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Los "quid pro quo" del Canciller


Como Panamá recientemente ha celebrado acuerdos de gran trascendencia con Estados Unidos, que aunque no lleven su firma tienen que haber sido del pleno conocimiento del Canciller, sus declaraciones sobre la posición panameña en relación con la pesca de ballenas nos obligan a preguntar qué es lo que Panamá ha recibido a cambio de tanta cesión, y también nos exigen que opinemos sobre la tesitura moral de semejantes pronunciamientos.
Panamá ha estado consagrando muchos esfuerzos desde hace tiempo para obtener que el gobierno de Estados Unidos limpie las tierras que dejó inutilizables por haberlas ocupado durante décadas como campo de prácticas de tiro y como lugares donde hacer experimentos con armamento bélico nuevo, incluso armas químicas. Esta es una aspiración que sólo podrá encontrar un apoyo beligerante en otros países con movimientos ecologistas y afines que, por cierto, reaccionarán indignados ante la fórmula de transacción del Canciller que apoya al Japón en el problema de las ballenas para corresponderle por algo que ha dado o va a dar. La fórmula no es otra cosa que el "tú me das y yo te doy", la moral y los principios se quedan guardados para cuando convenga hablar de principios y de moral.
Por otra parte, Panamá acaba de firmar un contrato con el famoso arquitecto Frank Ghery para la construcción de un museo destinado a atraer a los amantes de la naturaleza en todas partes, y específicamente a las personas que sienten como cosa propia el futuro de la tierra y las amenazas que se ciernen sobre toda forma de vida. ¿Con qué cara va a contestar el publicista que anuncie en un futuro próximo las maravillas ecológicas de Panamá, si el interlocutor le contesta que Panamá es un país que apoya la caza de ballenas?
Con el cuento de dar porque me dan, sin aplicar ninguna escala de valores a las decisiones y sin tomar en cuenta ninguna repercusión, ¿no está nuestro país deshaciendo con los pies lo que trata de construir con las manos?
¿Qué clase de credenciales son éstas en un aspirante a dirigir los destinos nacionales entre cuyas responsabilidades primordiales está el restañar siquiera las heridas que ha sufrido el buen nombre de nuestro país en el consorcio de naciones? ¡Hay que recapacitar y hay que rectificar!

101 años de Panamá América

 
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