbolos, principalmente, de la sugestión y otras técnicas psicológicas conexas, con el propósito, en primer lugar, de alterar y controlar las opiniones, ideas y valores, y en último término, de modificar la acción manifiesta según ciertas líneas predeterminadas...".

No sé de dónde ha surgido en nuestros candidatos la creencia de que no hay otra forma de competir que la villanía. La nobleza, la elegancia, la inteligencia, no han salido todavía a relucir. A ninguno se le ha oído decir, por ejemplo: "Voy a luchar por triunfar, pero si pierdo, ustedes estarán en buenas manos". Qué hermoso sería si alguno dijera: "Podría mi adversario aventajarme en méritos, más no en mi voluntad, que es más fuerte, de servir con amor al pueblo".

Todos los candidatos son personas con reservas morales, y podrían hacer cosas grandes y maravillosas, si quisieran.

Tenemos que correr riesgos; ya nos hemos equivocado antes, rotundamente. El candidato ideal que buscamos es una especie en extinción.

La ciudadanía desea que reine la vergüenza, y la propaganda que tiene como lema y meta "crear bienes en vez de combatir males".

101 años de Panamá América

 
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