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Los politólogos de cafetín


En Panamá, hablar de política y de los políticos es un deporte nacional. Ahora que se avecina el proceso electoral, he escuchado y leído todo tipo de elucubraciones con respecto a quién ganará las próximas elecciones, y me ha llamado especialmente la atención, aquellos -y aquellas- que se apresuran a vaticinar la debacle del panameñismo. Me sumo a esa discusión, con la ventaja de ser un estudioso de la política, además de ser político en ejercicio, con alguna experiencia electoral, relativamente positiva; aceptando también que tengo una clara simpatía partidista, lo cual indudablemente puede afectar mi imparcialidad. Lo expreso sin ambages por honestidad intelectual, ya que hay muchos seudo analistas por allí que emiten juicios sin compartir con el público sus inclinaciones partidistas (que las tienen) y que, para colmo de males, tampoco comparten su récord de aciertos o desaciertos (algunos tienen muchos de los últimos y muy pocos de los primeros).
Hay ciertas cosas elementales en política que nadie debe olvidar, pero que a menudo se olvidan. Como, por ejemplo, que hay elementos en una campaña que pueden ser medidos con bastante objetividad y precisión, como el número de electores, porcentaje tradicional de abstención, número de inscritos en partidos políticos, composición del electorado según distintos criterios (edad, ingresos, educación, etc.), tendencias electorales en comicios anteriores y varios otros más.
Otra lección básica es que para ganar una elección, sólo necesitas los votos necesarios para ganar, ni uno más ni uno menos. Eso quiere decir que no se trata de tener el apoyo del 100% de la población ni siquiera de la mitad más uno: en una elección con tres contendientes, puedes alzarte triunfador con el 60% del electorado en tu contra. Un tercer elemento que no debe olvidarse es la importancia de la estructura partidista: la gente vota por muchas razones, no solamente por la figura del candidato presidencial, sino que también la lealtad partidista y el trabajo de los candidatos locales en sus respectivas comunidades juega un papel nada desdeñable en el desempeño electoral a nivel presidencial.
Dicho esto, un análisis objetivo de las tendencias electorales que marcan los torneos de 1994 y 1999, indican que el PRD tiene una base que ronda el 30% del electorado, mientras que la base del arnulfismo parece estar dentro del margen del 20 al 25%. La diferencia entre la derrota arnulfista del "94 y el triunfo arnulfista del "99, recayó fundamentalmente en el porcentaje de apoyo que ha sido constante para el MOLIRENA en esas dos elecciones, aproximadamente un 10 %. Aunque no se debe tampoco subestimar el importante avance del arnulfismo en el área capital, donde obtuvo un aumento significativo de votos y de legisladores entre una elección y la otra. Mientras que en 1994, el Partido Arnulfista sacó un 20% de los votos a nivel nacional, en 1999 obtuvo un 27% y eso seguramente se debe al proceso de renovación interna que lideró Mireya en esos cinco años, convocando nuevas figuras al partido.
Para el 2004, tanto el PRD como el arnulfismo y el MOLIRENA han aumentado su base de inscritos. Se puede decir en alguna medida, que en términos porcentuales están en condiciones similares a 1999. De tal forma, que considero bastante apropiado concluir que el candidato del PRD y el candidato de la alianza de Gobierno tienen una base electoral muy parecida: aproximadamente un 35% para cada uno. En esta contienda, el voto de los jóvenes independientes jugará un rol importante.
¿Qué papel jugará en todo esto Guillermo Endara y Solidaridad? Lo primero que debo señalar es que, en la elección anterior, un candidato con mucho mejor perfil, como Alberto Vallarino, obtuvo un 17% de los votos, apoyado por un partido pequeño, pero mejor estructurado que Solidaridad, como el PDC, que además logró conformar una alianza con otros partidos pequeños y que sumó algunas figuras destacadas del Partido Arnulfista que le aportaron votos. Por otro lado, es importante definir qué rol personificará Endara: ¿se está vendiendo como un candidato arnulfista o como un candidato de oposición? Mi impresión es que su discurso crítico, hasta el punto de lo ofensivo e irracional, lo hace un candidato que pretende disputarle el papel de candidato opositor a Martín Torrijos. En ese caso, contrario a lo que parece ser la aspiración de los perredistas, es muy posible que eventualmente termine haciéndole más daño a la base electoral de Martín que a la de José Miguel. En otras palabras, la elección se polarizará entre un candidato de gobierno y dos de oposición; no entre uno de oposición y dos arnulfistas, como interesadamente pretenden plantearlo los analistas del PRD.
Endara sabe que su futuro depende de poder ampliar su apoyo partidista. Sólo, con Solidaridad, quedará irremediablemente en un tercer lugar. Y lo cierto es que difícilmente logrará sumar otro partido a su candidatura.
La Convención Arnulfista no sólo consolidó la unidad interna del arnulfismo tras la candidatura de José Miguel Alemán, sino que cimentó las bases para mantener la alianza política con el MOLIRENA y el Liberal Nacional, así como con grupos disidentes del propio Solidaridad, incluso, el PRD. En el corto plazo, considero que se formalizará esa alianza electoral, tras definir las candidaturas a legisladores, alcaldes y representantes, así como la propuesta programática, para lo cual no percibo mayores complicaciones.
Termino con lo siguiente: no hay todavía nada definido hacia mayo de 2004. Quien pretenda prometer posiciones ministeriales desde ya, conoce tanto de política como yo de física nuclear. Pienso que recién después de la definición del candidato presidencial arnulfista comienza a estar claro el tablero y se puede decir que ha arrancado la carrera por la Presidencia en el próximo quinquenio.
El camino no está fácil para José Miguel, pero tampoco lo está para los otros dos. En lo personal, considero que el Partido Arnulfista, junto a sus aliados, tiene una verdadera opción de triunfo. Amanecerá y veremos, sólo el tiempo y el pueblo panameño dirán si estoy equivocado o si los equivocados son aquellos politólogos de cafetín que nos auguran un cuarto lugar.

101 años de Panamá América

 
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