Los políticos deben cambiar
Las experiencias de los últimos tiempos ocurridas en el mundo nos enseñan que se necesita un verdadero cambio, profundo, serio, en los políticos. Hemos visto caer Presidentes electos, caer Primeros Ministros, caer partidos enteros con ideologías definidas como ha sucedido con la Democracia Cristiana Internacional. Hemos visto también depreciarse el concepto que la sociedad civil tiene de los políticos y las actuaciones de los mismos.
En ocasiones recordamos a los de antes con nostalgia por comparaciones odiosas que hacemos entre aquéllos y los de hoy. Sin embargo pienso que aún estamos a tiempo para recapacitar y dar una vuelta que nos permita reivindicarnos ante quienes nos eligen en los diferentes puestos.
Un gobierno es un equipo en donde debe existir coherencia, entendimiento, comunicación y, sobre todo, eficiencia de parte de todos para que se complementen y dar al pueblo mejores actuaciones. Pero, cuando quienes deben mandar no lo hacen, se pierde la autoridad, no sólo de esos funcionarios sino de todo el gobierno.
Cuando la autoridad correspondiente no sabe enfrentarse con firmeza como sucedió con los transportistas que no supieron manejar o no saben cómo arreglar los grandes intereses del transporte, viene la anarquía de que cada uno hace lo que se le ocurre. Si no se toman decisiones en el momento oportuno, tenemos un desbalance en el gobierno con relación a los gobernados. Hoy vemos ejemplos de ambas formas: falta de decisión con resultados negativos y decisiones oportunas con resultados positivos para el país.
Siento que es hora de que los políticos pongamos un alto a mirar los gobiernos como terreno abonado para nuestros propios intereses y no los del país. Es hora de que los políticos nos ubiquemos en las posiciones que nos corresponden para echar a andar el barco que nos han puesto en nuestras manos, porque somos los políticos los llamados a gobernar. No olvidemos la responsabilidad de quienes tienen en sus manos el poder de gobernar para todos, no para la minoría; el deber de ofrecer a cada uno de los ciudadanos la oportunidad de tener un espacio en la sociedad donde pueda desenvolverse con un empleo, con salud, educación y vivienda. Cuando ocupamos una posición desde donde podemos ayudar a los demás, debemos hacerlo con conciencia. Por otro lado, los de las bases deben olvidar envidias, disociaciones, rencillas, para que los otros gobiernen con seriedad.
Si los políticos del mundo continúan como vamos, estaremos cavando la fosa de la política; estaremos hundiéndonos en el fango que nosotros mismos hemos creado; la anarquía se hará cargo de los pueblos y no encontraremos soluciones a nuestras necesidades que son innumerables. ¿Pensamos que podemos seguir así? ¿No vemos los ejemplos a los que me he referido? Con toda la fuerza de Fujimori, bastó en ejemplo de corrupción en su gobierno para que ese gran poder se terminara, para que lo logrado hasta ahora se le viniera abajo con el desprestigio para un político de su talla.
Me ha tocado ver la caída de varios gobernantes; no me refiero a los golpes militares desafortunados sino a los que las leyes o la fuerza de un pueblo les ha dado el ejemplo que debieron ver antes de cometer los errores. Los pueblos han despertado y cada día ven más claros sus derechos y saben cómo lograrlos y qué hacer con quienes se lo impiden. Los pueblos han demostrado tener una fuerza que los políticos no queremos ver y en Panamá tenemos ejemplos. Aunque digan que los pueblos no son inteligentes, creo personalmente que lo son más de lo que imaginamos y ellos terminarán desplazándonos y tomando el poder para lo cual se dice que no están preparados. Pero, ¿lo están los políticos? ¡Cuidado!
En ocasiones recordamos a los de antes con nostalgia por comparaciones odiosas que hacemos entre aquéllos y los de hoy. Sin embargo pienso que aún estamos a tiempo para recapacitar y dar una vuelta que nos permita reivindicarnos ante quienes nos eligen en los diferentes puestos.
Un gobierno es un equipo en donde debe existir coherencia, entendimiento, comunicación y, sobre todo, eficiencia de parte de todos para que se complementen y dar al pueblo mejores actuaciones. Pero, cuando quienes deben mandar no lo hacen, se pierde la autoridad, no sólo de esos funcionarios sino de todo el gobierno.
Cuando la autoridad correspondiente no sabe enfrentarse con firmeza como sucedió con los transportistas que no supieron manejar o no saben cómo arreglar los grandes intereses del transporte, viene la anarquía de que cada uno hace lo que se le ocurre. Si no se toman decisiones en el momento oportuno, tenemos un desbalance en el gobierno con relación a los gobernados. Hoy vemos ejemplos de ambas formas: falta de decisión con resultados negativos y decisiones oportunas con resultados positivos para el país.
Siento que es hora de que los políticos pongamos un alto a mirar los gobiernos como terreno abonado para nuestros propios intereses y no los del país. Es hora de que los políticos nos ubiquemos en las posiciones que nos corresponden para echar a andar el barco que nos han puesto en nuestras manos, porque somos los políticos los llamados a gobernar. No olvidemos la responsabilidad de quienes tienen en sus manos el poder de gobernar para todos, no para la minoría; el deber de ofrecer a cada uno de los ciudadanos la oportunidad de tener un espacio en la sociedad donde pueda desenvolverse con un empleo, con salud, educación y vivienda. Cuando ocupamos una posición desde donde podemos ayudar a los demás, debemos hacerlo con conciencia. Por otro lado, los de las bases deben olvidar envidias, disociaciones, rencillas, para que los otros gobiernen con seriedad.
Si los políticos del mundo continúan como vamos, estaremos cavando la fosa de la política; estaremos hundiéndonos en el fango que nosotros mismos hemos creado; la anarquía se hará cargo de los pueblos y no encontraremos soluciones a nuestras necesidades que son innumerables. ¿Pensamos que podemos seguir así? ¿No vemos los ejemplos a los que me he referido? Con toda la fuerza de Fujimori, bastó en ejemplo de corrupción en su gobierno para que ese gran poder se terminara, para que lo logrado hasta ahora se le viniera abajo con el desprestigio para un político de su talla.
Me ha tocado ver la caída de varios gobernantes; no me refiero a los golpes militares desafortunados sino a los que las leyes o la fuerza de un pueblo les ha dado el ejemplo que debieron ver antes de cometer los errores. Los pueblos han despertado y cada día ven más claros sus derechos y saben cómo lograrlos y qué hacer con quienes se lo impiden. Los pueblos han demostrado tener una fuerza que los políticos no queremos ver y en Panamá tenemos ejemplos. Aunque digan que los pueblos no son inteligentes, creo personalmente que lo son más de lo que imaginamos y ellos terminarán desplazándonos y tomando el poder para lo cual se dice que no están preparados. Pero, ¿lo están los políticos? ¡Cuidado!