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Los planes económicos


Cualquier programa económico que presente un gobierno, es de suma importancia para el país. No pueden los futuros gobernantes, una vez electos, obviar tan significativo detalle sin el cual es imposible gobernar. Algunos programas son buenos, otros mediocres; algunos abarcan todos los aspectos del desarrollo de un país, otros sólo tratan a medias esos aspectos.
Para esto están los ciudadanos capacitados, para elaborar lo necesario y colaborar con el gobierno en caso de que lo que se presente sea insuficiente. Cuando los intereses del país están de por medio, se deponen rencores, deferencias políticas e ideológicas para que la economía del país avance en beneficio de toda una sociedad. Los programas económicos deben considerarse como verdaderos programas de interés social; esos son los que disminuirán el desempleo y darán mejor standard de vida a los panameños.
Si las bancadas de Solidaridad y del Partido Popular, que adversaron a la Sra. Presidenta en las elecciones pasadas, ofrecen al país, al gobierno y a un gran sector de la población necesitada una alternativa y, además, coincide en algunos puntos con las presentadas por la oposición y por un sector empresarial, considero que el gobierno tiene la obligación de aceptarla y tomarla en cuenta ignorando su procedencia. Si los que la produjeron tuvieron la altura de entregarla al gobierno, olvidando desavenencias políticas pasada y también está apoyada por los otros sectores, sería pueril que el gobierno no aprovechara esta coyuntura para mejorar la que tienen, en bien de la mayoría.
Aunque políticamente se llame el plan de Alberto Vallarino y se crea que él haya ganado puntos desde ese punto de vista, debemos considerarlo secundario al lado de la posibilidad de lograr un plan de consenso que alivie la recesión económica que vivimos. No sé si llamarla así es correcto; lo que si sé es que Panamá está como cuando se para el viento y decimos que no se mueve ni una hoja. Las inversiones están detenidas; el dinero no circula porque no hay; la pobreza se ha acentuado en estos últimos meses; no se crean oportunidades de trabajo; no se incentiva a la empresa privada para que las cree; la planilla gubernamental explotará en cualquier momento; existe inseguridad jurídica y social que espanta la inversión extranjera y, sin embargo, este gobierno tiene una oposición que no lo atropella, que no puede responsabilizarse por la lentitud con se está gobernando.
¿Qué queda por hacer? No es correcto cruzarnos de brazos y decir que se friegue el gobierno; total, nosotros no votamos por ellos. ¡De ninguna manera! La encrucijada en que estamos nos afecta a todos. De lo que haga el gobierno depende el camino que tome el país y esto interesa a todos los sectores.
Pienso que, tal vez, los autores de los planes económicos podrían prohijarlos y tomarlos como de ellos. Pero, se lo han entregado al gobierno para que lo haga suyo. Ese desprendimiento es digno de considerarlo positivamente y reconocer que hay una esperanza para Panamá. La madurez que se ha demostrado de una parte debe ser correspondida por la otra. Es posible que haya personas negativas que digan que lo han hecho con un interés político solamente. Gracias a Dios no lo veo así; soy más positiva y lo miro desde de punto de vista de una sensatez política que nos encamina a mejores días. Reconozcamos que el partido de oposición también trata de cooperar con este gobierno. Visto de esa manera, aún nos queda un gran camino por recorrer para el bien del país.
Ojalá continuemos así, considerando el interés social por encima de todo y que nuestros dirigentes políticos actúen de acuerdo a lo mejor para las mayorías.

101 años de Panamá América

 
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