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Los que siembran desesperanza


EN POLÍTICA nunca es demasiado tarde para actuar con responsabilidad. Practicar un estilo no democrático para manosear las reglas democráticas, a la larga resulta contraproducente. Tratar de ahondar y exacerbar las diferencias que existen en toda sociedad solo produce réditos efímeros. De allí que el volumen de la crítica de los opositores al gobierno de Martín Torrijos, a escasos 100 días de gestión, resulta tan mezquino como el claro objetivo de sembrar desesperanza entre los panameños.
Es una irresponsabilidad acechar al ciudadano común con la impaciencia y el desaliento. Detrás de los reclamos de falta de experiencia y de una mejor gestión del gobierno en su conjunto, se esconde una gran voracidad. Con escasas excepciones, la oposición en su conjunto no puede mostrar adornos externos. Hace pocos meses ninguno pensaba porque todos lucraban, ninguno soñaba porque todos estaban anestesiados por la corrupción. Al carecer de ideales y de sueños quieren desterrarlos del alma de los panameños que tienen expectativas y han cifrado sus esperanzas en un verdadero cambio en el quehacer político.
El gobierno de la alianza Patria Nueva tiene como objetivo reconciliar la política con la sociedad. Busca privilegiar la política, ubicarla en la posición equilibrada que le corresponde y convertirla en el eje rector de una gestión de gobierno cada vez más eficaz, sensible y comprometida. No hay que negar que el recelo y la desconfianza hacia la política están presentes porque la estabilidad macroeconómica no se ha traducido en crecimiento sostenido ni en la generación de empleos de calidad.
En lugar de tratar de enturbiar y congestionar el ambiente político, la oposición debe aportar ideas y propuestas para corregir aquellos aspectos de la gestión pública que no estén funcionando correctamente. Solo una oposición con poca visión histórica es capaz de suponer que puede estimular la erosión social y no ser alcanzada por las consecuencias de sus acciones. Si lograran que el país entrara en crisis, esos resultados funestos, estallarían en sus caras. Al eludir su responsabilidad, no superan sus egoísmos personales y se sumergen en la simple búsqueda de beneficios políticos para el corto plazo. Sería eficaz que quienes critican al gobierno se pusieran en lugar de aquellos que tienen el mandato ciudadano para tomar las decisiones. La pasión política no debe bloquear la objetividad ante los grandes retos nacionales. Nadie puede cerrar los ojos a la realidad, porque los rezagos y desafíos son enormes.
Esa idea opositora de atacar al gobierno cualquiera sea la medida que tome pensando que el desprestigio dará paso al triunfo de sus posiciones, parece no tomar en cuenta que su derrota significa el fracaso del país. La mayoría ciudadana no se deja atosigar por palabrerías estériles ni cae víctima de la manipulación que intenta atontarla y precipitarla hacia un pensamiento automático. Los panameños desprecian a quienes los engañan. Endurecen su rostro ante los que no le proponen nada y pretenden que todo gire en derredor de un vacío que suplanta con soberbia la carencia de ideas y aun de rumbos.
No se puede pretender manipular las certezas y dudas, emociones y racionalidades, intuiciones y razonamientos de toda la población. Las expectativas del país no son de crisis y derrumbe, sino de reconstitución de un piso más firme desde el cual sentar las bases para una mayor calidad institucional, un crecimiento sostenido de la economía y una mejor distribución de la riqueza nacional. Hay que estimular a las fuerzas que propugnan por una liberación de los miedos y carencias nacionales, de las mezquinas divisiones y empezar a recorrer el camino que permitirá a los panameños, con sus defectos y virtudes, profundizar en un proyecto de vida soberana en común.
Hay que reconstruir la unidad espiritual y emocional de cada comunidad del país. Interpretar y desarrollar el imaginario panameño y abrevar en las fuentes nutricias que dieron origen a la Nación. La fuerza de los hechos debe abrir paso a la porción más sana y mayoritaria de la población. Panamá tiene un presente pleno de desafíos y un futuro cargado de sueños y anhelos compartidos. No hay que permitir que irresponsablemente se atente contra esas esperanzas.

101 años de Panamá América

 
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