Los políticos deben cambiar
En varias ocasiones he dicho que los partidos políticos deber sufrir cambios profundos, tendientes a una modernización de los mismos. Sin embargo, las situaciones que se presentan en los partidos pequeños, de división o la existencia de tendencias, no es potestativo de esos partidos, sino también de los grandes. Hoy vemos que dentro de los colectivos existen luchas internas entre facciones y grupos con propósitos proselitistas para lograr la predominancia de los dirigentes de cada uno.
Lo que sucede en las sociedades en general, se refleja en lo que pasa en los partidos. Existen quejas permanentes de parte de los adherentes contra los dirigentes. Dicen que las directivas hacen lo que quieren y hacen caso omiso de las inquietudes de las "bases", lo que lleva a enfrentamientos y desentendimientos entre ambas partes. Pienso que es un mal que atañe a los partidos grandes también. Si nos percatamos de las diferencias de ambos, en uno existen ya varios aspirantes a la Presidencia de la República cuando aún estamos a tres años de las elecciones. Esto trae como consecuencia que el trabajo de aquellos que así aspiran y ocupan puestos en el engranaje gubernamental, no están trabajando sólo para el país sino para hacer una carrera que les permita ganar simpatías y llegar a la posición que aspiran. Esto es perjudicial desde todo punto de vista, porque llega un momento en que anteponen sus intereses a los del gobierno para mejorar el país.
Si vemos, en el partido de oposición permanentemente se dicen, entre ellos, que una facción no acepta la otra y así van dando tumbos. También ya existen quienes tienen aspiraciones presidenciales a tres años de las elecciones. Desafortunadamente para los partidos, manda y decide quien tiene el dinero para gastar y mover los timbales dentro de la organización. Manda quien tiene experiencia política y aglutina gente porque tiene en sus manos el control de los distintos estamentos del partido. Los manipulan a su antojo, porque el que paga la orquesta es el dueño de la fiesta.
Es una lástima que no pueda haber forma de escalar posiciones sin influencias, sin recurrir al poder de quienes lo ostentan. Y no vale ser dirigente, vale ser fuerte económica o políticamente. Es una lástima que la participación de las bases sea tan pequeña que no permita expandir esa intervención para engrandecer el partido. La envidia, la inseguridad de muchos, el deseo de figuración son factores que impiden progresar e incluyen dentro de su comportamiento el limitar la actuación de quienes dirigen.
También en interesante ver que aquellos que más gritan son los que forman parte del grupo de la mediocridad que, muchas veces predomina en nuestros partidos. Pero, se trata de los mediocres que se creen valiosos e inteligentes; de los que piensan que sus ideas son siempre las mejores. No señores, criticar por criticar no lleva a ningún lado. Si quieren hacer catarsis, reúnanse entre ustedes y díganse lo que quieran. Pero, en las reuniones donde el partido va buscando apoyo y ayuda de cada uno de sus miembros, la positividad es lo mejor; la acción y no sólo las palabras insultativas bastarán para hacer que el partido crezca y madure. Ante la inmadurez de sus miembros, no se elevará el nivel de respeto que los otros partidos y la sociedad puedan sentir por nosotros.
Aunque digan que los partidos pequeños están llenos de problemas, los que tienen los grandes son peores y de mayores dimensiones ya que se le suma la ambición de poder que ellos, al final marcan como pauta política. Queramos o no, los pequeños sólo servimos de equilibrio ante esas ambiciones, pero existimos. Lo que veo es que, de continuar con las divisiones y las luchas y "los dimes, que te diretes", romperemos lo que nos queda para asirnos contra el bipartidismo. Inscriban gente y no griten tanto.
Lo que sucede en las sociedades en general, se refleja en lo que pasa en los partidos. Existen quejas permanentes de parte de los adherentes contra los dirigentes. Dicen que las directivas hacen lo que quieren y hacen caso omiso de las inquietudes de las "bases", lo que lleva a enfrentamientos y desentendimientos entre ambas partes. Pienso que es un mal que atañe a los partidos grandes también. Si nos percatamos de las diferencias de ambos, en uno existen ya varios aspirantes a la Presidencia de la República cuando aún estamos a tres años de las elecciones. Esto trae como consecuencia que el trabajo de aquellos que así aspiran y ocupan puestos en el engranaje gubernamental, no están trabajando sólo para el país sino para hacer una carrera que les permita ganar simpatías y llegar a la posición que aspiran. Esto es perjudicial desde todo punto de vista, porque llega un momento en que anteponen sus intereses a los del gobierno para mejorar el país.
Si vemos, en el partido de oposición permanentemente se dicen, entre ellos, que una facción no acepta la otra y así van dando tumbos. También ya existen quienes tienen aspiraciones presidenciales a tres años de las elecciones. Desafortunadamente para los partidos, manda y decide quien tiene el dinero para gastar y mover los timbales dentro de la organización. Manda quien tiene experiencia política y aglutina gente porque tiene en sus manos el control de los distintos estamentos del partido. Los manipulan a su antojo, porque el que paga la orquesta es el dueño de la fiesta.
Es una lástima que no pueda haber forma de escalar posiciones sin influencias, sin recurrir al poder de quienes lo ostentan. Y no vale ser dirigente, vale ser fuerte económica o políticamente. Es una lástima que la participación de las bases sea tan pequeña que no permita expandir esa intervención para engrandecer el partido. La envidia, la inseguridad de muchos, el deseo de figuración son factores que impiden progresar e incluyen dentro de su comportamiento el limitar la actuación de quienes dirigen.
También en interesante ver que aquellos que más gritan son los que forman parte del grupo de la mediocridad que, muchas veces predomina en nuestros partidos. Pero, se trata de los mediocres que se creen valiosos e inteligentes; de los que piensan que sus ideas son siempre las mejores. No señores, criticar por criticar no lleva a ningún lado. Si quieren hacer catarsis, reúnanse entre ustedes y díganse lo que quieran. Pero, en las reuniones donde el partido va buscando apoyo y ayuda de cada uno de sus miembros, la positividad es lo mejor; la acción y no sólo las palabras insultativas bastarán para hacer que el partido crezca y madure. Ante la inmadurez de sus miembros, no se elevará el nivel de respeto que los otros partidos y la sociedad puedan sentir por nosotros.
Aunque digan que los partidos pequeños están llenos de problemas, los que tienen los grandes son peores y de mayores dimensiones ya que se le suma la ambición de poder que ellos, al final marcan como pauta política. Queramos o no, los pequeños sólo servimos de equilibrio ante esas ambiciones, pero existimos. Lo que veo es que, de continuar con las divisiones y las luchas y "los dimes, que te diretes", romperemos lo que nos queda para asirnos contra el bipartidismo. Inscriban gente y no griten tanto.