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Los políticos y la política


Ser político es una decisión que cada uno toma de acuerdo a cómo le entra el gusto por la misma. Anteriormente se era político porque le nacía a la persona serlo, porque moverse dentro de un partido político traía satisfacción o producto material de su participación. Porque no me digan que antes no había corrupción; sí la ha habido. Pero, me parece que era como en menor escala y, a pesar de encontrarla, también encontrábamos políticos decentes en mayor escala. Ahora pareciera que los políticos sólo actuamos de acuerdo a lo que podamos obtener para los intereses particulares.
Dentro de los partidos debiéramos organizar los sectores que den a esa entidad la cabida necesaria para la formación de sectorizaciones dentro de lo que pudiéramos llamar un partido serio y digno de ser buscado para inscribirse en él. Sin embargo, pareciera que la mentalidad que tenemos al ingresar a esas organizaciones es buscar qué puede hacer por nosotros y no lo contrario. Nos decimos: los dirigentes tienen dinero y de allí viviré por cinco años. Piden cinco aquí, diez allá, para poner la olla "pa los pelaos" y, cuando llega la campaña, aparecen diciendo que cuentan con una cantidad de seguidores, pero necesitan pa la movilización. Total, cuando se los presiona con una inscripción, piden una gran cantidad de dinero e inscriben 30 personas si acaso. ¿Qué se hizo el dinero que se les dio? Porque no rinden cuenta de nada y se lo embolsillan.
Sin embargo, insisto en que ese juega vivo y esa corrupción, por no decir robo a mano armada, es el reflejo del resto de la sociedad. También parte de esa gente se inscribe en los partidos porque, a veces, se les paga para poner su firma. Luego, más nunca se acercan al partido, a menos que se les pague. ¿Desde cuándo se perdió en Panamá la costumbre de dar por el deseo de hacerlo y no buscando retribución? Lo he visto más palpable en la política, pero también lo vemos en aquel que ya no te hace un favor por las gracias sino por un dólar. Nos hemos acostumbrado a pedir, a querer lo que los demás no desean, aun sin ofrecerlo. Una señora amiga mía me decía que su mamá le enseñó: no pidas pero acepta lo que se te ofrece buenamente.
Por eso andamos metidos en problemas; la juventud se busca situaciones difíciles con tal de tener lo que no les corresponde. La ambición es buena, pero no la desmedida que no toma en cuenta las consecuencias; lo que importa es conseguir lo que quieres aun a costa de la vida, como sucede con los narcotraficantes y los pandilleros.
¿Qué esperamos, pues, de los partidos y la gente que allí llega tan sólo por interés? Hace un tiempo leí una encuesta en un periódico sobre qué posición pública era más atractiva y la mayoría respondió que la de Ministro de Estado. La mayoría de los que allí llegan lo hacen pensando qué pueden sacar de provecho personal y pocos piensan en ayudar al país. Muchos ven qué tajada sacan de un préstamo que el gobierno haga a una institución. Antes, si un Ministro trabajaba en un préstamo, nunca le tocaba ni medio de comisión. Esto es producto de la dictadura y no hay gobierno que lo elimine ya que en esa forma ayudan a su gente. Somos testigos de cómo llegan algunos ministros o no ministros y cómo salen que no pueden justificar la fortuna que poseen.
La palabra corrupción ha sido tan usada en todas partes y, a veces, mal empleada, que no sé cómo llamar a esta situación. El país entero está envuelto en el aprovechamiento, en el querer que todo se lo regalen y no en trabajarlo y ganarlo honestamente. Una sociedad viciada por estos males no puede avanzar, no saldrá del subdesarrollo. Y lo peor es cuando se apropian de las cosas indebidamente, es decir, cuando roban lo que les quede a mano por el simple hecho de tener algo aunque no les pertenezca.
Los valores se agotan; la honestidad va desapareciendo y, a pesar de que la mayoría somos serios, pareciera que los menos se aprovechan de las necesidades de los pobres y de los ricos ambiciosos para dañarlos. Ojalá pudiéramos unir fuerza para cambiar nuestra manera de pensar y actuar y retomar una sociedad deseable para vivir. Pero, los que gobiernan son los principales responsables.
Concertación de políticas de Estado para eliminar la explotación infantil, con medidas de carácter integral que garanticen el acceso de las niñas y niños al sistema escolar público y gratuito de calidad.
Las políticas de empleo se fundamenten en el respeto a los derechos humanos, con especial atención a los convenios fundamentales de libertad sindical de la OIT y que contemplen la inclusión laboral de personas con necesidades especiales. Reconocimiento en las políticas públicas la importancia de las cooperativas y organizaciones de economía social en el desarrollo integral de los países, en la generación de empleo y cohesión social, y en la lucha contra la pobreza.
raulleisr@hotmail.com

101 años de Panamá América

 
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