Los recovecos del miedo
Fue Ramón del Valle Inclán quien, en su cuento "El Miedo", describe a esta reacción como un "largo y angustioso escalofrío que parece mensajero de la muerte". Es una pieza literaria en la que un soldado, entrenado para soportar angustias y fatalidades, sucumbe ante el temor que, en una tenebrosa capilla medieval, le causan los ruidos provenientes de un sepulcro.
Al final, se descubre que los extraños sonidos no son más que culebras que hacen cascabelear al esqueleto en su almohada de piedras.
El personaje que a mí me llama la atención en esta historia no es el soldado espantadizo, sino el cura que lo confesaría para que entrara en batalla libre de pecados, y quien fue el que resolvió el misterio.
El Prior de Brandeso aparece en la narración como un hombre decidido. Aunque Valle Inclán sugiere que el cura estaba aterrado, el personaje no tiembla ni duda; abre el sepulcro a la vez que se pregunta si el ruido lo causan las brujas, y alarga el brazo para coger la calavera para descubrir el nido de serpientes que se desanillan silbando, mientras el soldadito recién graduado casi se desmaya de horror.
Los budistas aseguran que hay dos tipos de miedos: el impropio y el apropiado. El impropio es el se siente por algo que no nos hará daño, y que nada ganamos sintiéndolo. Miedo a la vejez, por ejemplo. El apropiado es aquel que nos sirve para cambiar, para superarnos. El miedo a la muerte, puede hacer que dejemos de fumar.
En estos momentos atemorizantes que vive el país, me pregunto cuál de los miedos es el que tenemos los panameños. Con esa enfermedad que nos ronda, quisiera saber si nuestras autoridades tiemblan como el soldado, o meten la mano en el sepulcro oscuro para saber la verdad.
El reto que desde aquí les lanzo, es que se organice un debate nacional, con una duración de dos horas, sin interrupciones comerciales, que se transmita por una cadena nacional de radio y televisión, entre cinco representantes del NO y los cinco máximos representantes del SI (éstos pueden asistirse de todos los asesores, computadoras y equipos que quieran), el lunes 16, el martes 17, miércoles 18 o el jueves 19 de octubre, para brindarle al pueblo panameño una verdadera oportunidad de escuchar y ver los alegatos finales de ambas posiciones.
En las campañas presidenciales, ahora se considera obligado que el pueblo tenga la oportunidad de ver y oír, en vivo y en directo, a los candidatos que aspiran a gobernarlo. Un asunto de tanta envergadura e importancia para nuestro país, como es el proyecto de la ampliación que, según unos (el gobierno), puede transportarnos a la gloria y, según otros, puede llevarnos al fracaso, y que está demostrado que mantiene dividida a la nación panameña, bien merece de un debate similar.
Excusas como falta de tiempo u objeciones sobre su costo, aparte de pueriles serían absurdas. Si el gobierno y la ACP quieren, y no tienen miedo a esa confrontación, se puede hacer. Todo el país estaría pendiente y dudo mucho que algún medio se excuse de darle cobertura, pues sería un acto del más alto sentido patriótico.
Señores del gobierno y de la ACP: ¿Aceptan ustedes el reto?
Al final, se descubre que los extraños sonidos no son más que culebras que hacen cascabelear al esqueleto en su almohada de piedras.
El personaje que a mí me llama la atención en esta historia no es el soldado espantadizo, sino el cura que lo confesaría para que entrara en batalla libre de pecados, y quien fue el que resolvió el misterio.
El Prior de Brandeso aparece en la narración como un hombre decidido. Aunque Valle Inclán sugiere que el cura estaba aterrado, el personaje no tiembla ni duda; abre el sepulcro a la vez que se pregunta si el ruido lo causan las brujas, y alarga el brazo para coger la calavera para descubrir el nido de serpientes que se desanillan silbando, mientras el soldadito recién graduado casi se desmaya de horror.
Los budistas aseguran que hay dos tipos de miedos: el impropio y el apropiado. El impropio es el se siente por algo que no nos hará daño, y que nada ganamos sintiéndolo. Miedo a la vejez, por ejemplo. El apropiado es aquel que nos sirve para cambiar, para superarnos. El miedo a la muerte, puede hacer que dejemos de fumar.
En estos momentos atemorizantes que vive el país, me pregunto cuál de los miedos es el que tenemos los panameños. Con esa enfermedad que nos ronda, quisiera saber si nuestras autoridades tiemblan como el soldado, o meten la mano en el sepulcro oscuro para saber la verdad.
El reto que desde aquí les lanzo, es que se organice un debate nacional, con una duración de dos horas, sin interrupciones comerciales, que se transmita por una cadena nacional de radio y televisión, entre cinco representantes del NO y los cinco máximos representantes del SI (éstos pueden asistirse de todos los asesores, computadoras y equipos que quieran), el lunes 16, el martes 17, miércoles 18 o el jueves 19 de octubre, para brindarle al pueblo panameño una verdadera oportunidad de escuchar y ver los alegatos finales de ambas posiciones.
En las campañas presidenciales, ahora se considera obligado que el pueblo tenga la oportunidad de ver y oír, en vivo y en directo, a los candidatos que aspiran a gobernarlo. Un asunto de tanta envergadura e importancia para nuestro país, como es el proyecto de la ampliación que, según unos (el gobierno), puede transportarnos a la gloria y, según otros, puede llevarnos al fracaso, y que está demostrado que mantiene dividida a la nación panameña, bien merece de un debate similar.
Excusas como falta de tiempo u objeciones sobre su costo, aparte de pueriles serían absurdas. Si el gobierno y la ACP quieren, y no tienen miedo a esa confrontación, se puede hacer. Todo el país estaría pendiente y dudo mucho que algún medio se excuse de darle cobertura, pues sería un acto del más alto sentido patriótico.
Señores del gobierno y de la ACP: ¿Aceptan ustedes el reto?