Los puntos sobre las íes
ME ALEGRA QUE la serie de artículos de opinión que se publicara hace algunos días, sirviera de fundamento a un justificado y postergado debate sobre la reorientación que debe darse a nuestra política económica en general, y a las políticas financiera y tributaria, en particular, como herramientas de implementación de la política económica.
No obstante, algunas precisiones se ameritan sobre lo que ya hemos expuesto con anterioridad. Primero, no creemos equivocado el camino de pretender desarrollar económicamente a nuestro país, sobre los pilares que lo hacen económicamente más ventajoso en el escenario político y económico internacional.
Así, no es un secreto para nadie, que el sector económico que más compite, y sobre todo, que compite a nivel internacional, es el terciario de la economía, aquél que genera mayor cantidad de empleomanía, mayor inversión económica y mayores divisas al país. A este sector pertenecen los puertos, las telecomunicaciones, el Centro Financiero Internacional, el Centro de Seguros y Reaseguros Internacional, la Zona Libre de Colón, el Canal de Panamá, el turismo, la naciente industria marítima, el sector inmobiliario y el intercambio comercial que dinamizan los tratados de libre comercio.
Sería un error pretender que para levantar la carga del CAIR sobre la clase media, media alta y media baja panameña, se pretenda castigar económicamente a las gallinas de los huevos de oro, sólo porque políticamente, no podemos reconocer, que lo que el Estado panameño realmente necesita, frente a esta reducción de impuestos, es redefinir su tamaño, procurando incluso, mejores niveles de productividad y eficiencia.
No necesitamos un Estado que desatienda sus necesidades sociales, pero sí necesitamos un Estado que atienda las mismas, con una menor carga burocrática para el país, permitiendo al mismo tiempo, no sólo una reducción de impuestos, sino también, una reducción inmediata en los altos niveles inflacionarios que genera una economía demasiado dependiente del sector gubernamental.
En esta oportunidad y frente a ese reto, me permito acoger el "slogan" publicitario del Señor Presidente de la República: "por supuesto que se puede".